En la Amazonía peruana, donde este recurso parece abundar, muchas comunidades aún enfrentan dificultades para su acceso en condiciones adecuadas o protegerlo de la contaminación. En este contexto, resulta clave la labor que realiza el Vicariato Apostólico de Iquitos en la defensa de los derechos de miles de personas. Para fortalecer este trabajo, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) firmó un convenio marco con dicha institución, que formaliza una relación de colaboración y asesoría orientada especialmente a las poblaciones más vulnerables.
Reportaje
Kurth Mendoza Gutiérrez
El Papa León XIV llegará el próximo 15 de noviembre a Pucallpa, Ucayali, en lo que será su primera visita a un territorio amazónico como parte de su Viaje Apostólico al Perú. A más de 500 kilómetros de esa región se encuentra Iquitos, capital de Loreto. Pese a la distancia que las separa, ambas ciudades y regiones comparten identidades, preocupaciones y grandes desafíos. Por ello, las palabras que el Santo Padre pronuncie en un lugar también resonarán —y sobre todo se sentirán — en el otro. Allí se encuentra el Vicariato Apostólico de Iquitos, jurisdicción de la Iglesia católica con la que la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP) acaba de suscribir un Convenio Marco de Cooperación. El acuerdo formaliza y fortalece una estrecha relación de colaboración que ambas instituciones mantienen desde hace varios años en beneficio de ese territorio.
El rector de la PUCP, Dr. Julio del Valle; y el obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos, monseñor Miguel Ángel Cadenas O.S.A., firmaron dicha alianza el 11 de septiembre, con el fin de establecer el marco general de colaboración recíproca entre ambas instituciones, con miras a la realización y profundización de actividades académicas conjuntas como la investigación, el desarrollo, el bienestar y la responsabilidad social, entre otros aspectos. El acto, que se realizó en la ciudad de Iquitos, fue acompañado por el secretario general de la Universidad, Dr. Roberto Reynoso; y el director académico de Relaciones con la Iglesia, reverendo padre Fernando Roca S.J., así como por el reverendo padre Miguel Fuertes O.S.A. y por Bárbara Fraser, coordinadora de la Vicaría del Agua.
Una región con muchas carencias
Un poco de contexto, primero. El Vicariato de Iquitos se extiende sobre el territorio de la región de Loreto, en la selva nororiental del Perú, con un área de 100,000 kilómetros cuadrados. Abarca las provincias de Loreto y Maynas, y atiende pastoralmente a una población de casi 758 mil habitantes. Este territorio, como casi toda la Amazonía peruana, presenta grandes problemas en los campos de la salud, la economía, la educación y la alimentación.
Loreto es la segunda región más pobre del país, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). El informe de Pobreza Monetaria en el Perú del año 2025, elaborado por esta institución, señala que 4 de cada 10 loretanos no logran cubrir los gastos de la canasta básica de consumo, conformada por alimentos, y otros bienes y servicios.
De acuerdo con el INEI, Loreto (45.6%) es una de las regiones que tienen la proporción más alta de anemia. Es decir, casi la mitad de los niños pequeños de Loreto tiene anemia. Asimismo, esta región (20.8%) registra la tasa más alta de desnutrición crónica en menores de cinco años, por encima de Huancavelica (20.3%) y Ucayali (18.1%), frente al 12.1% a nivel nacional.
En educación, el panorama también es alarmante. En la Encuesta Nacional de Logros de Aprendizaje 2025 del Ministerio de Educación, Loreto obtuvo el resultado más bajo del país en Matemática entre los estudiantes de cuarto grado de primaria: apenas 6 de cada 100 alcanzaron el nivel satisfactorio, mientras que el promedio nacional fue de 30. En Lectura, la situación tampoco es alentadora, pues solo 12 de cada 100 escolares lograron los aprendizajes esperados para su grado.
Para monseñor Miguel Ángel Cadenas O.S.A., obispo del Vicariato de Iquitos y religioso agustino con más de tres décadas en el Perú, esta situación no es reciente. “Llevo ya 33 años en Perú, antes por el río Marañón y ahora en la ciudad de Iquitos, y la situación no ha cambiado”, sostiene. Él ensaya una explicación de este abandono de la selva. “Creo que se debe al número de habitantes que existe. Eso significa que hay pocos electores. No quiero decir que esté despoblada porque eso no es cierto. Pero la densidad de población es diferente a otros espacios del Perú. Si hay pocos votantes, significa que después hay poca posibilidad de incidir en la política nacional y entonces se nos imponen políticas desde fuera que no consideran la particularidad de la selva”, argumenta.
