La bandera bicolor que esperó 50 años para ondear: lo que hizo Tacna para conservar su identidad durante la ocupación chilena
Cada 28 de agosto se realiza en Tacna el Paseo de la Bandera, una concurrida manifestación en la que los ciudadanos y ciudadanas rememoran el regreso de la urbe al Perú tras permanecer bajo dominio de Chile.
La ciudad vivió décadas de zozobra como consecuencia de políticas inciertas una vez terminada la Guerra del Pacífico. Hasta su reincorporación al Perú en 1929, sus habitantes mantuvieron vivo un genuino sentimiento de pertenencia a través de la educación en las escuelas, las charlas familiares y los símbolos patrios, consiguiendo formar así una férrea memoria colectiva.
Texto:Álvaro Yovera
Fotos:Agencia Andina y El Peruano
25.08.2026
Cada 28 de agosto, los tacneños recorren sus calles en una de sus tradiciones más representativas: el Paseo de la Bandera. Miles de personas acompañan a este símbolo patrio que, más que conmemorar una fecha histórica, concentra décadas de recuerdos, tensiones y una pregunta que marcó a generaciones enteras: ¿cómo mantener viva la identidad peruana cuando el territorio sobre el que se erige la ciudad se encuentra fuera de las fronteras del país?
Para comprender el significado del acto, es necesario volver la mirada hacia los años posteriores a la Guerra del Pacífico, cuando Tacna quedó bajo ocupación chilena. Una situación que se extendió entre 1880 y 1929, año en que la urbe se reincorporó al Perú.
A fin de entender cómo se desarrolló esa etapa histórica, PuntoEdu conversó con el Dr. Alejandro Takaezu, historiador egresado de la PUCP, y doctor en Historia Medieval y Moderna por la Universidad de Hamburgo. El vínculo del experto con Tacna surgió de vivencias personales: aunque nació en Lima, vivió cuatro años en la Ciudad Heroica y cursó gran parte de su secundaria en el Colegio Cristo Rey, entre 2000 y 2003. Allí hizo amistades y desarrolló un cariño por el lugar que, tiempo después, se convertiría en el impulso para estudiar su pasado. Su investigación doctoral profundizó en la historia de Tacna y Arica antes de la Guerra del Pacífico, lo que implicó analizar las dinámicas sociales, económicas y territoriales que caracterizaban a esta región.
Mientras el Perú apelaba a una pertenencia construida desde la historia, las tradiciones y una memoria compartida, Chile planteaba una basada en la elección de ciudadanía y en la idea de progreso asociada a su Estado».
Una ciudad ocupada, una identidad en disputa
Tras las batallas de Tacna (Alto de la Alianza) y Arica, en 1880, ambas provincias quedaron bajo el control de Chile. Tres años después, esta situación se formalizó con la firma del Tratado de Ancón, que estableció que los dos territorios permanecerían bajo administración del país del sur durante diez años, tras los cuales debía realizarse un plebiscito para definir su futuro. Sin embargo, la consulta nunca se llevó a cabo en el plazo previsto, lo que dio inicio a décadas de disputa diplomática y política entre Perú y Chile.
Durante esos primeros años, la estrategia chilena buscó mantener la normalidad de la vida cotidiana en una zona comercialmente importante. Pero con la expectativa de un futuro plebiscito, explica el historiador, se inició también un proceso conocido como “chilenización”, cuyo objetivo era influir en la población para que optara por permanecer bajo administración de esa nación.
Las familias, especialmente las mujeres, asumieron un papel fundamental: en muchos hogares continuaron enseñando a los niños y preservando conocimientos, símbolos y relatos vinculados al Perú”.
Según Takaezu, en esta etapa, se enfrentaron dos formas distintas de entender la identidad. Mientras el Perú apelaba a una pertenencia construida desde la historia, las tradiciones y una memoria compartida, Chile planteaba una basada en la elección de ciudadanía y en la idea de progreso asociada a su Estado.
Espacio para la memoria y el rol vital de las tacneñas
La identidad peruana en Tacna se mantuvo viva durante los albores de la ocupación a través de los espacios cotidianos. Las escuelas peruanas, los periódicos y las reuniones sociales se convirtieron en lugares donde las costumbres, los recuerdos y el sentido de pertenencia pudieron preservarse y transmitirse dentro de la comunidad.
Luego, cuando las autoridades chilenas cerraron las escuelas peruanas, la transmisión de esa identidad encontró nuevos espacios. “Las familias, especialmente las mujeres, asumieron un papel fundamental: en muchos hogares continuaron enseñando a los niños y preservando conocimientos, símbolos y relatos vinculados al Perú”, puntualiza Takaezu.
Tras la guerra, las tacneñas cimentaron en el corazón de las nuevas generaciones un profundo amor por el Perú.
