El factor humano en tiempos de IA: reflexionamos sobre «Magnifica humanitas» desde distintas disciplinas

En el conversatorio “Proteger lo humano en tiempos de la inteligencia artificial: diálogo interdisciplinario sobre Magnifica humanitas”, especialistas de diversas carreras PUCP intercambiaron pareceres sobre la primera encíclica del Papa León XIV. El debate resaltó la importancia de poner la tecnología al servicio de la dignidad de las personas y el progreso de la sociedad.

Texto: Oscar García Meza
Fotos: John Reyes
12.06.2026

La inteligencia artificial está presente en la academia, la política, la economía, el trabajo y hasta en las decisiones que tomamos cada día. Consciente de este escenario, el Papa León XIV dedicó su primera encíclica, Magnifica humanitas, a reflexionar sobre las transformaciones que trae consigo esta tecnología. Desde la doctrina social de la Iglesia, el documento plantea una pregunta de fondo: ¿qué camino debemos seguir para custodiar lo humano en tiempos de algoritmos?

Para contribuir a esa reflexión, se organizó el conversatorio “Proteger lo humano en tiempos de la inteligencia artificial: diálogo interdisciplinario sobre Magnifica humanitas, realizado el 11 de junio en la Sala Raimundo Morales de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. El encuentro reunió a especialistas de distintas áreas del conocimiento para analizar los principales planteamientos de la encíclica y discutir sus implicancias para la sociedad contemporánea.

Como expositores se contó con la participación de la jefa (e) del Departamento Académico de Teología, Dra. Véronique Lecaros; la docente del Departamento Académico de Ingeniería y directora de la carrera de Ingeniería Biomédica, Dra. Sandra Pérez; el docente del Departamento Académico de Humanidades, Dr. Pablo Quintanilla; y el director del Instituto de Desarrollo Humano de América Latina (Idhal PUCP), Dr. Jhonatan Clausen. Asimismo, con la moderación del docente de Teología Mag. Juan Miguel Espinoza.

Durante una hora, los expositores dialogaron con estudiantes, docentes y autoridades, entre ellos los decanos Dr. Francisco Rumiche, de la Facultad de Ciencias e Ingeniería; la Dra. Claudia Rosas, de Estudios Generales Letras; la Dra. Marta Tostes, de Gestión y Alta Dirección; y el profesor del Departamento de Economía, Dr. Efraín González de Olarte. El evento fue organizado por el Departamento Académico de Teología, la Facultad de Ciencias e Ingeniería, la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, y el Idhal PUCP.

Construir el futuro con esperanza

Uno de los primeros temas abordados fue el simbolismo de dos relatos bíblicos presentes en la encíclica: la torre de Babel y la construcción de la muralla de Jerusalén. Para Lecaros, ambas historias representan dos formas opuestas. “La Torre de Babel es un reflejo de nuestro mundo actual, en el cual vemos, precisamente por la IA, una forma de uniformización y, a la vez, polarización. En cambio, la construcción de la muralla de Jerusalén responde al llamado de Dios, y se hace a través del aporte de todos, con esperanza y responsabilidad. Debemos construir juntos el futuro”, resaltó.

La reflexión sirvió para introducir uno de los mensajes centrales del documento: la necesidad de que el progreso tecnológico no sea el resultado de intereses individuales o lógicas de poder, sino de un esfuerzo colectivo orientado al bien común.

Tecnología al servicio de las personas

Lejos de plantear una oposición entre fe y ciencia, Magnifica humanitas reconoce el valor de la innovación tecnológica. El texto señala que “el humanismo cristiano no rechaza la ciencia ni la técnica, sino que las asume con gratitud y realismo, y las sitúa con los pies en la tierra”. Sin embargo, también advierte que la tecnología no es neutral, pues refleja las decisiones y valores de quienes la diseñan y financian.

Con la perspectiva de su área de conocimiento, Sandra Pérez recogió esta idea: “Desde las ciencias e ingeniería, estamos llamados y tenemos la responsabilidad de aportar a proteger a los débiles, aliviar el sufrimiento y apoyar a los pobres (…). Hay que preguntarnos si estamos buscando construir una tecnología que ayude a mejorar la situación de todos”. La cuestión resulta especialmente relevante en un contexto donde los avances tecnológicos se producen a gran velocidad y sus impactos alcanzan prácticamente a todos los ámbitos de la vida social.

La dignidad humana en el centro

Otro de los ejes de la encíclica es la defensa de la dignidad humana frente a los riesgos de una sociedad cada vez más automatizada. El documento recuerda que “el valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas”.

Las nuevas métricas del progreso de un país deben buscar tener una visión integral de lo humano y lo que implica su desarrollo, el cual es inseparable de su vínculo con la naturaleza. Y estos parámetros deben estar presentes en la universidad y en la opinión pública».

Dr. Jhonatan Clausen
Director del Instituto de Desarrollo Humano de América Latina (Idhal PUCP)

A partir de esta idea, el filósofo Pablo Quintanilla planteó una reflexión sobre los posibles efectos de ciertos desarrollos tecnológicos. “Debemos preguntarnos si estos podrían llegar a convertirnos en medios y no en fines. Es decir, darnos mayor dignidad o quitárnosla. Detrás de esta última puede estar la lógica del mercado, cuya consecuencia es convertirnos en engranajes para el funcionamiento de un gran sistema que reduce nuestra autonomía y capacidad crítica. Este es un peligro que debemos evitar”, dijo.

Más allá del crecimiento económico

La conversación también abordó la manera en que medimos el desarrollo de una sociedad. Según la encíclica, indicadores como el producto bruto interno (PBI) son insuficientes para evaluar el progreso humano. Por ello, el Papa León XIV propone incorporar criterios complementarios relacionados con la dignidad del trabajo, la reducción de las desigualdades y el cuidado del medio ambiente.

Recogiendo esta propuesta, Jhonatan Clausen mencionó: “Las nuevas métricas del progreso de un país deben buscar tener una visión integral de lo humano y lo que implica su desarrollo, el cual es inseparable de su vínculo con la naturaleza. Y estos parámetros deben estar presentes en la universidad y en la opinión pública. Esa es la única manera de movilizarnos a la acción”.

Más que ofrecer respuestas definitivas, el conversatorio dejó abierta una invitación al diálogo, el cual podría expandirse a otras áreas del conocimiento. En un momento histórico marcado por el avance acelerado de la inteligencia artificial, la pregunta planteada por Magnifica humanitas es muy vigente: cómo construir un futuro tecnológico que no pierda de vista aquello que nos hace profundamente humanos.

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