La complejidad de los problemas en Iquitos se ve en diversas dimensiones: desde una enfermedad curable y no atendida, pasando por la construcción de carreteras que, en lugar de “conectar”, dividen los ecosistemas, hasta el asesinato de defensores ambientales. “Aquí la desigualdad es brutal. Se sigue viendo a la selva como un espacio de extracción de recursos naturales. No hay presencia del Estado y, por lo tanto, la criminalidad avanza. Vemos muchas amenazas a defensores ambientales debido al aumento de la minería ilegal, incluso en espacios que ya han sido fuertemente impactados por la actividad petrolera”, sostiene monseñor Cadenas.
Aquí la desigualdad es brutal. Se sigue viendo a la selva como un espacio de extracción de recursos naturales. No hay presencia del Estado y, por lo tanto, la criminalidad avanza. Vemos muchas amenazas a defensores ambientales debido al aumento de la minería ilegal, incluso en espacios que ya han sido fuertemente impactados por la actividad petrolera”.
El progreso de un territorio normalmente se asocia con la interconexión de zonas a través de la construcción de carreteras. Eso puede cambiar radicalmente en la selva. “Cuando se hacen carreteras, se habla de conectividad. Pero nos han robado esa palabra porque lo que hacen en realidad es desconectar los ecosistemas y, por lo tanto, no hay interacción de unos con otros. Esto es particularmente grave. Si en las próximas décadas continuamos con esta dinámica, pues probablemente van a colapsar los ‘ríos voladores’ [flujo masivo de vapor de agua que se transporta por la atmósfera, formando una especie de ‘río’ invisible en el aire]. Si eso sucede, el flujo de lluvias va a ser diferente en América Latina. Impactar estos territorios de la Amazonía significa que va a haber un cambio en el planeta”, esgrime el obispo.
Hay zonas donde los ciudadanos viven sin agua potable, lugares donde no hay otro remedio que consumir agua contaminada.
Asimismo, la construcción de una vía no necesariamente significa más desarrollo; muchas veces, es todo lo contrario. “Hoy sabemos que las carreteras son utilizadas precisamente por las economías criminales, pero yo iría un poco más allá: primero se construye la infraestructura y después vienen las economías criminales. Da la sensación de que el Estado está permeado también por estas y pone la infraestructura al servicio de ellas”, asevera monseñor Cadenas.
Lo cierto es que toda la problemática de Iquitos se asocia con un crecimiento desordenado y sin planificación. La expansión urbana se ha producido a costa de rellenar las quebradas que había. La consecuencia es que cuando llueve, todo se vuelve a inundar. Mientras la ciudad mantiene servicios básicos en condiciones relativamente normales, la periferia es la otra cara de la moneda. Hay zonas donde los ciudadanos viven sin agua potable, lugares donde no hay otro remedio que consumir agua contaminada. En estos lugares, casi todos se han acostumbrado a vivir en esas condiciones porque comprar agua es demasiado caro o, incluso, porque el agua que se adquiere no es apta para el consumo humano.
No hay capacidad de consumo de agua limpia
Se suele describir a Iquitos casi como una isla fluvial, es decir, prácticamente rodeada de agua. Lo cierto es que está cercada por tres ríos: el Amazonas, el Nanay y el Itaya. Las únicas vías de interconexión con el resto del Perú son la fluvial y la aérea. No es posible hablar de carreteras. Todo llega a través de los ríos: alimentos, medicinas, equipamiento, tecnología. Ese medio de transporte hace que las cosas sean tan caras como en las grandes capitales del país.
Como expresa Moisés Porras Ramírez, magíster en Arquitectura, Urbanismo y Desarrollo Territorial Sostenible por la PUCP y docente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, en la publicación La Ruta del Agua, elaborada por encargo del Vicariato de Iquitos, “habitar la cuenca significa adaptarse a las pulsaciones estacionales de sus ríos. [Por eso, algunas] mantuvieron relaciones sagradas con el agua como matriz del territorio y comparten el conocimiento. Reconocen a los ríos, cochas y quebradas como la red de lazos relacionales entre humanos y no humanos desde donde se cuida el territorio”. No obstante, el especialista reconoce que, con el paso de los siglos, esa relación se ha distorsionado. “El modelo urbano colonial instaurado en la época del caucho y reforzado durante el boom petrolero quebró este tejido hídrico, sepultándolo bajo una ciudad compacta y sin poros. Esta rigidez convirtió los cuerpos de agua en receptores de desagüe, forzando rellenos y levantamientos de rasante que provocan inundaciones crónicas en las periferias. Hoy, la minería ilegal y la contaminación por mercurio en el río Nanay agudizan el colapso de la metrópoli de Iquitos, volviendo urgente una planificación urbana amazónica y ribereña”, sostiene Porras.
