En su nuevo libro El loco de Dios en el fin del mundo, el escritor español Dr. Javier Cercas busca encontrar la respuesta al enigma universal de si existe la vida eterna por una motivación personal: poder decirle a su mamá que se reencontrará con su padre en la otra vida. A fin de saberlo, fue a preguntarle al Papa Francisco, acaso la persona más autorizada para absolver su duda.
Así, Cercas acepta la invitación del Vaticano de acompañar al recordado Sumo Pontífice en un viaje que hizo a Mongolia y realizar un libro sobre ello. En el camino nos muestra, y nos hace recordar cómo es la Iglesia católica y la fe. La semana pasada, Cercas visitó nuestro campus para brindar una conferencia en el Congreso IILI y recibir el doctor honoris causa PUCP. Aprovechamos para conversar con él sobre el recordado Papa Francisco y el camino que cree tomará el Papa León XIV, sobre sus métodos para escribir -teniendo en cuenta una obra que difumina los límites de la novela, el ensayo y la no ficción- y sobre la crisis de la democracia.
El principio (de un libro) me es lo más difícil porque ahí tiene que estar el tono, el ritmo y el germen de todo el libro. El inicio de ‘El loco de dios en el fin del mundo’ lo reescribí 20 veces hasta que encontré exactamente todas las palabras que tenía que contener».
En El loco de Dios en el fin del mundo, así como en sus otros libros, investiga y recopila información a partir de entrevistas y fuentes documentales. Al momento de escribir, ¿cómo ordena y le da forma a todo ese material? ¿Tiene algún método en especial?
Para mí, hacer un libro es como crear un juego cuyas reglas descubro a medida que escribo. Y el lector las descubre mientras lo lee. Por eso, cada libro exige su propio método. Este último estuve preparándolo durante varios meses y a medida que iba documentándome imaginaba su forma. Últimamente grabo con una cámara todas las conversaciones que tengo y a mí mismo mientras describo lo que veo. Es muy útil.
Cuando tengo todo el material me pongo a escribir. Hay una labor de reescritura permanente hasta que encuentro la forma definitiva. Casi siempre, para mí, lo más fácil es el final, el cual debe surgir de una manera lógica e inevitable. En cambio, el principio me es lo más difícil porque ahí tiene que estar el tono, el ritmo y el germen de todo el libro. El inicio de El loco de dios en el fin del mundo lo reescribí 20 veces hasta que encontré exactamente todas las palabras que tenía que contener.
En el epílogo de la reedición de Soldados de Salamina, menciona que “El éxito de una obra depende de la azarosa coincidencia entre las obsesiones privadas de un artista y las necesidades públicas de una sociedad». ¿Esa es una de las formas en que una novela puede ser útil, el de preguntarse por las inquietudes de la sociedad y poner temas en debate?
Sí, la literatura es útil siempre y cuando no se lo proponga; si lo hace, se convierte en propaganda o pedagogía. En Soldados de Salamina, no tuve como propósito desencadenar un movimiento de recuperación, o ajuste de cuentas, con el pasado español. Esa fue una consecuencia del libro. Lo que buscaba era resolver por qué un tipo le salva la vida a un enemigo. Creo que los escritores debemos ser egoístas -con nuestras obsesiones particulares, nuestra soledad- para ser útiles.
MI último libro ha desencadenado una reacción muy curiosa entre los católicos y los que no lo son. Mi obsesión fundamental era preguntarle al Papa si mi madre iba a ver a mi padre después de la muerte. En el camino, he contado el cristianismo desde afuera y pretendido entenderlo sin juzgarlo. El teólogo Enzo Bianchi dijo que este libro le recordaba a los católicos cosas que habían olvidado, como la resurrección de la carne y la vida eterna. La literatura, y el arte en general, nos permite ver la realidad como si la viéramos por vez primera.
El Papa Francisco intentó volver al cristianismo de los orígenes, el que predicó Jesucristo».
Logró conversar con el Papa Francisco, además de entrevistar a su entorno y leer mucha información sobre él. ¿Era similar a la figura pública que tenemos de él? ¿Usted cómo lo percibió?
No se parecía en nada a la visión edulcorada y plana que presentaban los medios de comunicación. Podía ser soberbio, tener un carácter duro, pero hizo todo lo posible por combatir esto y ser humilde. Era un ser humano con todas sus complejidades. Lo que sí es verdad es que siempre estuvo del lado de los pobres. Justamente porque eso es el cristianismo. Lo que sucede es que, durante siglos, la Iglesia católica lo pervirtió, y, por ello, asociamos a esta institución con la riqueza y el poder.
