La ingeniería detrás de las pircas: proyecto PUCP busca reducir riesgos y crear espacios verdes
Desde 2018, la Dra. Sandra Santa Cruz y un equipo multidisciplinario de la PUCP desarrollan una propuesta basada en pircas mejoradas para reducir riesgos sísmicos, fortalecer la resiliencia urbana y promover soluciones sostenibles en zonas de ladera.
El pasado martes 19 de mayo, Lima volvió a recordar su vulnerabilidad sísmica tras el fuerte temblor de magnitud 6.1 con epicentro en Ica. Aunque el movimiento dejó daños estructurales limitados, reactivó una preocupación persistente: qué tan preparada está la capital para resistir un terremoto de gran magnitud después de más de 300 años de silencio sísmico. En una ciudad donde alrededor de 2.5 millones de personas viven en zonas de ladera, muchas veces sobre pircas y construcciones informales levantadas sin supervisión técnica, el riesgo no depende solo de la intensidad del sismo, sino también de la fragilidad del terreno y de las estructuras que lo sostienen.
Frente a este escenario, una investigación liderada por la Dra. Sandra Santa Cruz, ingeniera civil de la PUCP e integrante del Grupo de Gestión de Riesgos de Desastres en Infraestructura Social y Vivienda de Bajo Costo (Gerdis-PUCP), busca responder una pregunta urgente: ¿cómo hacer más seguras las laderas urbanas? Desde 2018, el equipo explora cómo mejorar técnicas constructivas ancestrales como las pircas para reducir riesgos sísmicos, y, al mismo tiempo, transformar estos espacios en soluciones para la adaptación climática, la infraestructura verde y una ocupación más sostenible de la ciudad.
Lo que comenzó como una investigación enfocada en seguridad estructural ha evolucionado hasta convertirse en una propuesta multidisciplinaria que integra ingeniería, urbanismo, gestión pública, derecho, medio ambiente y participación comunitaria. “Eso que comenzó con un proyecto de estructuras y de seguridad estructural ya ha trascendido, y más bien es un proyecto de medio ambiente, de gestión de riesgos, de mitigación ante el cambio climático”, explica Santa Cruz.
De una preocupación a una línea de investigación
El origen del proyecto se remonta a 2018, cuando el equipo liderado por Santa Cruz obtuvo financiamiento para construir equipos experimentales y desarrollar ensayos sobre pircas, estructuras ampliamente utilizadas en zonas andinas y asentamientos urbanos construidos sobre laderas.
Eso que comenzó con un proyecto de estructuras y de seguridad estructural ya ha trascendido, y más bien es un proyecto de medio ambiente, de gestión de riesgos, de mitigación ante el cambio climático”.
La motivación inicial era concreta: comprender los riesgos asociados a la expansión urbana informal en pendientes.
“La preocupación original era la ocupación de las laderas y el riesgo sísmico. Lo primero que hicimos fue ir a constatar las condiciones en las que se construían estas estructuras”, recuerda la investigadora.
El diagnóstico reveló un problema recurrente: miles de viviendas se apoyan sobre terrazas construidas con técnicas tradicionales, pero sin supervisión técnica ni estándares definidos.
“El problema principal era la cimentación. Están sobre terrazas construidas con pircas de manera informal que no garantizan seguridad”, afirma.
Y los sismos han demostrado sus consecuencias.
“Todos los años que hay movimientos sísmicos se reportan fallas de pircas. Incluso viviendas quedan flotando porque el relleno se desplaza”, señala Santa Cruz.
¿Qué es una pirca?
Para entender la investigación, primero hay que volver a una técnica ancestral.
“Pirca es un vocablo quechua que significa ‘muro’”, explica Santa Cruz. “Lo utilizamos para referirnos a construcciones de piedra con junta seca, es decir, que no tienen mortero y funcionan por la trabazón entre las piedras”.
Estas estructuras han sido utilizadas durante generaciones en los Andes para estabilizar pendientes y construir terrazas agrícolas. El conocimiento suele transmitirse oralmente y sigue vigente en muchas comunidades.
Sin embargo, trasladar estas técnicas a Lima implica nuevos desafíos.
“Aquí estamos en una zona más sísmica y además, cuando construyen, no hay suficiente supervisión profesional”, explica.
Demostrar el riesgo, encontrar mejoras y establecer estándares según el nivel de peligro
El primer objetivo de la investigación fue comprobar si las pircas tradicionales ofrecían niveles adecuados de seguridad estructural. “Queríamos verificar lo que intuíamos: que no eran seguras y evaluar la posibilidad de mejora”, señala.
Para ello, el equipo realizó simulaciones computacionales, validaciones experimentales y pruebas de laboratorio; y los resultados permitieron desarrollar mejoras técnicas sin alterar radicalmente la práctica constructiva tradicional.
“Encontramos una forma de mejorar la técnica que no representaba un cambio mayor para los maestros y mediante la cual la estructura podría resistir mejor los sismos”, explica Santa Cruz.
Esa fue una de las principales conclusiones: aumentar la seguridad no necesariamente implica reemplazar el conocimiento ancestral, sino fortalecerlo.
