Opinión

Carta a las niñas: “No tengas miedo, el mundo es enorme y es tuyo, ve por él”

Eliana Esparza

Eliana Esparza

Química e investigadora asociada al Laboratorio de Bioanalítica - Grupo de Biogeociencias, INTE-PUCP

11 de febrero. Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Las necesitamos, necesitamos esa curiosidad, ese ánimo y esa creatividad. Necesitamos más niñas, más mujeres, más científicas».

Generalmente, no es fácil ser mujer. Ser mujer y hacer ciencia puede ser aún más difícil. Muchas niñas desarrollan una gran creatividad y curiosidad por el mundo. Su capacidad para comprender matemáticas y resolver problemas no es menor que la de sus pares, sin embargo, se les hace creer que ese tipo de habilidades no son para niñas, que “una niña científica no es cool”, que “nadie se va a enamorar de una adolescente marciana” o que “a los chicos no les gustan las chicas que saben más que ellos”. Existe una cosificación de la mujer y de la niña que la reduce al objeto de deseo y no a lo que ella apunta como persona. El caso de Hedy Lamarr es un ejemplo, la “mujer más hermosa de Hollywood” no fue solo la personificación de la belleza femenina sino una mente brillante escondida bajo la imagen de diva. Su invento para las comunicaciones secretas por medio de ondas de radio que saltaban de frecuencia de manera sincronizada representó, en tiempo de guerra, una ventaja significativa frente al enemigo, además de ser el antepasado de los actuales controles remotos y comunicaciones inalámbricas.

La contribución de la mujer a la ciencia ha sido, por años, invisibilizada, opacada, ignorada o usurpada por un mundo entramado de figuras masculinas que pocas veces ha dejado espacio para el crecimiento de la mujer».

Muchas niñas dejan sus intereses porque la sociedad las condiciona a seguir parámetros sociales que no implican el desarrollo de sus capacidades matemáticas y científicas. Otras, sin embargo, se sobreponen a ese universo contrario y saltan la valla. Para todas esas atrevidas que pavimentaron el mundo que hoy pisamos, la vida no fue fácil y, muchas veces, el reconocimiento fue escaso o esquivo. La contribución de la mujer a la ciencia ha sido, por años, invisibilizada, opacada, ignorada o usurpada por un mundo entramado de figuras masculinas que pocas veces han dejado espacio para el crecimiento de la mujer sin hacer burla de sus capacidades científicas. La historia ha olvidado nombres importantes hasta el siglo XX, cuando Marie Skłodowska –más conocida como Marie Curie– se sentó en la mesa de los grandes físicos del momento, y dejó en claro que las mujeres tenemos la capacidad y el impulso para vencer las barreras impuestas por esa historia escrita por hombres. La primera persona en recibir dos premios Nobel en dos áreas distintas de la ciencia fue ella y con ese certificado de nacimiento abrió las puertas del reino a todas las que venimos detrás caminando su senda, capaces de ver tan lejos como podamos, porque también estamos a hombros de gigantes.

En 2020, el premio Nobel de Química lo recibieron dos mujeres y una más en Física. Ya no hay límites ni barreras».

En 2020, el premio Nobel de Química lo recibieron dos mujeres y una más en Física. Ya no hay límites ni barreras. Las únicas barreras que persisten son las que se imponen a las niñas cuando se les pregunta: “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”. Ese es el momento clave, el momento en el que hay que decirles: “No tengas miedo, el mundo es enorme y es tuyo, ve por él”. Las necesitamos, necesitamos esa curiosidad, ese ánimo y esa creatividad. Necesitamos más niñas, más mujeres, más científicas.