Opinión

El personaje animado como agente de sensibilización

Susana del Río

Susana del Río

Docente del Departamento de Arte y Diseño

Los estudiantes del curso de Taller de Animación 3D de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación realizaron en verano cuatro microanimaciones que abordan temas de responsabilidad social, concretamente, transporte sostenible y medioambiente.

Son diversas las animaciones que buscan generar conciencia sobre un tema en particular. Persepolis (2007) es una animación autobiográfica que tiene como contexto el régimen fundamentalista en Irán. Arrugas (2011) aborda el tema de la ancianidad y el Alzheimer. En cuanto a películas en la industria animada, está Happy Feet (2006) y la animación Dumb ways to die (2012), que se hizo viral. Me centraré en estas dos por la temática y para ahondar en el rol de los personajes.

Por un lado, la campaña de concientización Dumb ways to die para Metro Trains de Australia se difundió por diversos medios. Creada por la agencia de publicidad McCann Melbourne, enfrenta la problemática de los accidentes que ocurren, muchas veces por descuido, alrededor de los trenes de Melbourne. El sitio web Best Marketing analiza esta campaña, ganadora de diversos premios, como un caso de estudio y considera que su reto fue capturar la atención de una generación usualmente indiferente a campañas publicitarias que le dicen cómo debe comportarse. En la animación aparecen varios personajes que generan accidentes a partir de su propia torpeza. Este conocido video animado alojado en YouTube fue solo la primera y principal pieza de la campaña. Best Marketing explica que, posteriormente, McCann Melbourne lanzó versiones para karaoke, subió la canción a iTunes, lanzó un juego para smartphones y un libro para niños, entre otras cosas.

Los personajes de Dumb ways to die no se parecen a ningún animal articulado. Tienen formas orgánicas, muchas curvas y son sumamente simplificados. Para entender esta propuesta visual podemos recurrir al experto en cómics Scott McCloud, quien explica las diversas formas en las que puede abordarse visualmente a un personaje a partir del rostro humano. Una forma  de hacerlo es mediante el uso del estilo fotorrealista (por ejemplo, mostrando el retrato de un rostro). Otra manera es el estilo icónico (una cara feliz). Una tercera forma sería una completa reformulación del personaje, ya en un estilo abstracto, que no suele aparecer ni en publicidad ni en ficción. Todos estos conceptos, planteados por McCloud, son recogidos por Maureen Furniss, especialista en animación, en el libro Art in Motion.

De acuerdo con Furniss, McCloud resalta el rol del estilo icónico para sostener que el ser humano suele identificarse con esta propuesta visual. Parafraseando a McCloud, en su libro Understanding Comics, uno se encuentra con el rostro del otro cuando mira una foto, mientras que uno se ve a sí mismo cuando está frente a un cartoon, pues es netamente icónico y, por lo tanto, más universal. Es a este universo donde pertenecen los personajes de Dumb ways to die.

Para reforzar su idea, se va al otro extremo. Para McCloud no pasa desapercibida la propuesta visual de algunos cómics japoneses (manga) que puede observarse, además, en sus animaciones (anime). Según el especialista, algunos objetos y personajes japoneses son tratados de una manera más realista con el fin de tratarlos como “objetos” y lograr así que marquen distancia con el público (un antagonista por ejemplo). Por este motivo, se deja a un lado el estilo simplificado y se ilustra con mucho más detalle.

Por su parte, Happy Feet, producida en Australia y dirigida por George Miller, es una animación musical de 1 hora 48 minutos en torno a una comunidad de pingüinos. Emplea animación digital en 3D y también incluye la tecnología de captura de movimiento. En el trasfondo Happy Feet aborda un tema ambiental, porque en su historia los seres humanos están afectando el ecosistema marino a través de la pesca indiscriminada.

McCloud parte de la premisa básica de que una audiencia está involucrada con la historia, en tanto ésta se identifica con el personaje. Para ello, un recurso importante en Happy Feet es la personalidad de sus protagonistas. De acuerdo con Furniss, atribuir a los personajes de cualidades humanas, dotándolos de una personalidad completa, no solo permite que el público reconozca a alguien o a sí mismo en el personaje, debido a su forma de ser, sino que también le muestra cómo le gustaría ser idealmente. Parafraseando a la autora, la identificación aumenta la comodidad y fidelidad de la audiencia al querer ver más capítulos, e incluso tiene mucho potencial en el merchandising. Happy Feet es un ejemplo del uso de la personalidad ya que el protagonista, Mumble, vive un conflicto con el que cualquiera podría identificarse. A diferencia de todos los demás pingüinos emperadores, él no sabe cantar. Esta habilidad es muy valorada en su comunidad ya que necesita una canción para atraer a su pareja. En el transcurso de la historia descubre que tiene otros talentos (en este caso, el baile). En el trasfondo, el público también puede reconocer en los pingüinos una preocupación similar por el medioambiente.

En este contexto, en el ciclo 2018-0, junto con el jefe de práctica y magíster Rudy Ascue Yendo dictamos el curso de Taller de Animación 3D. Bajo el nombre oficial de Taller de Actualización en Comunicación 1, los estudiantes crearon microanimaciones relacionadas al transporte sostenible. Para poder sensibilizar a los alumnos con esta temática, Ascue, especialista en movilidad sostenible, les dio previamente un conversatorio. Los estudiantes crearon personajes como una flor, una bicicleta, un taxi, hojas y un caracol, y los animaron integrando conceptos de personalidad y estilo icónico.

Aquí las animaciones: Ciudad de Lis, Libertad sobre ruedas, El caracol que pudo…El color del viento.