Así, el agua de los ríos también es determinante cuando se habla de su consumo humano y su correcto saneamiento. La realidad es paradójica: más del 60% de la población carece de acceso continuo a agua segura, a pesar de estar rodeada de ríos. “Iquitos no tiene ninguna planta de tratamiento de aguas servidas en funcionamiento. Por eso, todas las aguas residuales de la ciudad se van a los ríos. La Defensoría del Pueblo sostiene que solo la mitad de la población de Loreto tiene una conexión a una red municipal. Y el INEI asegura que en esta región el 93.5% de la población no tiene acceso a agua segura para tomar”, indica Bárbara Fraser, responsable de la Vicaría del Agua del Vicariato.
Lo más preocupante es que los ciudadanos de Iquitos ya se han acostumbrado a consumir agua contaminada por necesidad. “Muchas personas consumen agua de fuentes contaminadas. Eso se ha normalizado. También es parte del problema vivir muy cerca de fuentes residuales de agua. Las personas que viven en esas condiciones piensan que no hay otras formas de vivir y no logran aceptar que tienen derecho a vivir en un ambiente sano. Es un derecho constitucional, además de un derecho del Creador”, enfatiza Fraser.
La Vicaría del Agua y su lucha por los derechos
La Vicaría del Agua, área pastoral del Vicariato Apostólico de Iquitos dedicada a la defensa del agua como derecho humano y bien común, inició sus actividades de manera oficial en el año 2025, pero desde hace más de una década acompaña a asentamientos humanos que durante años soportaron el vertimiento de aguas servidas en canales abiertos junto a sus casas, que se desbordaban en la época de creciente de los ríos.
Este espacio actualmente acompaña tres procesos de defensa de derechos en torno al agua: el de los asentamientos humanos de Punchana, el de las comunidades afectadas por el derrame de petróleo en Cuninico y el de las mujeres kukama que lograron que el río Marañón fuera reconocido como sujeto de derechos.
Punchana: de los barrios al Tribunal Constitucional
En el distrito de Punchana, en Iquitos, los dirigentes de dos asentamientos humanos llevan años exigiendo que se cumpla su derecho al agua. Su caso llegó hasta el Tribunal Constitucional, que ordenó instalar una mesa técnica para atender el problema. Esa mesa está en pleno funcionamiento.
La Vicaría del Agua ha reforzado su acompañamiento a estas comunidades. Desde hace tres años cuenta con la asesoría del docente de la Facultad de Derecho Alberto Cairampoma y de su par en la Facultad de Ciencias Sociales Deborah Delgado, quienes se han reunido con actores clave en Iquitos y Lima para identificar prioridades de incidencia. El equipo de la Vicaría, además, visita cada semana los barrios afectados de la zona y acompaña a sus dirigentes tanto en las audiencias judiciales como en las reuniones que mantienen con gobiernos subnacionales y la Defensoría del Pueblo.
Cairapoma, quien es especialista en normativa nacional de agua y saneamiento, le explica a PuntoEdu que el respaldo que brinda la Universidad a esta problemática es necesario. Asimismo, comenta: “Se trata de comunidades que viven en una situación sumamente precaria. No tienen agua potable, ni alcantarillado. La basura está por todos lados. La situación es tan grave que incluso ha llegado a contarse en el diario español El País”.
El abogado fue convocado inicialmente para revisar una sentencia que, según entendían los dirigentes, les daba la razón después de seis años de litigio con el Estado. Sin embargo, al analizarla, advirtió que llevar lo dispuesto en el papel a la práctica era mucho más complejo. Es decir, no era lo que ellos pensaban. “Les expliqué que no era tan sencillo ejecutar la sentencia y lograr que se les otorgara el servicio de agua. La empresa encargada no cuenta con los recursos financieros ni técnicos suficientes y, además, la geografía de Iquitos, con terrenos pantanosos, encarece el proceso. Por más que el Tribunal Constitucional lo disponga, en la práctica es muy complicado”, señala.
