Opinión

La PUCP participa en la adaptación del árbol de la quina al clima costero

Javier Salazar Carbajal

Javier Salazar Carbajal

Coordinador de Gestión de Flora y Fauna

La atención que despierta ante la comunidad, en general, la cantidad y calidad de las áreas verdes de la PUCP motivó que nos inviten, a través del Comité de Jardines, a formar parte del proyecto de ensayo para la adaptación del árbol de la quina a las condiciones del clima costero – Lima. Esta es una iniciativa del Servicio Forestal de Flora y Fauna Silvestrre (Serfor) en conmemoración del bicentenario de nuestra independencia.

El árbol de la quina aparece en nuestro escudo nacional para representar la riqueza de nuestra flora. Fue escogido por su enorme contribución en la curación de la malaria. En el siglo XVII, los misioneros jesuitas descubrieron que los quechuas usaban su corteza para tratar este mal que había ingresado a América durante el proceso de conquista. Luego la llevaron a Europa, donde causaba muchas muertes.

Los ejemplares de la quina están repartidos a lo largo del territorio nacional, todos están en peligro de desaparecer.

Luego, en 1820, los investigadores franceses Pierre Pelletier y Joseph Caventou aislaron el principio activo antipalúdico y lo denominaron quinina.

La quina pertenece a la familia Rubiaceae, género Cinchona. La de nuestro escudo es la especie Cinchona officinalis, pero existen varias otras, todas en la ceja de montaña entre los 300 y 3,000 m.s.n.m. Repartidas a lo largo del territorio nacional, todas están en peligro de desaparecer.

Por esto, surgió la idea de intentar adaptar científicamente la quina al clima de Lima, para promover la difusión de su cultivo. Estos experimentos y ensayos son importantes, aunque se logre un bajo o nulo porcentaje de éxito, pues marcan pautas para ajustar tratamientos en posteriores intentos. Todas estas se suman de manera gradual, pues forman parte de procesos bastante largos.

El valor y significado de la quina en nuestro país amerita intentar su adaptación hasta llegar a tener sus árboles en los parques de Lima y en la PUCP.

Sabemos que conseguir el objetivo va a ser difícil, por las muy marcadas diferencias entre las condiciones de clima, suelo, agua y ambiente entre su hábitat natural y el de Lima. Sin embargo, el valor y significado de esta especie en nuestro país -nos recuerda lo valiosos que somos para el mundo- bien ameritan intentarlo hasta llegar a tener árboles de quina en parques de Lima y, de hecho, también en la PUCP.

El Serfor, en Coordinación con el Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA), ha establecido las pautas y el diseño experimental. Nuestra Universidad es uno de los seis espacios escogidos como centros de ensayo por contar con el personal ylas áreas verdes idóneas.

Cada centro ha recibido 20 plantones de quina. En la PUCP, están en cuatro espacios diferentes, que son monitoreados por el personal de flora y fauna para mantener los parámetros establecidos, y reportarlos al Serfor, que marcará las pautas y protocolos a seguir durante el desarrollo del experimento.

Para los meses de junio a julio, se está programando el fin de esta etapa. Los plantones que hayan tenido éxito serán sembrados, en campo definitivo, en los mismos jardines donde se realizó la primera fase. Así empezaremos la segunda etapa del ensayo.