Opinión

¿Arte ahora? ¡Más que nunca!

Alex Huerta-Mercado

Alex Huerta-Mercado

Docente del Departamento de Ciencias Sociales

Repentinamente, el mundo se volvió muy real con la pandemia, y tuvimos que mirar a la ciencia y la tecnología y las estadísticas. Y, repentinamente, estas han tenido que mirar a las artes porque, transformando la información y recreándola,  pueden tener un impacto en nuestras emociones, porque las artes adaptan las cosas a nuestra realidad personal.

El Gobierno, los médicos de la radio y los programas educativos han tenido que encontrar formas para que sus contenidos sean más claros y accesibles, y han recurrido a la representación, la oratoria y la puesta en escena».

En primer lugar, las artes son las formas en que podemos entender al mundo. La manera de comunicar se volvió tan importante como el contenido, ya que comprender la pandemia dependía de cómo el mensaje llegara al público. Como si fuera poco, desde el Gobierno hasta los médicos de la radio y los programas educativos han tenido que encontrar formas para que sus contenidos sean más claros y accesibles, y han recurrido a la representación, la oratoria y la puesta en escena. Como bien lo ha señalado Víctor Vich, es un momento en el que más se debe recurrir a los artistas peruanos y no se ha hecho.

En segundo lugar, las artes son las formas que nos han permitido generar identidad como comunidad. Hasta donde sabemos, somos la única especie que puede crear historias y compartirlas, y, a partir de ellas, crear comunidad. En nuestro caso particular, en la que no tenemos crónicas escritas, tenemos en nuestro territorio suficiente material arqueológico para deducir grandes señoríos de la costa y la sierra desde hace veinte mil años. Podemos interpretarlo gracias al arte que ha sobrevivido. Gran parte de nuestra cultura viva lo está por la tradición dancística y ritual que dialoga con el presente, y todo el sentir de los recientes procesos de migración y cambios en la estructura económica peruana tienen traducción en la vigorosa cumbia y los colores incontrastables de la estética popular. Los artistas siempre llegan antes que los científicos sociales si de entender una sociedad se trata.

Los artistas siempre llegan antes que los científicos sociales si de entender una sociedad se trata».

En tercer lugar, no existe grupo humano que no haya desarrollado arte. Nuestra existencia interior se pasea por una serie de niveles que van desde el de las apariencias, en donde todo el mundo nos conoce, hasta dimensiones donde solo nuestras amistades íntimas o nuestra pareja conoce realmente quiénes somos. Sin embargo, existe una realidad más profunda en nuestro ser que es difícil de expresar, donde habitan nuestras emociones, ternura contenida, frustraciones o deseos, incluso aspectos que nosotros mismos no conocemos; y es el arte el único vehículo que hemos encontrado para ello, interpretándolo, consumiéndolo y dándole significado que nuestra propia experiencia personal traduce como canción, movimiento, texto o imagen.

El teatro, la danza y la música han sido formas de transmitir un conocimiento a través de una acción y como su material de ejecución primordial es el cuerpo ha sido el favorito de la cultura nómade, es decir, como artes han sobrevivido la era de la glaciación, invasiones, guerras y epidemias. No solo han sobrevivido sino representado algo que es exclusivo de los humanos, la capacidad de articular nuevos símbolos, acumular aprendizajes y adaptarse a circunstancias casi imposibles.

Las artes escénicas estaban experimentando también con el mundo digital y les vino rápidamente esta situación que, junto con la tarea educativa, obligó a acelerar los procesos».

Esta es la esencia y su adaptación a la pantalla del ordenador aparece como un cambio cultural que lo estaba abrazando todo, es decir, la digilitazación del mundo ya nos alcanzaba en la forma en que leíamos textos, en cómo nos comunicábamos y hasta cómo manteníamos nuestras relaciones románticas. Habíamos cambiado el parque y las rosas por la pantalla y el teclado. Las artes escénicas estaban experimentando también con el mundo digital y les vino rápidamente esta situación que, junto con la tarea educativa, obligó a acelerar los procesos.

Como la relación directa con el público, esa que permite un intercambio emocional fuerte y un aplauso cómplice, es algo a lo que no se ha renunciado por siglos pese al uso de nuevos medios, estoy seguro de que poco a poco se repoblarán los teatros. Lo que sí sé es que tendremos que aprender a consumir nuestras artes escénicas puesto que, como público, hemos tenido poco diálogo con ellas y hemos sido seducidos por la pantalla extranjera, es tiempo de que nos sentemos a conversar con nuestros creadores y artistas, y, con pandemia o sin ella, aprendamos a disfrutar de lo que creamos en nuestro entorno con tanto esfuerzo.

Sin embargo, creo que, como todo aspecto de la vida humana, una parte de las artes escénicas encontrará su camino en el ciberespacio aun después de esta pandemia, pues, si nos damos cuenta, parece que hemos creado un universo paralelo en la pantalla y que ahora vamos a la universidad desde ahí, no es extraño entonces que parte del teatro se mude también a ese espacio.

¿Desafíos? Los conocemos, bien. No es lo mismo una pantalla que un escenario y la concentración exigida para el público va a ser distinta e incluso podríamos sugerir que aparecerán nuevos tipos de consumidores. Pero para ello, como ayer, hoy y siempre, las artes escénicas nunca han estado solas, sino que han sabido adaptarse y trabajar interdisciplinariamente con quienes manejan la tecnología y los formatos del ciberespacio. Y bueno, nosotros, como público, nos toca poner el hombro porque pareciera que a los grupos de poder el arte les parece invisible.