El crecimiento económico es el incremento sostenido de la producción de bienes y servicios finales de un país o región durante un período de tiempo determinado. Los premios Nobel Solow, Lucas y Romer nos han enseñado que dicho crecimiento (del PBI per cápita) depende del grado de desarrollo tecnológico o productividad total de factores, del capital físico, natural y humano.
A pesar de todos sus problemas, entre el 2000 y el 2025, el Perú tuvo un crecimiento económico importante. Según las cifras para América Latina y el Caribe (ALC) del Fondo Monetario Internacional, en términos del PBI per cápita medido en dólares comparables internacionalmente, el Perú ascendió en dicho período del puesto 29 al puesto 23.
Sin crecimiento no hay desarrollo humano. El crecimiento es el combustible indispensable para elevar la calidad de vida, financiando el desarrollo humano, sea por la mejora de los ingresos de las familias o por generar los recursos que necesita el Estado para impulsar las políticas públicas que contribuyan a mejorar el bienestar».
Por su lado, el desarrollo humano, en los términos del premio Nobel Amartya Sen, parte de reconocer que el desarrollo no debe medirse solo por el crecimiento económico, sino por lo que las personas realmente pueden ser y hacer: por sus capacidades. En lugar de preguntar cuánto produce una nación, este paradigma se hace las siguientes preguntas: ¿la gente vive bien?, ¿tiene acceso a la educación?, ¿tiene una vida saludable y larga? Implica, como ha pedido el Papa León XIV, poner en el centro la vida de las personas, el bienestar de las comunidades y el cuidado de nuestra casa común.
Para acercarnos a este enfoque, el PNUD, inspirado en los trabajos de Sen, creó el índice de desarrollo humano (IDH), el cual promedia los logros de un país en tres dimensiones fundamentales: 1. salud (esperanza de vida al nacer), 2. educación (para adultos, años promedio de instrucción y años esperados de instrucción para los niños) y 3. nivel de vida (PBI per cápita). En lo que va del siglo, el IDH del Perú subió del puesto 16 al puesto 12 en América Latina y el Caribe.
Esta edición de Aula Magna se realizará del 13 al 15 de octubre y aborda tres dimensiones: el crecimiento económico, el desarrollo humano y la institucionalidad. Son tres hilos que necesitan tejerse de forma tal que brinden oportunidades de prosperidad para cada persona».
Estas cifras nos muestran, con elocuencia, el vínculo estrecho entre el crecimiento y el desarrollo humano. Hay, al menos, tres razones que respaldan esta observación. En primer lugar, porque sin crecimiento no hay desarrollo humano. El crecimiento es el combustible indispensable para elevar la calidad de vida, financiando el desarrollo humano, sea por la mejora de los ingresos de las familias o por generar los recursos que necesita el Estado para impulsar las políticas públicas que contribuyan a mejorar el bienestar.
En segundo lugar, porque el desarrollo humano contribuye al crecimiento económico. Fue Gustav Ranis quien demostró con rigurosa evidencia que las naciones que priorizan el desarrollo humano logran, a mediano y largo plazo, un crecimiento económico mucho más robusto y sostenible que aquellas que solo buscan el crecimiento. ¿Cómo se retroalimenta este proceso? La respuesta está en los determinantes del crecimiento económico. Romer y Lucas revolucionaron la ciencia económica al demostrar que el crecimiento a largo plazo no depende de factores externos o de la simple acumulación de capital físico o natural, sino del capital humano, el conocimiento y las ideas. Una población sana y educada, entonces, contribuye al crecimiento económico.
Finalmente, existe un canal de transmisión entre el crecimiento económico y el desarrollo humano: las instituciones. Los países con instituciones inclusivas crecen sostenidamente, porque promueven el desarrollo tecnológico, y la inversión en capital físico, capital natural y capital humano. Como han argumentado los premios Nobel de Economía Daron Acemoglu y James Robinson, las inversiones y la innovación, motores del crecimiento y el desarrollo en el largo plazo, necesitan de instituciones inclusivas como un imperio de la ley eficaz, sistemas judiciales imparciales, libertades de contratación e intercambio, derechos de propiedad garantizados o el acceso universal a los servicios públicos. Y este tipo de instituciones suelen prosperar en países con estados eficaces, gobernanza democrática, y sociedades fuertes y organizadas.
Por ello, la edición de Aula Magna de este año aborda estas tres dimensiones: el crecimiento económico, el desarrollo humano y la institucionalidad. Son tres hilos que necesitan tejerse de forma tal que brinden oportunidades de prosperidad para cada persona.
Los invitamos a participar en la 30 edición de Aula Magna PUCP “Tejamos el país desde las diferencias: crecimiento, desarrollo e instituciones” del 13 al 15 de octubre. Pueden inscribirse gratuitamente aquí, y ser parte de este espacio de reflexión y diálogo sobre el futuro del país. Tejiendo el crecimiento, el desarrollo y las instituciones construiremos el tejido de la prosperidad.



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