Las Elecciones Generales de este año, cuya primera vuelta es hoy materia de una enconada discusión, tienen un significado particular. Después de cinco años de inestabilidad y de sostenida destrucción de la democracia, estas se alzaban como una oportunidad para una regeneración cívica y política. Las posibilidades de que ello sucediera eran reducidas, sí. El poder dominante en el Congreso se había asegurado, mediante una serie de imposiciones, de que el proceso fuera lo más caótico posible. Se buscó fragmentar al máximo las propuestas democráticas y anticorrupción, cometido que fue conseguido. Así lo evidenciaron la presentación de 36 candidaturas presidenciales. Los resultados de la primera vuelta, si bien no definitivos, también lo confirman.
Este espacio ha sido concebido como un llamado a reconocer que la supervivencia de la democracia está en juego. Asimismo a preguntarse de qué manera sería posible evitar un hundimiento más profundo en el autoritarismo —y en sus nexos con la corrupción y el crimen organizado—, escenario que ha prevalecido en el último lustro».
Este contexto refuerza la importancia de la reflexión que el Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la PUCP (IDEHPUCP) propone para su XXI Encuentro de Derechos Humanos, el cual irá del 4 al 7 de mayo en el auditorio de Humanidades PUCP. Este espacio ha sido concebido como un llamado a reconocer que la supervivencia de la democracia está en juego. Asimismo a preguntarse de qué manera sería posible evitar un hundimiento más profundo en el autoritarismo —y en sus nexos con la corrupción y el crimen organizado—, escenario que ha prevalecido en el último lustro.
Con el título de «Recuperar la democracia. La urgencia del Estado de derecho», el encuentro de este año se desarrollará en tres ejes. El primero es “¿Qué democracia estamos habitando?” y propone tomar una medida realista, o incluso descarnada, de la situación presente. En este se tratarán de analizar las diversas formas de desmantelamiento del Estado de derecho y la institucionalidad democrática producidas por el Congreso con la anuencia o complicidad del Poder Ejecutivo. Además, este tópico revelará qué nos dicen los resultados de la primera vuelta en términos de una reacción democrática —o ausencia de ella— frente a este panorama.
El segundo eje, “La esfera pública en crisis”, constituye un acercamiento a las transformaciones sociales que se conjugan con esa descomposición o que, eventualmente, podrían servir para revertirla. Es imprescindible, en este punto, observar los cambios en el discurso público marcados por la proliferación de la desinformación y los discursos de odio, todo ello amplificado, o de hecho posibilitado, por la imparable revolución tecnológica de los canales de comunicación. Las redes sociales en plataformas digitales son el carril por donde circulan las mentiras oficiales o masivas y la polarización. ¿Será posible hallar en ellas, también, un antídoto contra esas tendencias?
Finalmente, está el tercer eje nombrado “Ciudadanías en movimiento y prospectiva democrática”. Si es imprescindible reconocer la magnitud de la crisis, también lo es detectar los medios que tiene la sociedad para hacerle frente. Por ello, se hará aquí una reflexión sobre los sentidos de la movilización social, y sobre cómo la defensa de los derechos humanos es un ideal y, a la vez, un recurso para la recuperación política del país.
Se invita, pues, a toda la comunidad universitaria a reconocer sin evasiones lo que está verdaderamente en juego en este periodo electoral.



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