Opinión

Pospandemia: la necesidad de un nuevo contrato social en el uso de los espacios públicos

Pablo Vega Centeno

Pablo Vega Centeno

Urbanista y docente del Departamento de Arquitectura

El confinamiento al que está sometido gran parte de la población a nivel mundial, como prevención frente a la expansión de la enfermedad COVID-19, y las medidas de distancia social que probablemente nos acompañen durante largos meses –o quizás años– invitan a preguntarse cuál será nuestra vida cotidiana pospandemia. Nos vamos a encontrar frente a una disyuntiva en donde tendremos que decidir entre un individualismo extremo o un replanteamiento de la manera de entender nuestras interacciones cotidianas.

El sociólogo Richard Sennett en un libro reciente nos recuerda que, para el gran pensador Alexis de Tocqueville, el resultado del individualismo es que “cada persona, vuelta sobre sí misma, se comporta como si fuera extraña al destino de todos los demás. Sus hijos y sus buenos amigos constituyen para ella la totalidad de la especie humana (….) Y si sobre esta base queda en su mente algún sentido de familia, no queda en cambio nada del sentido de sociedad”.

Nos vamos a encontrar frente a una disyuntiva en donde tendremos que decidir entre un individualismo extremo o un replanteamiento de la manera de entender nuestras interacciones cotidianas».

Un individualismo extremo supone exacerbar lógicas de ensimismamiento, donde en nombre, esta vez, de la salud se justifiquen exclusiones sociales en el espacio público, se multipliquen los ambientes cerrados y demandemos mayor uso de automóviles en tanto los veamos como cápsula ideal de aislamiento mientras nos desplazamos. Esta alternativa, lamentablemente posible, quiebra lo que Tocqueville recuerda como el sentido de sociedad. Así se expresa en espacios públicos abandonados o privatizados, donde se hace inevitable la violencia urbana como un hecho cotidiano generalizado en el que todos aspirarán a imponer sus intereses personales aunque con desigualdad de condiciones y oportunidades.

La otra alternativa es la afirmación de la vida en común, pero queda claro que esta no será posible en los términos anteriores a la pandemia generada por la COVID-19. El uso de mascarillas, evitar los tumultos o lavarse constantemente las manos con jabón formarán parte de nuevos hábitos cotidianos. Pero lo más importante será reflexionar sobre cómo entendemos y asumimos estas prácticas. Si esperamos vivir armónicamente en sociedad, es fundamental que logremos interiorizar que estas acciones no las hacemos por nosotros sino principalmente por los otros.

El uso de mascarillas, evitar los tumultos o lavarse constantemente las manos con jabón formarán parte de nuevos hábitos cotidianos. Si esperamos vivir armónicamente en sociedad, es fundamental que logremos interiorizar que estas acciones no las hacemos por nosotros sino principalmente por los otros».

En un artículo reciente, el filósofo coreano Byung-Chul Han nos recuerda que los países asiáticos están demostrando un mejor control de la epidemia y, entre otros factores explicativos, recuerda que en Asia impera el colectivismo, donde el uso de mascarillas ya era habitual para evitar contaminar a otros mucho antes de la COVID-19.

Al entramado de calles, parques o plazas que tejen las ciudades saldremos luego del confinamiento social. Será indispensable que, como parte de las medidas sanitarias, los gobiernos locales destinen una fracción de su presupuesto en mejorar y ampliar estos espacios públicos a fin de evitar aglomeraciones, priorizando las poblaciones más vulnerables.

Será indispensable que, como parte de las medidas sanitarias, los gobiernos locales destinen una fracción de su presupuesto en mejorar y ampliar estos espacios públicos a fin de evitar aglomeraciones, priorizando las poblaciones más vulnerables».

Se abre la posibilidad de construir un nuevo contrato social, en donde no solo defendamos la libertad de la individualidad sino donde prestemos mayor atención a nuestro sentido de sociedad, que implica respetar a ese otro anónimo, que es tan ciudadano como nosotros, sin importar condición social, origen, género o edad. El futuro evidenciará qué camino hemos elegido como ciudad y como sociedad.