Los retos urgentes: las reformas que la salud pública ya no puede seguir postergando

Los retos urgentes: las reformas que la salud pública ya no puede seguir postergando

La pandemia dejó al descubierto las fracturas del sistema sanitario peruano, pero muchas de sus lecciones quedaron inconclusas. Hoy, con brechas territoriales persistentes y servicios fragmentados, especialistas PUCP plantean que el próximo gobierno deberá asumir reformas urgentes para evitar un mayor deterioro de la salud pública.

Texto: Joana Cervilla
Fotos: Agencia Andina
28.05.2026

En el debate de equipos técnicos realizado el último domingo, la salud pública apareció como el último bloque de discusión, pero también como uno de los temas más sensibles de la segunda vuelta electoral. Los representantes de Fuerza Popular y Juntos por el Perú, coincidieron en señalar el deterioro del sistema sanitario, aunque desde diagnósticos y responsabilidades distintas. Crisis hospitalaria, falta de medicamentos, anemia infantil, salud mental, financiamiento y brechas de atención en regiones fueron algunos de los puntos que marcaron el intercambio.

Sin embargo, más allá de las críticas cruzadas, el debate volvió a poner sobre la mesa una pregunta urgente: ¿qué debe cambiar para que el sistema de salud deje de responder tarde, mal y de manera fragmentada?

Aunque el presupuesto destinado a salud ha aumentado desde la pandemia, especialistas advierten que el problema no es solo cuánto se invierte, sino cómo se organiza y ejecuta ese gasto. El país mantiene un sistema dividido entre el SIS, EsSalud, sanidades y servicios privados; con escasa interoperabilidad, enormes brechas territoriales y una débil capacidad de gestión. A ello se suma la alta rotación de ministros y funcionarios, que ha impedido construir políticas sostenidas de mediano y largo plazo.

La pandemia de la COVID-19 evidenció estas fracturas, pero muchas de sus lecciones quedaron atrapadas entre la inestabilidad política y la falta de reformas sostenidas. Mientras retroceden las coberturas de vacunación, aumentan las enfermedades crónicas y persisten problemas históricos, como la tuberculosis, la anemia, las enfermedades mentales y la falta de atención en zonas rurales, el sistema sigue funcionando de manera reactiva y fragmentada.

Desde enfoques distintos, la Dra. Camila Gianella, docente e investigadora del Departamento de Ciencias Sociales PUCP, y la Dra. Fanny Casado, investigadora principal del Instituto de Ciencias Ómicas y Biotecnología Aplicada (Icoba) de la PUCP, llegan a una misma conclusión: el principal problema del sistema de salud peruano ya no es la falta de diagnósticos, sino la incapacidad política para ejecutar reformas largamente discutidas.

Estas son algunas de las prioridades que docentes y especialistas PUCP consideran urgentes para evitar que el sistema continúe deteriorándose.

Integrar un sistema de salud fragmentado

El sistema de salud peruano funciona como piezas que rara vez logran conectarse entre sí. Actualmente, los ciudadanos transitan entre múltiples subsistemas que no comparten información ni coordinan servicios.

“El principal problema es la fragmentación del sistema de salud peruano”, sostiene Casado. “Tenemos diferentes pagadores y diferentes sistemas: SIS, EsSalud, privados, Fuerzas Armadas. El Ministerio de Salud debería ser el ministerio de todos los peruanos, pero, en la práctica, eso no ocurre”.

A esta desarticulación se suma la ausencia de sistemas de información interoperables. “Seguimos con un sistema de salud muy fraccionado y sin un sistema de información que funcione, que permita compartir historias clínicas a nivel nacional y regional”, advierte Gianella.

Una de las primeras medidas para comenzar a ordenar el sistema, sostienen, sería implementar historias clínicas electrónicas universales. Casado explica que el problema no es tecnológico, sino político: “Así como tenemos un DNI y una partida digitalizada, deberíamos tener historias clínicas integradas independientemente de si te atendiste en el SIS, EsSalud o una clínica privada”.

La falta de interoperabilidad, explican, no solo genera duplicidad de gastos y retrasos en diagnósticos, sino también un sistema ineficiente que obliga a millones de pacientes a empezar de cero cada vez que cambian de establecimiento o seguro.

Recuperar la rectoría técnica y la estabilidad política del sector

La inestabilidad política también ha dejado huellas profundas en la gestión sanitaria. La alta rotación de ministros y autoridades de salud ha impedido construir políticas públicas sostenidas y equipos técnicos estables.

