Opinión

Comunidades de aprendizaje: educación a distancia de calidad

Alberto Patiño

Alberto Patiño

Docente del Departamento de Educación y experto en educación a distancia

La educación a distancia (EAD) puede ofrecer procesos formativos de la más alta calidad. Así lo demuestran universidades a distancia, como la Open University, del Reino Unido, clasificada entre las mejores 50 de dicho lugar y que, en el 2012, fue elegida como la mejor en satisfacción por parte de los estudiantes; la IGNOU (Indira Gandhi Open University, de la India); la UNED y la UOC, ambas de España; y muchas otras en el mundo. Pero también universidades presenciales, como Harvard y el MIT, hace tiempo desarrollan con éxito procesos formativos masivos en entornos virtuales de aprendizaje.

La educación a distancia ofrece a las personas la oportunidad de formarse académica y profesionalmente, así como de aprender a lo largo de toda la vida».

Los conceptos de educación permanente, educación abierta y democratización de las oportunidades de educación han permitido, en muchos países, el desarrollo exitoso de la educación a distancia. Esta modalidad ofrece a las personas la oportunidad de formarse académica y profesionalmente, así como de aprender a lo largo de toda la vida.

Básicamente, la EAD clásica se caracteriza por:

  • Un vínculo profesor-estudiante, el cual es facilitado por una comunicación bidireccional sustentada en medios y materiales educativos, cuyo diseño permite la presencia del profesor en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El docente puede actuar directamente o a través de los materiales educativos.
  • Recursos para el aprendizaje (materiales educativos) que faciliten el aprendizaje autónomo. A diferencia de la modalidad presencial, en la educación a distancia, los materiales didácticos no son simples medios auxiliares, sino elementos fundamentales para el proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • Un alto grado de autonomía del estudiante. Así, este realiza la mayor parte de su aprendizaje por medio de materiales didácticos previamente preparados. El sistema, al estimular la iniciativa y la organización, favorece una independencia y autocontrol por parte de quien aprende.
  • La promoción de un aprendizaje flexible. Si bien se requiere que el estudiante logre los objetivos de aprendizaje que se han planteado previamente, dicho aprendizaje se efectúa a su propio ritmo. Como nos dice el maestro García Aretio, esta flexibilidad le permite seguir sus estudios sin los rígidos requisitos de espacio (¿dónde estudiar?), asistencia y tiempo (¿cuándo estudiar?), y ritmo (¿a qué velocidad aprender?), propios de la formación tradicional.
  • Un sistema de acompañamiento tutorial y docente. Debemos recordar que la tutoría en educación se concibió en sus orígenes para atender las características y diferencias personales de cada estudiante dentro de un sistema de educación colectivo. Esto tiene plena vigencia, tanto en la modalidad de educación presencial como a distancia. Contrario a lo que algunos piensan, el servicio de tutoría no fomenta la dependencia de los participantes. Todo lo contrario, según la teoría y nuestra propia experiencia, el mejor tutor es aquel que trabaja para que los estudiantes no lo necesiten, es quien propicia la autonomía a la que debe llegar todo estudiante a distancia.

Si bien se requiere que el estudiante logre los objetivos de aprendizaje que se han planteado previamente, dicho aprendizaje se efectúa a su propio ritmo».

En consecuencia, tenemos la obligación de ofrecer un servicio de calidad en el que, al lado de una organización eficiente y de unos materiales rigurosamente trabajados para facilitar el autoaprendizaje, el participante pueda encontrar el ambiente y las condiciones necesarias para una relación cálidamente humana que atienda sus necesidades, no solo intelectuales sino también afectivas.

Con la ubicuidad de los recursos para el aprendizaje, el acto de aprender se convierte en una experiencia más distribuida en el tiempo y en el espacio».

El paso de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento ha generado nuevas necesidades de aprendizaje en las personas, no solo la actualización de conocimientos a lo largo de toda la vida, sino también el desarrollo de nuevas competencias relacionadas con el cambio científico y tecnológico. Precisamente, uno de estos que está impactando en la manera de enseñar y de aprender es la computación ubicua, que facilita el acceso a los recursos para el aprendizaje en todo momento y en todo lugar.

Con la ubicuidad de los recursos para el aprendizaje, el acto de aprender se convierte en una experiencia más distribuida en el tiempo y en el espacio. Las computadoras portátiles y, en general los dispositivos móviles, se están convirtiendo paulatinamente en parte integral de nuestro aprendizaje, de nuestras relaciones sociales, de nuestro trabajo y, en general, de nuestra vida. Ya no es imprescindible estar sentado en un escritorio o ir a una cabina de Internet para estar comunicados con los más diversos sitios y personas remotas.

Uno de los cambios que está impactando en la manera de enseñar y de aprender es la computación ubicua, que facilita el acceso a los recursos para el aprendizaje en todo momento y en todo lugar».

Este fenómeno tiene básicamente dos dimensiones que confluyen: una es la llamada portabilidad, que se refiere al surgimiento y rápida expansión de los artefactos portátiles de comunicación personal que podemos llevar con nosotros todo el tiempo. La otra se refiere al aprovechamiento de diversas tecnologías de comunicación remota que permiten que hoy estemos comunicados en todo momento y en cualquier lugar.

Estas tecnologías están influyendo cada vez más en nuestra vida cotidiana. Una de las consecuencias es que podemos tener acceso a la información en el momento que la necesitemos. Podemos aprender conectándonos de manera remota a repositorios de recursos para el aprendizaje o interactuando, también de manera remota, con nuestros profesores, tutores o nuestros propios compañeros formando comunidades de aprendizaje.

Las comunidades virtuales de aprendizaje se conciben como grupos de participantes y docentes que, intercomunicándose y relacionándose por medios telemáticos, centran su acción en el desarrollo de actividades colaborativas y de apoyo mutuo en la construcción de aprendizajes significativos. Gracias al uso de las modernas tecnologías que permiten altos niveles de interactividad y trabajo colaborativo, todos –docentes y estudiantes– interactuamos multidireccionalmente y aprendemos de todos. En este sentido, las redes sociales son potencialmente ricas para generar comunidades de aprendizaje en las cuales todos aprendemos de todos de manera colaborativa.