Estudiantes PUCP diseñan «mapas de esperanza» para aprender a convivir con los demás
El encuentro se realizó el 3 de octubre en el campus de nuestra Universidad.
El encuentro se realizó el 3 de octubre en el campus de nuestra Universidad.
1/5
Dieciocho jóvenes de nuestra comunidad participaron en una hackatón en la que se reflexionó sobre paz y vida interior. Sus propuestas se preparan para ser compartidas en un encuentro programado para el 24 de octubre con universitarios de Lima y Callao. Todo a partir de mensajes inspirados por el Papa León XIV.
Texto:Eduardo Dávila Lynch
Fotos:Jorge Cerdán
09.10.2026
Estudiantes PUCP han diseñado «mapas de esperanza» para aprender a convivir con los demás en el marco del Pacto Educativo Global lanzado por el Papa Francisco en 2019. Esta iniciativa convoca a instituciones educativas a unir esfuerzos, poner a la persona en el centro y promover el desarrollo humano integral. En la actualidad, León XIV ha continuado ese camino con tres nuevos retos: cuidar la vida interior, educar para una paz desarmada y promover una digitalización humana.
La idea surgió en un encuentro de Oducal, donde Sylvana Valdivia, jefa de la Dirección de Asuntos Estudiantiles PUCP, compartió con otras universidades latinoamericanas la inquietud de llevar estas reflexiones a la acción. Al volver, conversó sobre esto con representantes del Departamento de Teología y del Centro de Asesoría Pastoral Universitaria (CAPU). De esa articulación nació el Lab de Ideas.
Un mapa no tiene todas las respuestas, pero nos ayuda a imaginar un horizonte y encontrar caminos para avanzar juntos».
El 3 de octubre, 18 estudiantes llevaron ese propósito a la práctica durante un taller con dinámica de hackatón realizado en nuestra Universidad. Luego de tres encuentros formativos, se organizaron en cuatro grupos para diseñar experiencias participativas en torno a la vida interior, la paz y la digitalización humana. Sus propuestas formarán parte de un encuentro abierto a estudiantes universitarios de Lima y Callao, previsto para el 24 de octubre, en el que los propios estudiantes estarán a cargo de los talleres.
La importancia de escuchar al otro
En un saludo enviado para la apertura, el rector de la PUCP, Dr. Julio del Valle, destacó que los estudiantes asumieran el desafío de diseñar estas experiencias. “La Universidad también necesita de sus preguntas, necesita de su creatividad y de su manera de imaginar nuevas posibilidades para construir el futuro”, señaló. Su mensaje vinculó ese protagonismo con una tarea concreta: llevar las reflexiones sobre paz y vida interior a la comunidad. “Un mapa no tiene todas las respuestas, pero nos ayuda a imaginar un horizonte y encontrar caminos para avanzar juntos”, expresó.
Educar para la paz, en el fondo, es un aprendizaje que va brotando de la propia convivencia y de experiencias propias muy concretas. Cuando las nombramos y reflexionamos, entonces comenzamos a comprender mejor qué significa educar para conseguirla».
Ese trabajo había comenzado con tres encuentros sobre los mapas de esperanza, la construcción de una paz desarmada y el cuidado de la vida interior. Juan Miguel Espinoza explicó que los estudiantes cuestionaron su manera de afrontar los desacuerdos. “Educar para la paz, en el fondo, es un aprendizaje que va brotando de la propia convivencia y de experiencias propias muy concretas. Cuando las nombramos y reflexionamos, entonces comenzamos a comprender mejor qué significa educar para conseguirla”, señaló.
Desde la DAES, Sylvana Valdivia vinculó el laboratorio con una concepción del bienestar que incorpora la dimensión espiritual y las redes de apoyo. En las sesiones previas, los estudiantes identificaron la indiferencia y la inmediatez como dificultades para construir vínculos. “Cuando aprendemos a hacer una pausa, a escucharnos más, estamos también trabajando, desde el punto de vista del bienestar, el autocuidado. Necesitas un tiempo para ti, necesitas saber cuáles son los valores que te orientan”, dijo. Ese ejercicio también invita a mirar los conflictos que cada uno enfrenta. La paz también se trabaja en esa escala cotidiana.
Cuando aprendemos a hacer una pausa, a escucharnos más, estamos también trabajando, desde el punto de vista del bienestar, el autocuidado. Necesitas un tiempo para ti, necesitas saber cuáles son los valores que te orientan”.
Del diálogo a los mapas de esperanza
Milán González, del Centro de Asesoría Pastoral Universitaria (CAPU), reconoció preocupaciones concretas detrás de esa búsqueda: estrés académico, ansiedad y soledad. Esta última apareció, por ejemplo, entre estudiantes que llegaron de fuera de Lima. Frente a ello, destaca los vínculos y los espacios de acompañamiento que ofrece la Universidad. “Queremos articular con carreras específicas para trabajar una o dos de estas dimensiones en proyectos que sean más sostenibles. Por ejemplo, en las iniciativas misioneras o en las de encuentro con poblaciones vulnerables”, dijo. La intención es que esta reflexión ayude a orientar mejor proyectos en los que ya participan los jóvenes.
