Los grandes hombres son conocidos y recordados perpetuamente por su auténtica capacidad de servicio a la patria, al prójimo y, en especial, a los menos favorecidos. Con inmenso dolor y pesar por la partida del profesor principal doctor César Delgado Barreto, escribo estas líneas en su honor.
César Delgado Barreto, cuando joven, partía desde su hogar de manera entusiasta a trabajar para la Acción Católica, cumpliendo las tareas que asumió como catequista, trayendo alimentos para las ollas de los más necesitados, haciendo palpable la predica del amor con el ejemplo y la acción.
Ingresó en marzo de 1946 a la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú y llevó a cabo sus estudios en el local de la Plaza Francia en el centro de Lima. Su gran capacidad de trabajo y de organización le permitieron enseñar Historia del Perú y Geografía a nivel escolar, todo ello durante los primeros años de sus estudios universitarios.
Realizó un posgrado en Europa, donde alcanzó el Doctorado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y lo complementó con estudios superiores en Sociología Política en la Universidad Sorbona de París.
Ingresó a la cátedra en la PUCP con los cursos Introducción al Derecho y Sociología del Derecho. Años después fue nombrado jefe del Departamento de Estudiantes, cargo desde el cual pudo plantear importantes iniciativas como las pensiones escalonadas. Él fue el principal artífice de esta medida.
Fue profesor principal de la Facultad de Derecho PUCP en la Especialidad de Derecho Internacional Privado y past coordinador del Área de Derecho Internacional. A través del Fondo Editorial de la PUCP, pudo publicar los tres tomos de su obra Introducción al Derecho Internacional Privado.
El compromiso académico y docente del doctor Delgado Barreto fue conocido también en otros claustros universitarios. Fue profesor de Derecho Agrario y Legislación de Aguas y del sector Rural en la Universidad Nacional Agraria La Molina (Unalm). En ella alcanzó reconocimientos consecutivos como el Mejor profesor del año. Tiempo después llegó a desempeñarse como secretario general de esa casa de estudios.
Algo que lo caracterizó fue su vocación por la enseñanza y su compromiso académico por la excelencia. Disfrutaba mucho de la maravillosa experiencia de enseñar, algo que hacía con generosidad humana, condición indispensable del auténtico maestro. Esta vocación era un reflejo de la dimensión de su alma docente. Así, forjó numerosas y prestigiosas generaciones de estudiantes, quienes se convirtieron en formadores y notables profesionales.
Una preocupación permanente del doctor Delgado Barreto fue el Perú, patria que tanto amó. El conocer sus complejidades y entender los problemas más agobiantes de la sociedad peruana lo mantuvo siempre pendiente de procurar soluciones solidarias, de justicia y equidad, de reformas políticas y de cambio social.
También se desempeñó como senador de la República entre 1985 y 1990. Además fue ministro de Estado en el Despacho de Justicia entre 1988 y 1989. Fue nombrado embajador extraordinario, y lideró la delegación peruana para el 44, 45 y 46 Período Ordinario de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. Incluso se convirtió en el vicepresidente de esta comisión. Fueron responsabilidades de servicio público que ejerció de manera brillante.
Una preocupación permanente del doctor Delgado Barreto fue el Perú, patria que tanto amó. El conocer sus complejidades y entender los problemas más agobiantes de la sociedad peruana lo mantuvo siempre pendiente de procurar soluciones solidarias, de justicia y equidad, de reformas políticas y de cambio social. Estas constantes modelaron su vida e intensa experiencia profesional, académica y pública.
Fue padre de las distinguidas catedráticas doctoras María del Carmen y María Antonieta Delgado Menéndez y abuelo del distinguido catedrático doctor Milan Pejnovic Delgado. Vivió y enseñó con la justicia, la verdad, la rigurosa puntualidad, el ejemplo, la solidaridad humana y el sentido inquebrantable del cumplimiento del deber.
Fue un estudioso constante de las transformaciones del derecho, siguiendo fielmente los sucesos actuales nacionales e internacionales que inspiraron sus reflexiones, ponencias y artículos. Alcanzó a comprender las honduras de los problemas de sus semejantes como ningún otro, algo que muchos llaman sabiduría y don del espíritu que se da en los hombres justos.
Fue vitalista y encontró el optimismo en su titánica fuerza de voluntad, pundonor y sentido del deber para acometer sus responsabilidades profesionales, académicas, públicas y sociales. También llenó su inteligencia, su corazón, sus esperanzas, su tiempo y su todo en un profundo recogimiento y fe en Cristo. Justamente fue en Semana Santa que el Señor lo llamó a la gloria celestial, como hombre justo y bueno.
La trayectoria y ejemplos de vida del querido profesor César Delgado Barreto, piedra angular edificante del Departamento de Derecho PUCP y un ser humano irrepetible, nos ha fijado metas de gran altura que la comunidad de estudiantes, egresados, profesionales, administrativos y docentes valoramos y debemos seguir.
Et lux in tenebris lucet.


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