En tiempos marcados por crisis globales, polarización política y creciente desconfianza institucional, reflexionar sobre el sentido del liderazgo público se vuelve no solo necesario, sino urgente. Participar en el programa “Una Humanidad, Un Planeta: Liderazgo Sinodal” ha sido una experiencia profundamente transformadora que invita a replantear el ejercicio del poder desde una perspectiva humana, colectiva y orientada al bien común. En este espacio, líderes de más de 100 países coincidimos en una convicción fundamental: la política solo cobra sentido cuando está orientada al servicio, la comunidad y la construcción de sociedades más justas e inclusivas.
Líderes de más de 100 países coincidimos en una convicción fundamental: la política solo cobra sentido cuando está orientada al servicio, la comunidad y la construcción de sociedades más justas e inclusivas».
“Una Humanidad, Un Planeta: Liderazgo Sinodal” es un programa internacional de formación política impulsado por el Movimiento de los Focolares y la ONG New Humanity, en colaboración con la Pontificia Comisión para América Latina. La iniciativa busca fortalecer la participación de jóvenes líderes en procesos de incidencia política global, promoviendo redes de cooperación entre distintas culturas, religiones y tradiciones políticas. A través de formación académica, mentoría y trabajo colaborativo, el programa propone que los grandes desafíos del presente —la crisis ambiental, la desigualdad social, los conflictos políticos y la fragmentación institucional— requieren respuestas colectivas basadas en la fraternidad universal y la gobernanza participativa.
Como parte de este proceso, tuvimos una etapa presencial desarrollada en Roma entre el 26 de enero y el 1 de febrero de este año, en la que participamos en charlas, encuentros de trabajo y espacios de cooperación con líderes de distintas partes del mundo. Esta experiencia permitió confirmar que el diálogo intercultural no es solo una aspiración, sino una herramienta concreta para construir soluciones sostenibles frente a desafíos globales cada vez más complejos.
Esta experiencia dialoga profundamente con mi formación como egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú y en mi rol como representante estudiantil, espacios que no solo me brindaron herramientas académicas y jurídicas, sino que fortalecieron en mí una convicción profunda: el conocimiento tiene un verdadero propósito cuando se ejerce con responsabilidad social».
Durante este encuentro, tuvimos también la oportunidad de escuchar el mensaje del papa León XIV en una audiencia pública destinada solo a los participantes del programa. En su intervención, recordó que la diversidad de naciones, culturas y religiones no debe ser motivo de rivalidad, sino una oportunidad para la colaboración y el crecimiento colectivo. Su llamado a ejercer un liderazgo basado en la sinodalidad —es decir, en la escucha, el discernimiento y la búsqueda conjunta de soluciones— representa una hoja de ruta para quienes creemos en una política más humana y participativa. Asimismo, enfatizó que no puede existir paz si el mundo continúa excluyendo a los más vulnerables, recordándonos que la verdadera transformación social comienza cuando las políticas públicas colocan en el centro a quienes han sido históricamente relegados.
Esta experiencia dialoga profundamente con mi formación como egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú y con mi rol como representante estudiantil, espacios que no solo me brindaron herramientas académicas y jurídicas, sino que fortalecieron en mí una convicción profunda: el conocimiento tiene un verdadero propósito cuando se ejerce con responsabilidad social. En sus aulas comprendí que el liderazgo se construye con compromiso, escucha y conexión con la realidad del país. Esta mirada se entrelaza con mi historia personal, porque mi vocación de servicio nació y se forjó en Ventanilla, Callao, un territorio que me enseñó, desde muy joven, que el compromiso público comienza estando cerca de las personas, comprendiendo sus dificultades y trabajando junto a ellas. Desde allí aprendí que servir no es solo una meta, sino una forma de vivir la política con sentido, empatía y acciones concretas.
En esa línea, cobra especial relevancia la advertencia de que una sociedad que forma profesionales sin profundidad ética corre el riesgo de generar liderazgos superficiales, incapaces de enfrentar críticamente los desafíos sociales y culturales de nuestro tiempo. La política necesita líderes coherentes, capaces de escuchar, dialogar y actuar con responsabilidad. Esta reflexión se vincula también con el artículo La carta de León XIV y los desafíos para la PUCP, donde se subraya la necesidad de formar profesionales comprometidos con una visión ética y social en el ejercicio de su labor.
Innovar en política también es parte del compromiso con el futuro. Por lo que implica atrevernos a pensar soluciones distintas, asumir riesgos y comprender que no siempre se obtendrán resultados inmediatos».
Este proceso formativo, que aún continúa, nos invita a reconocer que innovar en política también es parte del compromiso con el futuro. Ello implica atrevernos a pensar soluciones distintas, asumir riesgos y comprender que no siempre se obtendrán resultados inmediatos. La resiliencia es una cualidad indispensable en el servicio público, pues el liderazgo no consiste en ser optimista ni pesimista, sino persistente.
Quizá uno de los mayores retos del liderazgo político es actuar pensando incluso en quienes nunca votarán por nosotros o no respaldarán nuestras ideas. Dicho enfoque permite trascender el interés personal y trabajar verdaderamente por la humanidad y el planeta, promoviendo una visión de responsabilidad global basada en la cooperación.
Estas reflexiones cobran una relevancia especial en el contexto peruano, sobre todo en un escenario electoral donde el país enfrenta nuevamente el reto de fortalecer su democracia y reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones. Los procesos electorales no solo representan la elección de autoridades, sino también momentos decisivos para reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos construir. El desafío para quienes participan en política, ya sea como candidatos, liderazgos sociales, juventudes o ciudadanía, es no perder la mirada en el bien común, evitando que el debate público se reduzca a intereses individuales, confrontaciones estériles o discursos que profundicen la polarización.
El país enfrenta nuevamente el reto de fortalecer su democracia y reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones. Los procesos electorales no solo representan la elección de autoridades, sino también momentos decisivos para reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos construir».
Las elecciones deben ser una oportunidad para proponer soluciones responsables, fomentar la participación informada y recordar que el ejercicio del poder implica, ante todo, un compromiso con el servicio público y con los cambios que nuestra sociedad requiere. En un país como el Perú, donde la ciudadanía demanda respuestas concretas frente a la desigualdad, la inseguridad y la crisis institucional, resulta indispensable formar liderazgos capaces de escuchar, dialogar y construir consensos duraderos.
El liderazgo político del presente y del futuro exige estrategia, pero también sensibilidad; exige capacidad técnica, pero sobre todo, compromiso ético. La pregunta ya no es únicamente cómo acceder al poder, sino con quién lo construimos y para quién lo ejercemos. Hoy más que nunca, necesitamos liderazgos que comprendan que la política no es el espacio del “yo”, sino el espacio del “nosotros”. Solo así podremos avanzar hacia una humanidad más justa, solidaria y en paz.



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