El alcalde de Zalamea es una obra de teatro escrita por el inmortal Pedro Calderón de la Barca y publicada por primera vez en 1651, que no se había presentado en la escena limeña desde hace más de 40 años. De ahí el interés del director y profesor principal de la PUCP, José Antonio Rodríguez Garrido, por rescatarla este 2026. Ello se debe, sobre todo, a que la temática que aborda la pieza es de plena actualidad. Un padre humillado se ve conminado a defender la honra de su hija mancillada en medio de una lucha de poderes entre el ejército y el alcalde de un pueblo perdido en el mapa.
El significativo valor agregado de la puesta es que se ha adaptado al contexto peruano en una versión arguediana que dialoga con nuestra identidad mestiza y rural. Las funciones van hasta el 24 de mayo en la sala Alzedo del Teatro Segura.
El reparto está compuesto por Luis Peirano, Mario Velásquez, Samantha Headrington, Alfonso Dibós, Gabriel González, Jesús Suica y Brunella Odar, entre otros destacados actores.

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Lugar: Sala Alzedo del Teatro Segura (Jirón Huancavelica 251, Lima)
Fechas pendientes: 22, 23 y 24 de mayo
Horario: 8 p.m. (viernes y sábado) y a las 6 p.m. (domingos)
Entradas: Joinnus
“La puesta en escena nace con el propósito de devolver a las tablas peruanas un patrimonio que durante siglos fue parte esencial de su desarrollo: el teatro del Siglo de Oro. El punto de inspiración es un texto medular de José María Arguedas: su tesis doctoral de Antropología, dedicada al estudio comparativo entre comunidades campesinas del valle del Mantaro en el Perú y del norte de Zamora en España”, explica Rodríguez Garrido, profesor del Departamento de Humanidades y especialista en teatro de los siglos XVII y XVIII.
Según señala, la propuesta parte de las afinidades entre el mundo de Calderón y el que hoy reconocemos como característico de la cultura peruana. “Por ejemplo, elementos musicales que conectan las tradiciones actuales con su correlato de los siglos XVI y XVII; analogías visuales entre los trajes del campesinado español y los vestidos tradicionales peruanos; y una escenografía que juega con la correspondencia entre el antiguo corral de comedias y el retablo del sur de Francia”, puntualiza. En suma, una pieza que se mantiene vigente y vibra con una fuerza que trasciende al tiempo.




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