Desde entonces, el acompañamiento de la PUCP también se ha traducido en contar con ambos docentes como consultores técnicos en la mesa técnica donde se discute el tema. “Aún no se logra el objetivo, se está planteando el problema de a pocos, pero ahí seguiremos tratando de hacer que la empresa cumpla. La doctora Deborah Delgado, por su parte, viene estudiando el problema con la Universidad de Nueva York mientras hace su doctorado. Vamos a continuar”, nos dice.
Cuninico: una sentencia ganada que no se cumple
En 2014, un derrame de petróleo afectó a cuatro comunidades del río Marañón en la zona de Cuninico. Más de una década después, sus pobladores siguen esperando una reparación completa.
La Vicaría del Agua acompaña a los dirigentes de estas comunidades en sus reuniones con autoridades subnacionales, donde evalúan los avances en la atención de los daños. También los acompañó en una audiencia virtual de control de la sentencia sobre el acceso al agua potable.
Las comunidades ganaron en última instancia el proceso judicial por la compensación. Sin embargo, la empresa estatal Petroperú ha informado que no puede pagar porque se encuentra en quiebra. Esta respuesta ha causado malestar y desconfianza en las comunidades, que después de años de litigio ven que una victoria judicial no garantiza justicia.
Marañón: el río que tiene derechos
En marzo de 2024, una sentencia histórica reconoció al río Marañón y a sus afluentes como titulares de derechos. Detrás de ese fallo estuvo la Federación de Mujeres Kukama Huaynakana Kamatahuara Kana y su presidenta, Mari Luz Canaquiri.
El 21 de abril de 2025, Canaquiri recibió el Premio Ambiental Goldman, uno de los reconocimientos más importantes del mundo para defensores del ambiente, por su trabajo en defensa del Marañón. Para la Vicaría del Agua, que acompaña el proceso, el premio fue motivo de alegría y un reconocimiento a años de lucha de las mujeres kukama.
Esta área sigue trabajando para que la sentencia no quede en el papel. La difunde en talleres de formación con agentes pastorales y participa en reuniones con otras organizaciones para elaborar estrategias de incidencia que aseguren su cumplimiento.
Asimismo, la Vicaría combina el acompañamiento legal con un programa amplio de formación. Este llega a niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Su mensaje central se repite en todos los espacios: el agua es el más fundamental de los derechos humanos, sus fuentes deben cuidarse y los ecosistemas amazónicos están interconectados, de modo que la biodiversidad depende de ellos. La metodología es casi siempre lúdica, participativa y práctica. Hay recorridos por huertos, salidas de campo, proyectos diseñados por los propios participantes y certificaciones que convierten a los formados en formadores.

La Cumbre del Agua y la gran oportunidad de la incidencia pública
Otra de las iniciativas más resaltantes organizadas por la Vicaría fue la Cumbre Amazónica del Agua. Unas 400 personas de 13 países se reunieron en Iquitos del 1 al 3 de octubre de 2025 en este evento. Compartieron experiencias y estrategias para defender las fuentes de agua de la región. Participaron cardenales, obispos, agentes pastorales, académicos y representantes de comunidades campesinas, indígenas y quilombolas. Entre ellos estuvieron los cardenales Pedro Barreto S.J., arzobispo emérito de Huancayo; y Carlos Castillo, arzobispo de Lima y Gran Canciller de la PUCP; obispos de Perú y Ecuador, y tres miembros del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral del Vaticano. El obispo Adalberto Jiménez, de Aguarico (Ecuador), llegó con una delegación tras un viaje de tres días por río.
El encuentro fue organizado por el Vicariato Apostólico de Iquitos junto con el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), la Red Eclesial Panamazónica (Repam), la Conferencia Eclesial de la Amazonía (Ceama), el Departamento de Teología de la PUCP y otras instituciones eclesiales con apoyo de entidades internacionales. Tuvo tres objetivos: visibilizar el papel del agua en los ecosistemas amazónicos; reflexionar sobre la respuesta social, política y eclesial ante su crisis; y promover una cultura de protección y recuperación de las fuentes de agua, sobre todo en las ciudades amazónicas.
Uno de los momentos más impactantes del encuentro fue escuchar el testimonio de la comunidad de Vista Alegre, en el río Tigre. Allí casi todos los niños murieron en los años 80, en un hecho que los pobladores atribuyen a los constantes derrames de petróleo. El caso fue comentado por Pedro Arrojo, relator especial de la ONU sobre agua potable y saneamiento, quien también se reunió con los participantes antes del evento. La agenda incluyó además 13 talleres en 8 sedes, entre ellas la estación científica del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), así como una feria de experiencias y trabajo en grupos. La cumbre cerró con una declaración final.