Superada la etapa inicial, el equipo avanzó hacia una nueva pregunta: ¿qué nivel de seguridad puede considerarse aceptable? La investigación revisó lineamientos internacionales sobre confiabilidad estructural y probabilidad de falla.
“Hay valores máximos de probabilidad de falla aceptables dependiendo del uso y del número de ocupantes”, explica Santa Cruz. Y, a partir de ello, lograron definir requisitos distintos según la intensidad sísmica de cada zona del país.
“Se ha podido especificar una manera de construir la pirca aceptablemente para cada zona sísmica. Mientras mayor sea la intensidad sísmica, mayores son los requisitos”, afirma.
Tercera fase: convertir las laderas en corredores verdes
Hoy el proyecto ha escalado y se encuentra en una etapa distinta. Ya no busca únicamente mejorar estructuras, sino explorar cómo estas soluciones pueden transformar ciudades.
El nuevo proyecto multidisciplinario, denominado Ladera, intenta identificar dónde podrían implementarse estas técnicas en Lima para reducir riesgos y mejorar las condiciones ambientales. “La postura es reutilizar, revalorizar estas estructuras para uso en zonas urbanas y periurbanas, y hacer corredores verdes”, explica Santa Cruz.
La propuesta contempla terrazas destinadas a áreas verdes, reducción de islas de calor, regulación térmica y espacios de recreación. “Estos corredores verdes servirían para disminuir la temperatura, evitar las islas de calor y funcionar como zonas de esparcimiento”, detalla.
También podrían contribuir a ordenar procesos de ocupación urbana en laderas todavía en consolidación.
La postura es reutilizar, revalorizar estas estructuras para uso en zonas urbanas y periurbanas, y hacer corredores verdes”.
Para ello, la investigación ya salió del laboratorio. En las laderas del campus sur de la PUCP, en Santa María del Mar, el equipo ha construido cuatro prototipos reales utilizando la técnica mejorada. Estas terrazas, de aproximadamente seis metros de largo, entre tres y cuatro metros de ancho y 1.5 metros de altura, permiten evaluar el desempeño y potencial de aplicación de estas estructuras fuera del laboratorio.
“Ya no están en laboratorio, sino en unas laderas que están en Santa María del Mar. Una de las terrazas incluso se acondicionó para ver su capacidad sísmica”, explica Santa Cruz, subrayando que la investigación busca acercarse cada vez más a condiciones reales de riesgo.
Además, se ha incorporado una capa adicional al proyecto: el uso productivo y ambiental de estas terrazas. Según la investigadora, algunas ya han sido destinadas al cultivo de especies nativas de bajo consumo hídrico, como la muña.
Capacitaciones y buenas prácticas
Una característica del proyecto es su trabajo directo con pobladores y maestros constructores. “Ya hemos hecho capacitación a maestros para que construyan estas terrazas con la técnica mejorada”, comenta Santa Cruz.
Incluso algunas estructuras experimentales fueron desarrolladas mediante trabajo comunitario. “Las pircas que hemos construido han sido elaboradas por la comunidad”, señala.
El proyecto también ha involucrado aproximadamente diez tesistas entre pregrado, maestría y doctorado, además de investigadores de distintas disciplinas. Esa diversidad responde a la complejidad del problema.
“No solamente es un problema estructural. Hay que ver sistemas de riego, cultivos, impacto ambiental, aspectos legales, gestión municipal y ecosistemas protegidos”, explica Santa Cruz.
Del laboratorio hacia políticas públicas y emprendimiento
lLa siguiente etapa del proyecto apunta a la transferencia tecnológica y a su incorporación en políticas públicas. Por ello, el equipo ya mantiene conversaciones con autoridades para impulsar lineamientos y posibles ordenanzas que permitan integrar estas soluciones en proyectos urbanos. En paralelo, exploran mecanismos para transformar el conocimiento generado en servicios especializados. “Tenemos que transferir este conocimiento a las autoridades para mostrar la importancia de estos corredores verdes y dónde podrían implementarse prioritariamente”, sostiene la investigadora.
La aspiración es que la iniciativa alcance sostenibilidad a largo plazo. “Que, por un lado, existan normativas y, por otro, que este producto pueda comercializarse”, explica.
La propuesta también contempla el desarrollo de futuros spin-offs liderados por estudiantes o egresados, con el respaldo técnico de la PUCP. “La Universidad sería una especie de soporte técnico detrás de cualquier implementación”, añade.
Entre piedra, tradición e ingeniería, el proyecto busca demostrar que construir ciudades más resilientes y reducir riesgos no siempre exige partir de cero. A veces, implica recuperar saberes ancestrales, adaptarlos a los desafíos actuales y convertirlos en parte de la planificación urbana del futuro.
En esta nota
Sandra Santa Cruz
Docente PUCP y coordinadora del Grupo de Gestión de Riesgos de Desastres en Infraestructura Social y Vivienda de Bajo Costo (GERDIS-PUCP)
Doctora en Ingeniería por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), investigadora calificada del SINACYT en el nivel Carlos Monge II y profesora principal a tiempo completo del Departamento Académico de Ingeniería, Sección Ingeniería Civil, de la PUCP. Actualmente coordina el Grupo de Investigación GERDIS y lidera proyectos enfocados en la reducción del riesgo sísmico […]
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