Mons. Jordi Bertomeu: “Los problema de abusos en el Perú y en otros países exponen enfermedades que también afectan a las sociedades donde se dan”

Monseñor Bertomeu (España, 1968) lleva 14 años siendo oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe en la Santa Sede. Estuvo en la PUCP para la presentación del libro "Abusos eclesiales en América Latina. Una crisis en el corazón del catolicismo", editado por Veronique Lecaros y Ana Lourdes Suárez, y publicado por el Fondo Editorial PUCP.

Entrevista a Mons. Jordi Bertomeu Farnós

Oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede

Mons. Jordi Bertomeu: “Los problema de abusos en el Perú y en otros países exponen enfermedades que también afectan a las sociedades donde se dan”

El comisario pontificio de la Santa Sede en el caso Sodalicio se encuentra en el Perú escuchando a las víctimas que aún necesitan ser reparadas como parte del proceso de supresión de ese grupo católico. Él conversó con PuntoEdu sobre este tema, pero también sobre las lecciones aprendidas por parte de la Iglesia, la correspondencia entre esta y la sociedad que la alberga, y los motivos que gatillan los abusos en América Latina.

Entrevista: Gabriela Machuca Castillo
Fotos: Melissa Merino
22.05.2026

El investigador del Vaticano está afónico. Le cuesta demasiado hablar. Tiene un té muy caliente frente a él que ya lleva el zumo completo de un limón. Alguien le alcanza una pequeña botella de miel y presuroso vierte un tercio del contenido. Cuenta con 30 minutos para dar esta entrevista y, sin descanso, presentar en el auditorio de Estudios Generales Letras el libro de un tema aciago que conoce bien: Abusos eclesiales en América Latina. Una crisis en el corazón del catolicismo, editado por Veronique Lecaros y Ana Lourdes Suárez, y publicado por el Fondo Editorial PUCP.

Monseñor Jordi Bertomeu es, desde hace 12 años, el oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, un tribunal supremo perteneciente a la Iglesia católica que se ocupa de los delitos más graves que se comenten en ella. También es el comisario pontificio de la Santa Sede en el caso Sodalicio, trabajo que lo tiene en el Perú desde inicios de mayo escuchando a víctimas que aún necesitan ser reparadas tras sufrir vejaciones de toda índole por parte de la extinta sociedad de laicos y religiosos. Aquel fue un encargo directo del Papa Francisco y, ahora, de León XIV. Le pregunto si quiere posponer la conversación y se rehúsa moviendo la cabeza de modo enfático. No trata seguido con la prensa, y tampoco son muchas las chances que posee de respaldar la aparición de estudios dedicados y profundos referidos a esta problemática. Tiene claro que discutir sobre ella es un menester ineludible. Su deber para contribuir a poner alto y a prevenir. Es importante para él hacer el esfuerzo, algo hará el té con limón y miel. Con fe, entonces, comienza a responder.     

Lleva más de tres semanas en Lima escuchando testimonios de víctimas del caso Sodalicio. Ha dicho que entre ellas ha identificado personas cuyas vidas han sido destruidas para siempre. Dado ese nivel de gravedad, ¿qué puede hacer la Iglesia católica por ellas?

Lo principal es reconocerlas como tales, como víctimas. Entender que ha habido una injusticia que se ha cometido contra ellas y que la institución no supo protegerlas. Para ello, se tiene que trabajar en dos aspectos. El primero tiene que ver con llevar a cabo una gestión jurídica de injusticia, es decir, devolverles lo que se les ha robado. Esta tiene que ser seria, rigurosa, reparativa. La segunda acción se vincula a ejecutar una prevención bien estructurada. Eso conlleva tener ambientes eclesiales sanos y seguros. ‘Sanos’ en los que la obediencia no sea ciega, sino entendida como una expresión de un diálogo entre personas adultas que buscan juntas la verdad y lo que más le conviene al vínculo. ‘Seguros’ porque las instituciones eclesiales deben ser ámbitos en el que eres reconocido en tu dignidad, esa identidad única que Dios te ha dado. Y, además, deben ser ‘trasparentes’. La forma de comunicarse con las víctimas tiene que ser humilde, empática y verdadera. Ya son víctimas, peor sería que les mintiésemos. Todo eso, creo yo, puede ayudar a sanar esta crisis que provocan los abusos.