El Vicariato de Puerto Maldonado se ofreció a organizar la próxima edición, prevista tentativamente para 2027. Tras la cumbre se lanzaron dos procesos de seguimiento. Uno busca dar continuidad a sus conclusiones, y está liderado por la Ceama y la Repam. El otro reúne información para un informe del relator Arrojo sobre la situación del agua en la Amazonía.
El compromiso de la PUCP con la Amazonía
El convenio marco de colaboración firmado por la PUCP tiene por finalidad apoyar al Vicariato en la defensa de los derechos de la población con relación al uso del agua, su óptimo consumo y un saneamiento adecuado, a través del acompañamiento técnico, intercambio de contactos, desarrollo de proyectos de investigación, asesoría en temas de desarrollo sostenible y actividades de formación, además de un apoyo especial a la Biblioteca Amazónica.
Vamos a colaborar en proyectos de defensa del uso del agua, defensa de los derechos de los pueblos amazónicos, y también en la posibilidad de colaborar en la formación de buenos maestros y maestras”.
Para el rector de la Universidad, doctor Julio del Valle, la firma de este convenio refleja el verdadero compromiso que tiene la PUCP con los territorios amazónicos. “El tema es importante para la Pontificia Universidad Católica del Perú no solamente por nuestra relación con la Iglesia, sino por ese compromiso con la Amazonía. Vamos a colaborar en proyectos de defensa del uso del agua, defensa de los derechos de los pueblos amazónicos, y también en la posibilidad de colaborar en la formación de buenos maestros y maestras para poder resaltar los valores de la Amazonía. Este es el pulmón del planeta y estamos comprometidos con ellos completamente”, asevera Del Valle.
Por su parte, el padre Fernando Roca S.J., director académico de Relaciones con la Iglesia, sostiene que el convenio formaliza una relación sostenida desde hace varios años entre la Universidad y el Vicariato de Iquitos. “Estamos trabajando en temas de desarrollo, educación, agua, tan importante para la Amazonía, y varios otros aspectos más. Esperamos que con este convenio podamos seguir consolidando nuestro aporte, y también desde el modelo establecido con el Vicariato de Iquitos podamos ir poco a poco consolidando el apoyo a otros vicariatos de la Amazonía y a otras regiones eclesiásticas del Perú, como que es lo que corresponde a una universidad pontificia y católica como la PUCP”, asegura.
Tenemos una relación muy bonita y generosa con la Universidad, sobre todo porque son personas que comparten los valores de la doctrina social de la Iglesia. Compartimos la visión que tenía el Papa Francisco y que hoy continúa el Papa León XIV sobre la importancia del agua, de cuidar y sentirnos parte de la creación”.
Para Bárbara Fraser, contar con un convenio con una universidad como la PUCP brinda enormes oportunidades al Vicariato, como disponer de profesores y especialistas de diversas disciplinas a quienes se les puede consultar sobre temas muy sensibles, así como recibir a estudiantes de pregrado y posgrado que pueden compartir su visión académica de la Amazonía.
“Al Vicariato han llegado profesores y estudiantes de la PUCP que han podido recabar información que nos ha servido mucho, incluso para las audiencias judiciales. Nosotros llamamos a algunos docentes y les pedimos información precisa y muy técnica sobre normativa y procedimientos legales del agua y saneamiento, y también de aspectos teológicos y espirituales, y siempre nos responden de manera muy clara y oportuna”, expresa Fraser. También resalta la experiencia del personal académico de la Universidad. “Los docentes de la PUCP tienen contactos nacionales e internacionales, conocimientos y una manera de pensar desde una visión más amplia de la que tenemos nosotros aquí”, complementa. Además, asegura que el Vicariato puede organizar modos de acercamiento para proyectos de investigación. “A pedido de los profesores, desde este territorio hemos reunido a personas y comunidades que tienen preocupaciones legales y culturales”, afirma.
Esperamos que con este convenio podamos seguir consolidando nuestro aporte, y también desde el modelo establecido con el Vicariato de Iquitos podamos ir poco a poco consolidando el apoyo a otros vicariatos de la Amazonía y a otras regiones eclesiásticas del Perú, que es lo que corresponde a una universidad pontificia y católica como la PUCP”.
