La biografía de José Santos Chocano está marcada por hitos polémicos: su encarcelamiento tras oponerse al gobierno de Andrés Avelino Cáceres, el asesinato del joven escritor Edwin Elmore en 1925 y su trágico final, cuando fue apuñalado el 13 de diciembre de 1934, en Santiago de Chile, por Martín Bruce Padilla.
Su vida, atravesada por la agitación política y los excesos, guarda paralelismos con su proyecto político-estético, caracterizado por la grandilocuencia y la convicción de un liderazgo continental. Estos ideales encontraron eco en su recepción pública. Durante las primeras décadas del siglo XX, Chocano fue considerado uno de los mejores poetas hispanoamericanos. Una de las muestras más elocuentes de la relevancia que alcanzó fue la ceremonia organizada en 1922 por el gobierno de Augusto B. Leguía, en la que se le colocó una corona de oro.
Quienes aspiraban a ser reconocidos como artistas desafiaron el orden dominante mediante la creación de imaginarios, narrativas y estrategias performativas que afirmaran su lugar en el campo cultural».
La gran acogida de su obra no fue casual, sino parte de un entramado de prácticas políticas, discursivas y literarias. Como explican Morales Pino y Grau-Llevería (2022), siguiendo a Gutiérrez Girardot, en la América Latina de fines del siglo XIX, el sujeto creador intentaba formular una propuesta ético-estética en oposición al discurso del liberalismo burgués, que, desde su visión positivista, consideraba prescindibles al arte y a los artistas. Ante ese panorama, quienes aspiraban a ser reconocidos como tales desafiaron el orden dominante mediante la creación de imaginarios, narrativas y estrategias performativas que afirmaran su lugar en el campo cultural.
La construcción de un artista
En esa línea, la exposición Poéticas del poder y la pose explora algunas de las estrategias empleadas por Chocano para construirse como artista en oposición a ese orden. Para ello, se recurrió principalmente al valioso acervo que conforma la Colección José Santos Chocano, resguardada por el área de Colecciones Especiales del Sistema de Bibliotecas de la PUCP.
La muestra retoma también el concepto de pose finisecular de Sylvia Molloy (2017), entendido como un conjunto de gestos y prácticas identitarias que se despliegan performativamente en la escena cultural. Se plantea que Chocano recurrió a estrategias políticas, culturales y escénicas para posicionarse como figura artística. Entre ellas destaca su forma de posar ante el lente fotográfico. En varios retratos incluidos en la exposición se observan vestuarios, actitudes y escenografías que consolidaban su imagen pública como artista.
En Chocano, estas prácticas formaban parte de una puesta en escena que expresaba refinamiento y excentricidad sin subvertir los valores burgueses. (…) era percibido como una figura construida desde una masculinidad autoritaria».
Aunque algunas de estas prácticas podían asociarse con gestualidades tradicionalmente consideradas femeninas, en Chocano formaban parte de una puesta en escena que expresaba refinamiento y excentricidad sin subvertir los valores burgueses. A diferencia de Abraham Valdelomar, cuya figura del dandi transgredía las convenciones masculinas hegemónicas, Chocano era percibido como una figura construida desde una masculinidad autoritaria.
Estas tensiones no buscan resolverse en la muestra, sino visibilizarse. Poéticas del poder y la pose se plantea como una invitación a reflexionar sobre los mecanismos de legitimación que operaban en la escena cultural latinoamericana de fines del siglo XIX y cómo se entrelazaban arte, poder e imagen pública. La figura de Chocano permite abrir estos cuestionamientos, ya que supo ocupar el centro del escenario en un contexto en el que, como señala Sylvia Molloy, la exhibición era el género preferido: todo apelaba a la vista y todo se volvía espectáculo.



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