(…) Hay otras víctimas en la Iglesia. Es el caso de los adultos vulnerables. En el Sodalicio, hemos encontrado muchos adultos abusados en la conciencia y de forma espiritual. Aquella era una estructura de poder y de autoridad absolutamente tóxica, sectaria, dijo el Papa Francisco, y, por eso, se suprimió. Entonces, es la primera vez que la Iglesia actúa de manera decidida contra una estructura abusiva con esas características».

¿Qué hace que el caso Sodalicio sea diferente de otros casos que ha investigado?

Con el tema del Sodalicio, la Iglesia ha tenido un primer intento de poner en relieve que hay víctimas distintas a los menores de edad que han sufrido abuso sexual por parte de clérigos. Es decir, hay otras víctimas en la Iglesia. Es el caso de los adultos vulnerables. En el Sodalicio, hemos encontrado muchos adultos abusados en la conciencia y de forma espiritual. Aquella era una estructura de poder y de autoridad absolutamente tóxica, sectaria, dijo el Papa Francisco, y por eso se suprimió. Entonces, es la primera vez que la Iglesia actúa de manera decidida contra una estructura abusiva con esas características. En este caso, hay adultos vulnerables que hay que tutelar y proteger de toda forma de coacción y de ejercicio de poder tóxico.

¿Qué implica de forma ineludible el proceso de reparación de las víctimas?

Los dos Papas, Francisco y León XIV, han querido que estas víctimas reciban un doble tipo de reparación. En lo posible, digamos, porque una víctima nunca será suficientemente reparada en el mal que se le ha cometido. Pero debería ser, primero, una indemnización económica. Aquí hay gente que necesitará dinero para poder seguir adelante. Hay que decir que las víctimas casi nunca piden dinero, pero lo necesitan. Y, luego, una compensación que tiene una forma simbólica que para ellas también es muy necesaria. Lo explico con un ejemplo: el sábado iremos a Catacaos para estar con unos comuneros que han sufrido durante años el acoso de empresas ávidas de su territorio, de su terreno. El Papa Francisco reconoció esto en un video que les envió. Una de las cosas que pedían estos comuneros era una misa funeraria para dos de ellos que murieron en el anonimato y en la indiferencia de una sociedad que no quería ver este sufrimiento de uno de los primeros pueblos originarios reconocidos como tales en Perú. Esta misa funeraria es una forma de reparación. Esa misa exequial es una compensación simbólica de un mal recibido.

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nuevas víctimas del caso Sodalicio se han registrado en los últimos días durante las audiencias que lleva a cabo monseñor Jordi Bertomeu, según él mismo ha afirmado. Muchas afirman haberse animado a relatar sus experiencias, luego de que, por mandato del Papa Francisco, la agrupación fuera disuelta.

¿Qué sigue ahora en este proceso de supresión del Sodalicio?

Estos días hemos escuchado a todos aquellos que se han acercado a pedir una reparación. A partir de ahora empieza otra etapa que es solicitar a quienes formaban parte del Sodalicio que atiendan esa reparación económica con los bienes que tienen. Que pongan esos bienes a disposición de las víctimas. Mi tarea, como comisario obligador, será concretar esta otra fase de este proceso de liquidación.

¿Eso implica que usted va a seguir viniendo?

Seguramente tendré que volver.

¿Qué debería aprender la sociedad peruana —no solo la Iglesia— de este caso?

Una cultura abusiva en la Iglesia replica la cultura abusiva de la sociedad en la que vive. La Iglesia siempre vive encarnada a una sociedad concreta. Y, por eso, este problema de abusos en el Perú y en otros países expone enfermedades que también afectan a las sociedades donde se dan los abusos. El Perú padece, particularmente desde el 2016, de un grave problema institucional. Una institucionalidad herida, frágil. Hay una deslealtad institucional por parte de aquellos que tendrían que cuidar el bien común.

Hasta hace no tanto se pensaba que el escándalo era peor que el mismo abuso. Hoy sabemos que lo peor siempre es el abuso. Siempre. El escándalo no se suprime tapando el abuso. Por el contrario, el escándalo se suprime sacando el abuso a la luz y luchando contra él. Por eso, la Iglesia está aprendiendo a hacer estas investigaciones, a perseguir el encubrimiento como un crimen».

De la clase política, judicial.