Con el coordinador del Laboratorio de Innovación Socioeducativa de la Facultad de Educación, Jaime Aranda, como facilitador, la hackatón planteó un reto: diseñar una experiencia de una hora que otros estudiantes pudieran vivir y replicar. Debía combinar interacción, creatividad y reflexión, con materiales accesibles. Así, la jornada comenzó con entrevistas entre participantes y regalos imaginarios, dibujados a partir de lo que habían descubierto sobre sus compañeros. Después, los grupos identificaron tensiones de la vida universitaria, formularon propuestas y prepararon sus presentaciones. Cada experiencia debía precisar sus destinatarios, recursos, actividades y responsabilidades. Escuchar a otra persona era también el primer paso para diseñar algo que tuviera sentido para ella.
Queremos articular con carreras específicas para trabajar una o dos de estas dimensiones en proyectos que sean más sostenibles. Por ejemplo, en los proyectos misioneros o en los de encuentro con poblaciones vulnerables, porque se trabaja con diferentes tipos de poblaciones».
Las presentaciones recibieron comentarios para ajustar su alcance y ganar claridad de cara al 24 de octubre. Espinoza explicó que el acompañamiento continuará durante las próximas semanas para perfeccionar los talleres y asegurar los materiales necesarios. También será necesario acondicionar espacios que inviten al diálogo y reservar un momento para reflexionar sobre lo vivido. La meta es que, a final de mes, los propios jóvenes puedan facilitar estas experiencias con otros universitarios.
Propuestas para encontrarse con los demás
En principio, el grupo 1 presentó durante el taller la propuesta titulada “Reflexionar, reconsiderar y reconstruir”, la cual tenía como fin detener la rutina y preguntarse por el propósito de vida. Planteó expresar emociones mediante trazos, contemplar la naturaleza y compartir inquietudes en tres actividades elegibles. Esa posibilidad de encuentro también aparece en el testimonio de la estudiante Mikaela Espinoza, quien llegó buscando integrarse y fortalecer su fe. «Creí que este espacio era el pertinente para consolidar estas ideas y realmente no me he defraudado. Por el contrario, he superado mis expectativas», cuenta. El grupo pudo poner manos a la obra desde el propio trabajo compartido. “Hemos logrado conectar pese a que somos de diferentes lugares. Muchos de los que integran mi equipo, por ejemplo, no son creyentes”, añade.
Creí que este espacio era el pertinente para consolidar estas ideas y realmente no me he defraudado. Por el contrario, he superado mis expectativas».
El grupo 2 formuló otra pregunta: “¿A quién le pertenece nuestro pensamiento?”. Su propuesta busca contrastar las reflexiones de los participantes con respuestas de inteligencia artificial y revisar cuánto asociamos nuestro valor con la productividad. Ambos equipos pusieron atención en aquello que puede relegarse entre las exigencias cotidianas: las emociones, los intereses personales y el tiempo para pensar.
El grupo 3 presentó “Navegando en nuestro interior”, iniciativa centrada en cómo construir bienestar en comunidad. Propuso actividades para conocerse, cuestionar prejuicios y practicar la corregulación emocional. Su aspiración es cultivar la vida interior junto con otros. Aprender a revisar las propias reacciones también fue importante para la estudiante Angely Cana, quien destacó el encuentro previo sobre conflictos. “Todos tenemos diferentes puntos de vista y todos son válidos. No porque uno piense distinto significa que esté mal. Estos encuentros me han ayudado bastante en ver cómo respondo al resto, si realmente estoy siendo empática con los demás”, explica.
Todos tenemos diferentes puntos de vista y todos son válidos. No porque uno piense distinto significa que esté mal. Me han ayudado bastante a recapacitar en ver cómo respondo al resto, si realmente estoy siendo empática con los demás».
El grupo 4 apostó por juegos breves alrededor de la confianza, los prejuicios y la unión. Su iniciativa, “Brothers Connec”, presenta una actividad que permitiría comparar las impresiones iniciales sobre otra persona con lo que ella reconoce de sí misma. El equipo buscó desarrollar una experiencia fácil de replicar; la retroalimentación subrayó la necesidad de incorporar un cierre reflexivo.
Al terminar la jornada, Valdivia agradeció el tiempo y el compromiso de los participantes para crear los mapas de esperanza. Los cuatro grupos habían dejado propuestas que ahora debían afinar con el equipo organizador. Para la directora de la DAES, el valor del proceso estaba en quiénes las habían construido. “Queríamos que sea de los protagonistas hacia los protagonistas, que ustedes mismos escriban esas historias”, expresó. El 24 de octubre, esos estudiantes tendrán la oportunidad de abrir a otros jóvenes las conversaciones que comenzaron entre ellos.
Tras trabajar durante varias horas, los estudiantes expusieron sus propuestas hacia el final de la jornada.
Deja un comentario