“Estamos frente a un sistema de salud muy afectado por los cambios políticos. Ha habido muchos cambios de ministros y de jefes de salud, lo que no permite tener una perspectiva de largo plazo”, señala Gianella.

De ahí que considere urgente construir una mínima continuidad institucional y designar autoridades con experiencia real en el sector. “Es urgente elegir a una persona que encabece el Ministerio de Salud, que tenga conocimiento del sector, que tenga experiencia y que pueda durar más de tres meses”, afirma.

Casado añade que el Ministerio de Salud necesita liderazgos capaces de combinar conocimiento técnico con capacidad política. “Se necesita un tecnócrata que luego aprenda a hacer política, no al revés”, sostiene.

Las investigadoras también alertan sobre la creciente politización de cargos técnicos en regiones y direcciones de salud. Para Gianella, el sector ha terminado atrapado en una lógica de reparto político que impide construir continuidad institucional. “Todo eso movió muchísimo el ministerio y el desastre que tenemos ahorita es por eso”, resume.

Fortalecer la atención primaria y recuperar las campañas de vacunación

El país que alguna vez fue referente regional en inmunizaciones hoy enfrenta coberturas en retroceso y crecientes problemas de confianza pública. “En inmunizaciones, hemos retrocedido porque le hemos dado menos plata al programa nacional de inmunizaciones”, advierte Gianella.

La investigadora cuestiona, además, las deficientes estrategias de comunicación del Estado durante y después de la pandemia. “El Ministerio de Salud fue muy vertical, con poca capacidad de recoger dudas o trabajar con medios locales en un contexto lleno de desinformación”, señala.

Casado coincide en que el Perú perdió un liderazgo histórico en vacunación. “El Perú solía ser un campeón en vacunación, pero después de la pandemia no nos hemos recuperado”, lamenta.

Pero recuperar la vacunación, advierten, no pasa solo por aumentar cifras. También exige fortalecer una lógica de atención primaria que permita intervenir antes de que los pacientes lleguen a situaciones críticas. “Tenemos que dejar de esperar que la gente llegue al hospital cuando ya está enferma”, plantea Casado.

Esa mirada preventiva también implica fortalecer el trabajo territorial, especialmente en regiones rurales y amazónicas, donde las políticas nacionales muchas veces no se adaptan a las realidades locales.

Modernizar el sistema mediante telemedicina e innovación tecnológica

Entre las pocas transformaciones aceleradas por la pandemia estuvo la telemedicina. Sin embargo, gran parte de ese impulso quedó estancado. “El Perú está bastante adelantado en temas de telemedicina. Lo que falta es voluntad política para integrarla al sistema”, sostiene Casado.

Estas herramientas, explica, no solo permiten ampliar la cobertura en zonas alejadas, sino también acompañar a pacientes con enfermedades crónicas y adultos mayores desde sus propias comunidades.

“Tenemos que empezar a pensar cómo mantener a los adultos mayores en casa, en la comunidad, con seguimiento y atención continua”, explica.

El Perú está bastante adelantado en temas de telemedicina. Lo que falta es voluntad política para integrarla al sistema».

Dra. Fanny Casado

El desafío se vuelve aún más urgente considerando el cambio demográfico que el país todavía no termina de asumir. Casado advierte que el Perú ya perdió el denominado “bono demográfico” y que el acelerado envejecimiento de la población obligará a replantear completamente la manera en que se organizan el cuidado y la atención en salud. “Actualmente, estamos en 17% y para el año 2030 el 25% de nuestra población va a ser adulta mayor. No estamos preparados para eso”, alerta.

Enfrentar ese escenario requerirá integrar servicios, fortalecer la atención comunitaria y dejar de pensar la salud únicamente desde hospitales saturados. “Tenemos que empezar a pensar cómo mantener a los adultos mayores en la comunidad, con seguimiento y atención continua”, sostiene.

Frente a ese escenario, tecnologías como la teleconsulta, el telemonitoreo y los sistemas integrados de información dejarán de ser herramientas complementarias para convertirse en piezas centrales del sistema de salud.

La especialista también propone fortalecer la producción nacional de dispositivos médicos y promover una política pública de innovación tecnológica en salud. “Durante la pandemia se invirtió muchísimo dinero en investigación y nuevos proyectos, pero luego no hubo políticas para sostenerlos”, señala.

Renovar la formación del personal de salud

La crisis también atraviesa la formación del personal de salud. Uno de los principales problemas señalados por las especialistas es el debilitamiento de los estándares de calidad en carreras vinculadas a medicina y otras ciencias de la salud.