No podemos generalizar porque siempre hay personas que quieren y trabajan por el bien de todos. Pero sí hay una buena parte de esta clase política judicial que es acusada por los peruanos de complicidad con la corrupción, con la informalidad. Entonces, estos abusos que hemos detectado en el seno de la Iglesia son también reflejo de los abusos que ocurren en la sociedad peruana. Por lo tanto, la Iglesia puede ser un acicate, un estímulo para sanar este tipo de manera de vivir en la sociedad.

Cartas en el asunto

En los últimos años, la Iglesia viene difundiendo, con mayor interés y frecuencia, información sobre las investigaciones de los casos de abuso que ocurren dentro de ella. ¿Por qué resulta una labor a la que se le viene prestando más dedicación a diferencia de lo que ha pasado históricamente, que era ‘esconder la suciedad debajo de la alfombra’?

Hemos vivido siglos y siglos en sociedades muy autoritarias. Estas están aprendiendo a vivir en democracia, en respeto por los derechos humanos, en igualdad de oportunidad. Es decir, la sociedad avanza. La tendencia es esa. Además, vivimos un mundo globalizado, un mundo en el que ha entrado el Internet, en el que la comunicación es más abierta, más fluida. Donde es más difícil esconder lo negativo. Y la Iglesia aprende también a vivir en esta sociedad más abierta y democrática. Y este aprendizaje a veces es duro. Se hace también con experiencias traumáticas como esta crisis de abusos. Entonces, hasta hace no tanto se pensaba que el escándalo era peor que el mismo abuso. Hoy sabemos que lo peor siempre es el abuso. El escándalo no se suprime tapando el abuso. Por el contrario, el escándalo se suprime sacando el abuso a la luz y luchando contra él. Por eso, la Iglesia está aprendiendo a hacer estas investigaciones, a perseguir el encubrimiento como un crimen, a exigir responsabilidades a aquellos que son especialmente negligentes con los más vulnerables.

¿Qué hace la Iglesia con las autoridades eclesiales que sí encubren el escándalo?

Eso siempre ha sido considerado un abuso de autoridad, castigado incluso penalmente. El castigo tendría que haber sido más efectivo, pero no pasó porque se toleraba mucho el encubrimiento. En el año 2019, el Papa Francisco saca una nueva ley: Vos estis lux mundi. En ella, se castiga explícitamente este tipo de encubrimiento. Estas leyes son las que permiten que todas las denuncias sean acogidas. Más allá del castigo, esto es pedagogía para todos. Para que todos estén conscientes de que en la Iglesia el encubrimiento no es bueno. Que tapar tiene consecuencias porque es todo lo contrario de lo que predicamos y somos. Todos somos hijos de un Dios bondadoso y todos somos hermanos. Que un hermano o una hermana tuyo sufra esta cosificación es abuso.

Presentan el libro "Abusos eclesiales en América Latina"

El Fondo Editorial PUCP acaba de publicar el libro Abusos eclesiales en América Latina. Una crisis en el corazón del catolicismo, editado y compilado por la jefa (e) del Departamento de Teología PUCP, Dra. Veronique Lecaros, y la Dra. Ana Lourdes Suárez (Argentina). Se centra la problemática en el contexto latinoamericano y analiza cómo los abusos cometidos dentro de la Iglesia católica forman parte de un tema global que adquiere connotaciones específicas según los contextos socioculturales.

La publicación integra investigaciones realizadas por 21 autores de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú y Uruguay.  En estas se abordan las múltiples formas de abuso ejercidas contra niños y adultos, además de los contextos donde ocurren y los efectos devastadores en las víctimas, sin dejar de plantear las siguientes preguntas: ¿cómo identificar las dinámicas y prácticas eclesiales que sustentan abusos?, ¿cómo quebrar la cultura de silenciamiento?, ¿cómo atender el sufrimiento de las víctimas?, ¿cómo prevenir abusos?

La presentación del libro se realizó en el campus de la PUCP el pasado 20 de mayo. La mesa fue presidida por la Dra. Lecaros, quien estuvo acompañada de monseñor Jordi Bertomeu y la Dra. Ana Mercedes Caro, docente del Departamento Académico de Psicología. La doctora Suárez también participó en el evento a través de un video.