Su papel revela una dimensión menos visible de la ocupación: la identidad nacional también se sostuvo lejos de los espacios políticos, en la intimidad de los hogares y en prácticas cotidianas que permitieron que una generación transmitiera a la siguiente aquello que consideraba propio.
Cuando una identidad se convierte en resistencia
La situación cambió en los primeros años del siglo XX. “La presión sobre la población peruana aumentó y la identidad dejó de expresarse únicamente como una tradición cultural para convertirse también en una forma de resistencia”, comenta Takaezu. La prohibición de símbolos patrios, la persecución a quienes defendían públicamente la peruanidad y las restricciones sobre espacios de expresión marcaron, como consecuencia, una etapa mucho más compleja.
Una de las manifestaciones más simbólicas en torno a ello se evidenciaba durante el Paseo de la Bandera. Esta procesión, realizada en los primeros años del siglo XX, reunía a muchos tacneños y tacneñas que mostraban cómo el sentimiento peruano seguía profundamente presente. La expresión colectiva de afecto sería prohibida después por las autoridades chilenas, de ahí que la bandera bicolor dejara de ser solamente un símbolo nacional y pasara a representar la memoria de una comunidad que buscaba mantener visible aquello que no podía expresar libremente.
La presión sobre la población peruana aumentó y la identidad dejó de expresarse únicamente como una tradición cultural para convertirse también en una forma de resistencia”.
Para Takaezu, este cambio marca un punto de inflexión en la historia de la ocupación. Mantener la identidad peruana dejó de ser únicamente una cuestión de memoria o tradición, y comenzó a implicar enfrentar persecuciones, señalamientos y episodios de violencia.
Ciudadanos de Tacna salen a las calles para celebrar la reincorporación de Tacna al Perú en 1929.
Hay que subrayar, apunta el historiador, que los símbolos patrios adquirieron, a fines del siglo XIX, un papel fundamental en la construcción de las identidades nacionales. Estos tienen un valor enorme cuando existe un conflicto entre dos naciones porque concentran aquello que cada país busca defender. Por eso, capturar la bandera del enemigo no significaba únicamente tomar un objeto, sino obtener un símbolo de victoria sobre la identidad del otro.
En Tacna, ocurrió el proceso inverso: conservar la bandera significaba también preservar una memoria. Por eso, el Paseo de la Bandera trascendió como una tradición histórica. Esta celebra cómo una comunidad logró transmitir, generación tras generación, una identidad que sobrevivió incluso cuando su territorio estaba en disputa.
Desfiles también formaron parte de los festejos de 1929.
La política peruana y el largo camino hacia 1929
Mientras Tacna vivía esta transformación interna, el Perú atravesaba distintos periodos políticos marcados por inestabilidad y cambios de gobierno. Aunque lo que ocurría allá era de interés de la opinión pública, la solución diplomática avanzaba lentamente. Takaezu señala que hubo cierta dejadez del gobierno central por resolver el tema durante varios años. Eso pese a que la prensa, los círculos culturales y la sociedad mantenían vivo el reclamo por las provincias cautivas.
El intento más importante llegó durante el gobierno de Augusto B. Leguía, quien buscó resolver conflictos fronterizos mediante mecanismos internacionales. En este proceso, tuvo un papel importante el arbitraje de Estados Unidos, aunque las condiciones para realizar un plebiscito justo resultaron imposibles debido al clima de hostigamiento y violencia denunciado por los observadores internacionales.
Finalmente, el Tratado de Lima de 1929 estableció la reincorporación de Tacna al Perú, mientras que Arica permaneció bajo soberanía chilena. Eso no significó, empero, una celebración sin matices. Takaezu describe el momento posterior a ese acuerdo como un periodo de “sentimientos agridulces”. “Mientras en Tacna predominó la alegría por retornar al Perú, en Arica apareció una sensación de abandono al quedar definitivamente bajo soberanía chilena”, acota.
Mientras en Tacna predominó la alegría por retornar al Perú, en Arica apareció una sensación de abandono al quedar definitivamente bajo soberanía chilena».
La reincorporación cerró un capítulo político, pero no eliminó la complejidad de una historia marcada por fronteras, identidades y memorias compartidas. Hoy, casi un siglo después, el Paseo de la Bandera continúa recordando un proceso histórico que fue mucho más profundo que un cambio territorial.
Lo ocurrido con Tacna muestra que una identidad no depende únicamente de quién administra un territorio. También vive en las personas que conservan sus recuerdos, transmiten sus tradiciones y encuentran formas de mantener presente aquello que consideran suyo. Porque antes de volver oficialmente al Perú, Tacna tuvo que conservar algo más difícil de recuperar: la memoria de quién era.
Licenciado en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), maestro en Gerencia Social PUCP, y doctor en Historia Medieval y Moderna por la Universidad de Hamburgo, Alemania. Su investigación doctoral, titulada “La ciudad, el ferrocarril y el puerto: élite y progreso en la región de Tacna y Arica en la era del guano […]
Deja un comentario