Un encuentro con Borges, más allá del tiempo

La PUCP le otorgó el título de doctor honoris causa al escritor argentino Jorge Luis Borges en 1978.

Por Alonso Cueto

Escritor y profesor del Departamento de Humanidades

Un encuentro con Borges, más allá del tiempo

12.06.2026

“Qué lindo es el Perú”, dijo esa noche después de darme la mano, apoyado en su bastón. “Y además de todo, hace poco probé un gran postre, con un título muy apropiado, suspiro a la limeña”, agregó. Había entrado a la reunión con una sonrisa perdida, dirigida desde su ceguera a todos los que lo recibíamos en esa casa. Estábamos en Austin, era el año 1983 y Borges, sostenido del brazo de María Kodama, era inmensamente feliz. Recién se había acomodado con gracia a la fama (siendo joven, su timidez lo había llevado a delegar la lectura de sus discursos en Oliverio Girondo).

En ese viaje había vuelto a la Universidad de Texas, que, en 1961, cuando su prestigio aún no era universal, lo había acogido como profesor. Había sido una de las primeras instituciones en reconocer su genio que en 1964 la revista L´Herne consagraría en una edición especial.  Al final de esa noche, llena de anécdotas y recuerdos, pidió a María Kodama recitar el Padre Nuestro en anglosajón, luego mi amigo Ángel Delgado lo hizo en latín y, cuando me llegó el turno, cumplí con decir unas líneas de Eguren, uno de sus poetas preferidos (Vallejo, en cambio, le parecía “patético”). 

Estábamos en Austin, era el año 1983 y Borges, sostenido del brazo de María Kodama, era inmensamente feliz».

Al día siguiente, acompañamos a Borges y a María Kodama a un paseo por la ciudad. Su primera intención fue visitar las lunas artificiales (antiguos torreones desde donde se iluminaba Austin a comienzos de siglo). Mientras caminábamos, Borges me dijo: “¿Se ha dado usted cuenta de la musicalidad que tiene el comienzo del Quijote?”. De inmediato recitó las primeras famosas frases de Cervantes. Siguió hablando del Quijote mientras avanzábamos y luego pasó a hablar de Alonso de Avellaneda y del “Espejo” de Enrique Banchs. Al ver una paloma, recordó en voz alta los famosos versos de Ricardo Jaimes Freyre: “Peregrina paloma imaginaria – que enardeces los últimos amores…”.

Su llegada a la Universidad de Texas fue un gran evento, coronado por su conferencia multitudinaria. La noche de su charla, mientras iba en el carro hacia el teatro, se sentía inquieto por el tamaño del auditorio y repetía sin parar las dos primeras palabras de su conferencia: “Ladies and gentleman”. Según nos dijo, si lograba decir esas dos palabras, el resto vendría solo. Como el ascensor tardaba en llegar, dijo que sería mejor tomar las escaleras “que ya terminaron de inventarse”. En su biografía, Emir Rodríguez Monegal contaba que, cuando era un niño pequeño, sus padres lo corregían de alguna malacrianza ordenándole: “Di que lo has hecho sin querer.” La respuesta era inmediata. “Lo  he hecho con querer”.

Todas estas historias revelan su identidad, la de una persona que solo entendía la vida en su relación diversa con las palabras. El de un escritor que fue más allá de crear un universo poblado de laberintos, espejos y dobles. Creó un lenguaje que nos hizo vivir  entre sus palabras para siempre».

Unas horas antes habíamos estado en el vestíbulo del edificio donde él había vivido con su madre durante varios meses en 1961. Al entrar, Borges miró hacia arriba y susurró con una sonrisa: “Aquí estoy, madre. Aquí estamos con María”.

Todas estas historias revelan su identidad, la de una persona que solo entendía la vida en su relación diversa con las palabras. El de un escritor que fue más allá de crear un universo poblado de laberintos, espejos y dobles. Creó un lenguaje que nos hizo vivir  entre sus palabras para siempre.

Cuando fui a despedirlo al aeropuerto, me dijo que le hacía mucha ilusión partir a Nueva York. Sin embargo, agregó, para un hombre de su edad, la ilusión en el futuro tenía poco significado.

Lo vi alejarse hacia el avión, bajo el mediodía luminoso de Austin. Pensé que tenía razón. El futuro tenía poco significado porque la eternidad lo había alcanzado en vida. Había creado un universo para que sus lectores viviéramos en él. Hoy cumple cuarenta años de muerto, pero está más allá del tiempo.  

Ceremonia de entrega del título de doctor honoris causa a Jorge Luis Borges

En esta columna

Alonso Cueto

Alonso Cueto

Escritor y profesor del Departamento de Humanidades
Es licenciado en Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú y doctor en Literatura por la University of Texas at Austin, donde defendió una tesis sobre Juan Carlos Onetti. Es profesor principal en la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro de la Academia Peruana de la Lengua. Es autor de una decena de […]

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