Gianella cuestiona el debilitamiento de la reforma universitaria y el crecimiento de programas virtuales en carreras que requieren práctica clínica intensiva. “No podemos tener carreras de salud solamente virtuales. Es la gente que te va a cuidar”, afirma.

También cuestiona el actual modelo del Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (Serums), al considerar que el sistema de salud continúa dependiendo de profesionales recién egresados enviados a zonas rurales y alejadas sin suficientes garantías laborales ni condiciones adecuadas de trabajo. “No podemos tener un sistema de salud que tenga base en el servicio rural”, advierte Gianella. La investigadora critica que muchos jóvenes médicos sean enviados a contextos complejos apenas terminan su formación, con escaso acompañamiento institucional y en situaciones de vulnerabilidad. “Es una manera de sostener el sistema poniendo en riesgo a chicos recién salidos”, señala.

No podemos seguir sosteniendo el sistema de salud sobre profesionales recién egresados enviados a zonas rurales sin condiciones adecuadas. No estás dando la mejor calidad de atención posible y tampoco buenas condiciones de trabajo para quienes recién empiezan su carrera”.

Dra. Camila Gianella

Además, cuestiona que esta lógica termine afectando tanto a los profesionales como a la calidad de atención que reciben las poblaciones rurales. “No estás dando la mejor calidad de atención que puedes dar en zonas rurales y alejadas, y tampoco das buenas condiciones de trabajo a los profesionales de salud”, sostiene.

Casado, por su parte, alerta sobre la falta de regulación en los campos clínicos y la proliferación de escuelas de medicina sin capacidad suficiente de formación práctica. “No puede seguir ocurriendo que cada institución negocie sola dónde formar a sus estudiantes”, explica.

Mejorar la calidad del sistema, sostienen, implica fortalecer la formación técnica, ética y territorial del personal de salud, además de generar condiciones laborales que eviten la fuga de profesionales al extranjero.

Financiar la salud pública con una mirada social e intersectorial

Hablar de reforma sanitaria sin discutir cómo se financia el Estado es, para Gianella, una contradicción de fondo.

A su juicio, el deterioro del sistema no puede separarse de años de decisiones fiscales y políticas tomadas sin priorizar los servicios públicos. “Si no tienes dinero, no puedes invertir en servicios públicos de calidad”, advierte, y cuestiona que se prometa fortalecer la salud mientras se impulsan medidas que debilitan la caja fiscal.

También cuestiona que la salud siga discutiéndose como un problema aislado del resto de políticas sociales. “Salud no queda fuera del Estado, salud es parte del Estado”, afirma. Por ello, plantea una mirada intersectorial que articule salud, nutrición, educación y programas sociales. “Es importante ver salud como una política social, porque necesita una mirada interministerial. Ahí el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social es importantísimo”, explica.

Lo paradójico, señalan, es que buena parte de las soluciones ya han sido discutidas durante años. El problema no radica en la falta de conocimiento técnico, sino en la incapacidad política para ejecutar reformas sostenidas.

Y mientras el país continúa postergando reformas estructurales, el sistema de salud sigue avanzando entre urgencias, improvisación y brechas que afectan, sobre todo, a quienes menos posibilidades tienen de esperar.

En esta nota

Camila Gianella Malca

Camila Gianella Malca

Docente e investigadora del Departamento de Ciencias Sociales PUCP
Es doctora en Filosofía por la Universidad de Bergen, magíster en Salud internacional por el Instituto de Medicina Tropical Charité de la Universidad de Berlín y licenciada en Psicología con mención en Psicología Social por la PUCP. Además es investigadora y profesora asociada a tiempo completo del Departamento Académico de Ciencias Sociales, Sección Ciencia Política […]
Fanny Casado

Fanny Casado

Docente del Departamento de Ingeniería PUCP e investigadora del Instituto de Ciencias Ómicas y Biotecnología Aplicada de la PUCP (Icoba)
Doctora en Toxicología e investigadora principal del Instituto de Ciencias Ómicas y Biotecnología Aplicada (Icoba-PUCP). Actualmente, es profesora del Departamento Académico de Ingeniería – Sección Bioingeniería. Realizó trabajos posdoctorales en células madre y cáncer en la McMaster University (Canadá), y en la Johannes Gutenberg-Universität Mainz (Alemania). En estos días, lidera proyectos interdisciplinarios orientados a implementar […]

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