Esta alianza con el Vicariato de Iquitos tiene ya planes y expectativas para el futuro. “Tenemos una relación muy bonita y generosa con la Universidad, sobre todo porque son personas que comparten los valores de la doctrina social de la Iglesia. Compartimos la visión que tenía el Papa Francisco y que hoy continúa el Papa León XIV sobre la importancia del agua, de cuidar y sentirnos parte de la creación. Ahora estamos elaborando proyectos para más adelante también con la Red Peruana de Universidades, y tenemos en mente crear un observatorio del agua para que la gente misma pueda monitorear sus propios ecosistemas usando formas tradicionales y combinándolas con la ciencia occidental. Lo que sabemos es que el trabajo no lo podemos hacer solos. Estas sinergias son muy importantes. Monseñor Cadenas siempre nos recuerda que no es tarea de la Iglesia reemplazar al Estado, tampoco proporcionar agua. Lo que sí podemos hacer es acompañar y capacitar a las comunidades en agua, salud y saneamiento con el objetivo de hacer incidencia pública”, reflexiona Fraser.
Los desafíos no terminan: el fenómeno El Niño en la selva
La debida atención a la gestión, producción y distribución del agua potable, así como la recolección y tratamiento de las aguas residuales en Iquitos constituye un reto muy grande porque los beneficiarios son los ciudadanos, sobre todo en un contexto de cambio climático que en los últimos años ha provocado situaciones que han afectado a miles de personas. En el último cuatrimestre del año ya se van sintiendo las señales del fenómeno El Niño costero, con una probabilidad del 85% de alcanzar una magnitud extraordinaria, según la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN). Actualmente, en Iquitos se alcanza una temperatura máxima de 33.5 °C y el promedio es de 28 °C, según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI). Esas temperaturas irán subiendo conforme nos acerquemos a diciembre y enero de 2027, y la primera consecuencia en el territorio amazónico es la sequía.
En el último cuatrimestre del año ya se van sintiendo las señales del fenómeno El Niño costero, con una probabilidad del 85% de alcanzar una magnitud extraordinaria.
Se ha hablado mucho en los últimos meses sobre las consecuencias de El Niño en la costa, pero muy poco sobre lo que ocurrirá en la selva. “Es muy posible que en el resto del año se produzca una sequía muy grande, ocasionando serios problemas de desabastecimiento de alimentos en una ciudad de más de 700 mil habitantes. También se prevé que la ‘creciente’ [temporada en que los ríos suben de nivel e inundan grandes extensiones de bosque y tierras bajas] será muy grande. Siempre hay ‘crecientes’ y ‘vaciantes’ [temporada en que los ríos bajan de nivel después de la creciente], pero cada vez son más intensas y se dan en menores tiempos que antes. No estamos preparados. El Estado aún no está trabajando en eso”, sostiene monseñor Cadenas.
La selva ya no puede esperar: el Estado tiene una deuda enorme con este territorio y su gente. En un país donde abundan los diagnósticos, urge tomar acciones concretas que permitan tener esperanza en medio de las dificultades que atentan contra la vida y la naturaleza. “Yo creo que cada vez hay más estudios que indican hacia dónde tenemos que dirigirnos, pero la clase política es ciega a este tipo de investigaciones y continúa con dinámicas extractivistas, que lo que hacen es erosionar más la situación ambiental y social de la Amazonía. Los políticos no están respondiendo a los retos que tenemos. Yo les pido, en primer lugar, que conozcan el territorio para poder intervenir. En Loreto, tenemos los peores niveles en educación, los peores niveles en salud, los peores niveles de pobreza monetaria, los mayores niveles de anemia. Esto hay que empezar a resolverlo por algún punto y poco a poco. Yo no pido que el próximo año esté todo, pero llevo 33 años en Loreto y siempre estamos en los últimos puestos. Esto no puede seguir así”, finaliza el obispo de Iquitos. Vaya que sabe de lo que habla.
Créditos
Investigación y redacción:
Kurth Mendoza Gutiérrez
Periodista, magíster en Ciencia Política y Gobierno, y coordinador de la Dirección Académica de Relaciones con la Iglesia
Fotografía:
Vicariato de Iquitos
Barbara Fraser
Achim Pohl
Leonardo Muñoz
Edición general:
Gabriela Machuca Castillo
Edición de fotografía:
Sulsba Yépez
Diseño web:
Solange Avila






Deja un comentario