En medio del espanto en el que está sumida la franja de Gaza, un nudo de hechos y decisiones han hecho que, en los últimos días, Oriente Medio y buena parte del mundo se agiten aún más y se pase de la indignación a la expectativa política y judicial. El anuncio que ha provocado más turbulencias es el pedido del Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) Karim Kahn, para que se emitan órdenes de arresto contra líderes de Hamás y miembros del Ejecutivo israelí.
Los jueces de la Corte todavía tienen que aprobar tal pedido, lo que podría demorar unas semanas, pero la sorpresa, el rechazo o el entusiasmo ya cunden a escala global. Estados Unidos, aliado inquebrantable de Israel, ha rechazado la medida, lo mismo que el Reino Unido. La Unión Europea, como conjunto, ha sido cautelosa, pero movidas recientes crean otro escenario.
Israel está perdiendo la batalla mundial de la opinión pública -en la esfera de gobiernos, universidades y la sociedad civil-y no parece asumirlo».
Bélgica, Eslovenia, Francia, España y hasta Alemania, que hasta ahora había sido renuente a criticar a Israel por motivos históricos, han expresado que respetan los procedimientos del alto tribunal con sede en La Haya, en los Países Bajos. Una manera de decir, indirectamente, que la desproporcionada respuesta de Israel al ataque del 7 de octubre, que ha causado ya más de 35 mil muertos, les parece mal, terrible. O que, al menos, se tiene que investigar qué paso y qué pasa.
En Israel, por supuesto, así como en Estados Unidos, el argumento es que no se puede poner a Hamás en el mismo nivel que un gobierno democráticamente elegido. Lo que hay que preguntarse, sin embargo, es si, precisamente por esa razón, el Ejecutivo del primer ministro Benjamín Netanyahu debió medir su respuesta y no convertirla en una máquina de arrasar. No ha sido difícil para el fiscal Khan y su equipo encontrar en ella motivos para la acusación.
Israel está perdiendo la batalla mundial de la opinión pública -en la esfera de gobiernos, universidades y la sociedad civil- y no parece asumirlo. Se atrinchera en que la comunidad mundial lo ataca cuando es evidente que ha tumbado numerosos estándares de derechos humanos. Afirmar que denunciar eso es “ponerse del lado de Hamás” no tiene lógica alguna. Es imposible que el grupo integrista tenga influencia en la Unicef, la OMS, la ONU, Amnistía Internacional.
La justicia internacional simplemente está actuando como corresponde, como lo hizo con Vladimir Putin en su momento, sin que hubiera tanta grita por parte de algunas potencias occidentales».
O en la propia CPI. La justicia internacional simplemente está actuando como corresponde, como lo hizo con Vladimir Putin en su momento, sin que hubiera tanta grita por parte de algunas potencias occidentales. España, Irlanda y Noruega, por su parte, acaban de anunciar que en breve reconocerán al Estado palestino, algo que el gobierno de Netanyahu considera una afrenta, a pesar de que cada vez más países han tomado esa decisión, desde hace años, incluyendo al Perú.
¿Hay salida de este laberinto? Si para el actual gobierno israelí, cuya impopularidad es creciente al interior de su propio país, incluso pedir un “alto al fuego” es apoyar a los islamistas, no la hay. Es cierto que las negociaciones son complejas, que Hamás también quiere todo o nada, y que no le importan las órdenes de detención para sus miembros. Pero si un país que se tiene por democrático, por defensor de ciertos valores, no hace la diferencia, el espanto continuará. No puede ser que la única respuesta frente a la actual coyuntura sea encerrarse en sí mismo.



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