El Papa Francisco, y la propia Iglesia desde el Concilio Vaticano II, intentó volver al cristianismo de los orígenes, tal como lo concibió y predicó Jesucristo, y como está en los evangelios.
En el libro cuenta alguno de los cambios que hizo Francisco, como promover mayor participación del clero de la periferia, poner en un lugar central a los pobres, luchar contra la problemática del abuso sexual. ¿En qué medida transformó el Papa a la Iglesia?
La revolución básica que quiso emprender Francisco era volver al cristianismo original de Cristo. ¿Lo consiguió? No, porque esa no es tarea de un Papa, sino de 50 que vayan en la misma dirección. Es falso, como algunos creen, que un Papa pueda cambiarlo todo de la noche a la mañana. La Iglesia tiene un mecanismo complejo, pues en cada país es distinta, y tiene sus propias tradiciones y mentalidad.
Pero Francisco tuvo avances. Por ejemplo, admitió el problema de los abusos sexuales e intervino de verdad: hizo que dimitan todos los obispos en Chile en el 2018, creó una comisión de expertos para el diagnóstico y aquí en Perú disolvió el Sodalicio. Asimismo, nunca ha habido tantas mujeres con tanto poder en la Iglesia como con Francisco, quien nombró a la primera prefecta del Vaticano. No es suficiente pero al menos ha empezado. Sin excusar a la Iglesia, estas problemáticas no son exclusivas de ella sino de la sociedad en general.
¿Cree que el nuevo Papa León XIV va a continuar por la senda de Francisco de buscar reformar a la Iglesia o será más moderado?
El camino es el mismo de Francisco, pero la forma de recorrerlo va a ser distinta. Ya hemos visto que sus maneras son más acorde con las convenciones del Vaticano, como aceptar el hábito papal y volver a vivir en el Palacio Apostólico, aspectos que Francisco decidió no hacer.
Ahora, la senda es la misma. ¿Con qué intensidad va a proseguir las reformas? No lo sabemos. El Papa actual es por un lado misionero y por el otro conoce el Vaticano. Es decir, combina el conocimiento de la periferia con el del centro, algo que, hasta donde sé, nunca se había dado.
Uno de los temas que ha abordado en sus columnas de El País es la crisis de la democracia y la aparición de los movimientos nacionalpopulismo, que usted dice son una metamorfosis del fascismo. Desde la academia y las humanidades, ¿cómo se pueden entender estos fenómenos, incluso quizás ayudar a crear un antídoto ante ellos?
La democracia siempre está en crisis porque es un proceso. En cuanto la das por hecha la estás poniendo en peligro. Es como una bicicleta: si te paras, te caes. Es obvio que estamos experimentando una regresión de la democracia en Occidente después de la crisis del 2008. Los movimientos nacionalpopulistas, como los que estamos viendo en Estados Unidos, son más peligrosos que el fascismo, sobre todo porque se presentan como democráticos y, en realidad, lo que hacen es socavar la democracia por dentro. Y están creciendo mucho.
Es tarea de todos nosotros defender la democracia, tanto de la sociedad civil como de la academia; dejarla solo en manos de los políticos es el mayor error que se puede cometer. Depende del uso que hagamos de las redes sociales, de lo que hacemos cada día, de si no lo simplificamos y decimos “estos son los buenos, estos son los malos”. En mi caso, lo mejor que puedo hacer es escribir artículos. Esa es mi forma de intervenir.
Dice en el libro “Soy escritor porque perdí la fe”. Después de todo lo vivido en el viaje a Mongolia junto al Papa, ¿ha vuelto a ser creyente? ¿Ahora cree en la vida eterna?
No, sigo siendo ateo. Sobre la vida eterna, esa es la promesa central del cristianismo. Yo no lo sé, lo que sí quisiera es vivir mucho en esta vida que tenemos.

Javier Cercas recibió el doctor honoris causa de la PUCP
Por su valioso legado literario e intelectual, así como por su compromiso con el pensamiento riguroso, la imaginación crítica y la memoria, el escritor español fue condecorado como doctor honoris causa de nuestra Universidad el 18 de julio.
“Conozco a algunos que también han sido honrados con esta distinción, entre ellos quienes considero los dos escritores modernos más importantes de nuestra lengua: Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa. Y, por lo tanto, solo puedo sentirme honrado y darles las gracias”, señaló en la ceremonia.
La condecoración fue recogida por medios nacionales e internacionales, entre ellos el diario español ABC. Asimismo, la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, dijo en su cuenta de X que sentía orgullo de la distinción dada por nuestra Universidad a su compatriota. «La literatura tiene el poder de unir continentes, generaciones y culturas», enfatizó.
Este reconocimiento fue reseñado por ABC, Infobae, Hoy, Andina, entre otros medios internacionales y nacionales.



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