«Las primeras conclusiones a las que llegamos al empezar el estudio es que un abuso en el norte global no es igual al que ocurre en América Latina. Nos dimos cuenta de que las realidades son diferentes. Ahora, América Latina tampoco es un bloque. Ni siquiera el Perú o Lima. El mundo urbano también es distinto del rural. Entender todos esos contextos motivó nuestro deseo de estudiarlos», detalla la Dra. Lecaros, quien puntualiza que todo este proceso comenzó entre el 2019 y el 2020. Asimismo, se destacó durante la velada que en el trabajo ha sido clave la inclusión de los testimonios de las víctimas.

La publicación cuesta S/60 y puede ser adquirida aquí.

¿Qué lecciones está aprendiendo la Iglesia sobre dar la aprobación canónica a organizaciones que la solicitan?

En otros momentos históricos, no muy lejanos, se concedía la aprobación canónica con una cierta ligereza pensando que el presunto carisma de una organización solicitante era un bien para la Iglesia en general, sobre todo si se intuía que había una motivación política de fondo. Hemos aprendido que eso no es así. Un carisma auténtico debe ser discernido con criterios eclesiales, no políticos. Este discernimiento de un carisma significa que tiene que haber unos criterios objetivos, que no tiene que depender de la simpatía que suscite aquella autoridad eclesiástica que debe conceder la aprobación.

¿Están siendo más rigurosos?

Estamos aprendiendo, creo que todos, a ser más exigentes con aquellas aprobaciones que se nos vienen de nuevas formas asociativas o carismáticas a la Iglesia y a la vez también ser más exigentes con aquellas ya constituidas. Y ojalá, a partir de este caso del Sodalicio, las autoridades eclesiásticas a todo nivel, diocesano y del Vaticano, se comprometiesen a hacer un seguimiento más de cerca de cualquier tipo de movimiento o asociación religiosa, especialmente cuando emergen denuncias de presuntos abusos cometidos en ellos. Porque, insisto, la Iglesia tiene el deber de tutelar a todos sus hijos.

Para evitar que se cometan nuevos abusos, el Papa León XIV habla de arraigar la cultura de la prevención. ¿De qué van estas acciones?

Hablamos hace un rato de relaciones sanas y seguras en la Iglesia. Pero estas acciones tienen variadísimas modalidades. Y aquí entra también el concepto de sinodalidad. La cultura de prevención y del cuidado no depende solo de las acciones que toma la jerarquía. Todo el pueblo de Dios tiene que tomar conciencia de ello. Porque es en todos los niveles donde puede haber cultura abusiva. No solo a nivel de grandes organizaciones de la Iglesia, como en el caso del extinto Sodalicio. Sucede también en la familia, en el grupo de catequesis, en la escuela, en una universidad. Entonces, puede haber acciones en la lógica del abuso o en la lógica de la prevención. Por ello, Francisco exige que todo el pueblo de Dios haga una reflexión sobre el ejercicio del poder en la Iglesia.

Los dos Papas han tenido en mente cómo hacer que la prevención llegue a todos y cada uno de los lugares y a las personas de Iglesia. Que no se quede en grandes principios, que no se quede en brindis al sol, sino que realmente sea una realidad».

El Papa León XIV ha retomado esta lucha.

Y le dará seguramente un nuevo impulso. Los dos Papas han tenido en mente cómo hacer que la prevención llegue a todos y cada uno de los lugares y a las personas de Iglesia. Que no se quede en grandes principios, que no se quede en brindis al sol, sino que realmente sea una realidad.

La confianza del ‘católico de a pie’, si se permite el término, se daña seriamente cada vez que se conocen nuevos casos de abusos por parte de autoridades de la Iglesia, especialmente de las que son más cercanas, como el párroco o el líder de la catequesis o la pastoral juvenil. ¿Qué está haciendo la Iglesia para que los fieles recuperen la confianza en ellos?

Los abusos destruyen el tejido de confianza eclesial, claramente. Y eso es muy difícil de reparar. Esto es lo que muchos no entienden en la Iglesia… Los abusos provocan crisis y reparar lo roto cuesta muchísimo. Por eso, hay un deber de vigilancia, un deber de estar atentos para que esto no se repita, un deber de tratar estos casos correctamente y hasta las últimas consecuencias.

Casos de abuso eclesial hay en todo el mundo. ¿Cómo priorizan cuáles y dónde atender?

No hay una priorización. Es decir, nosotros tenemos que estar en todas partes. Lo que sí vemos es que hay países episcopados más sensibles que otros.  El deber que tenemos es priorizar los lugares en donde las cosas se hacen mal para corregir. La visión desde Roma es muy universal, por lo que se puede ver, desde una atalaya, diferentes sociedades y culturas católicas y cómo afrontan este tema.

Los abusos destruyen el tejido de confianza eclesial, claramente. Y eso es muy difícil de reparar. Esto es lo que muchos no entienden en la Iglesia… Los abusos provocan crisis y reparar lo roto cuesta muchísimo. Por eso, hay un deber de vigilancia, un deber de estar atentos para que esto no se repita».

¿En qué posición está América Latina?

En un nivel medio. Hay regiones del orden católico más sensibles a este tema de los abusos porque llevan más años también de cultura democrática. Espero que Latinoamérica, poco a poco, vaya saliendo de ello, porque, como decía el Papa Francisco, el problema de los abusos, en el fondo, no es un problema de sexo, es un problema de elitismo, de clericalismo. En los países latinoamericanos, las élites católicas, especialmente el clero, son muy reconocidas y es bueno que sea así. Pero a veces se abusa de ello, se abusa de este reconocimiento y se prioriza el hecho de estar arriba, el hecho de pertenecer a una élite. Con lo cual, estas élites católicas se dan unos privilegios que nadie les ha dado y esto no es bueno. Por este motivo, es muy importante que Latinoamérica avance en este camino de lucha contra los abusos, porque también ayuda a las sociedades a progresar en tutela y defensa de los derechos humanos, de la democracia, de la igualdad.

En los países latinoamericanos, las élites católicas, especialmente el clero, son muy reconocidas y es bueno que sea así. Pero a veces se abusa de ello, se abusa de este reconocimiento y se prioriza el hecho de estar arriba, el hecho de pertenecer a una élite. Con lo cual, estas élites católicas se dan unos privilegios que nadie les ha dado y esto no es bueno».

Una última pregunta, esta vez sobre su oficio. Gran parte de su trabajo implica escuchar historias desgarradoras todo el tiempo. También ser blanco de ataques por parte de los investigados y sus allegados. Lo viene haciendo desde hace 12 años. ¿Qué lo motiva a no claudicar y a seguir?

He recibido ataques durísimos en este oficio, en este trabajo, que me han confiado personalmente el Papa Francisco y ahora el Papa León. Como digo medio en broma, medio en serio, me han convertido en un pararrayos. Sí que me llevó muchos rayos y algunos dolorosos. Pero, por otra parte, me han hecho mucho más empático con el sufrimiento de otras víctimas, porque no siempre me puedo defender. De hecho, doy muy pocas entrevistas y no puedo hablar exactamente de qué es lo que me están haciendo y quién lo hace. Lo tengo que trabajar de otra manera.

¿Cómo lo hace?

Trato de mirar el asunto como lo que es: los abusos y las víctimas son las heridas de la Iglesia hoy. Heridas del cuerpo de Cristo transfiguradas, lo que antes eran heridas de muerte, de sufrimiento, de traición, de frustración, de pecado… Cuando Jesús se aparece a Tomás, aquel segundo domingo de Pascua, se habla de heridas que producen un encuentro. Le dijo: “Tomás, en estas heridas me podrás encontrar”. Entonces, acercarte a las heridas de la Iglesia, que son los abusados, también es un camino espiritual. Yo lo vivo así y eso me ayuda mucho a continuar. 

En esta entrevista

Mons. Jordi Bertomeu Farnós

Mons. Jordi Bertomeu Farnós

Oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede
Tras estudiar Derecho en la Universidad Central de Barcelona, monseñor Jordi Bertomeu ingresó en 1989 al Seminario de Tortosa (España), donde consiguió el bachillerato en Teología. Fue ordenado presbítero en 1995. Es licenciado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana y obtuvo su doctorado por la misma institución en el 2013. Durante el pontificado […]

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Una respuesta
  1. Avatar de Ana Oblitas
    Ana Oblitas

    pienso que los abusadores son personas enfermas que no conocen el límite, al igual que ha todo profesional se le hace un informe sicológico para aplicar a alguna labor, a los del clerico o laicos no se les debe excluir, se les debe hacer un perfil sicológico antes de acceder a algun trabajo

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