Ezio Neyra: «Por momentos, pareciera que la burocracia puede transcurrir por un carril distinto al político»
Entrevista a Ezio Neyra
Director del Departamento de Literatura, y director académico del Diplomado en Cultura Escrita y Formación de Lectores en la Universidad Adolfo Ibáñez, Chile
Ezio Neyra: «Por momentos, pareciera que la burocracia puede transcurrir por un carril distinto al político»
A partir de El informe. Pequeña novela burocrática, el escritor reflexiona sobre el Estado peruano, la ficción y las zonas de experiencia que alimentan la literatura.
Foto:Melissa Merino
Entrevista:Eduardo Dávila
19.12.2025
Ezio Neyra llega puntual, minutos antes que nosotros. Nos mira desde Martina, el restaurante dentro del CCPUCP. No se apura y nosotros tampoco. Sabe que está a tiempo. Cuando el reloj llega a la hora, se acerca a la Librería PUCP en la misma sede. Es alto y tiene una actitud amable. Antes de la entrevista, hablamos un poco sobre las diversas lecturas e impresiones que ha dejado su último libro, el cual ha sido nombrado por diversas personalidades como Gustavo Rodríguez, César Hildebrant y Carmen McEvoy.
La novela El informe. Pequeña novela burocrática (Pesopluma, 2025) nació de una experiencia concreta: los años en que Ezio Neyra trabajó dentro del Estado peruano. Desde ese lugar, la ficción se convirtió en una forma de pensar la burocracia, la política y el desgaste de las expectativas. El escritor Ezio Neyra reflexiona sobre el origen del libro, sus personajes, y el vínculo entre literatura y experiencia personal, así como sobre el estado de las políticas culturales en el país.
La novela nació de una experiencia concreta: los años en que Ezio Neyra trabajó dentro del Estado peruano. Desde ese lugar, la ficción se convirtió en una forma de pensar la burocracia, la política y el desgaste de las expectativas.
Zonas de experiencia de Ezio Neyra
¿Cuál fue el origen concreto de El informe. Pequeña novela burocrática?
Yo he tenido dos etapas en el Estado, una del 2015 a julio del 2018 y otra después, el 2020 y el 2021. Cuando salí de mi primera experiencia y me mudé a Chile para trabajar en Santiago, estaba escribiendo otra novela, pero me entrampé y no pude continuar. Entonces, empecé a tomar apuntes, y a escribir anécdotas y recuerdos de mi época en el Estado.
Unas semanas después me di cuenta de que empezaba a formarse algo, aunque no sabía bien qué era ni hacia dónde iba. Creo mucho en la idea de que los escritores deben aprovechar las zonas de experiencia con las que cuentan para convertirlas en material de escritura. No todos los escritores han trabajado en el Estado y me pareció valioso llevar esa experiencia personal al mundo de la ficción.
Cuando llegué al Estado en el 2015 era más joven y bastante más optimista. Pensaba que era posible generar cambios y hacer cosas. Diez años después, y tras ambas experiencias, mi mirada ya no es esa. Es una mirada más pesimista».
¿Cómo experimentaste el aparato burocrático? En la novela, se nota que lo conoces muy bien.
Cuando llegué al Estado en el 2015 era más joven y bastante más optimista. Pensaba que era posible generar cambios y hacer cosas. Diez años después, y tras ambas experiencias, mi mirada ya no es esa. Es una mirada más pesimista.
Realmente, no encuentro salidas. No veo caminos claros para encaminarnos, sobre todo desde la clase política. Muchas veces, he pensado que hemos llegado al fondo, pero ese fondo sigue cayendo más abajo. Es una sensación muy triste, pero es la que tengo hoy.
Política y burocracia: carriles que se cruzan
En tu libro, hay elecciones y vacancias, pero la burocracia parece funcionar con otra lógica. ¿Encajan la política y la burocracia?
En la novela, hay un clima de fondo que es el clima político del país. El protagonista llega cuando el nuevo gobierno apenas tiene un mes y ha ganado por una diferencia mínima. Quería que ese telón de fondo marcara la temperatura de la historia y el deterioro de la crisis política.
Por momentos, pareciera que la burocracia puede transcurrir por un carril distinto al político pero, en otros, se ve muy teñida por lo político, sobre todo cuando los partidos copan los puestos y los ministerios. En un país como el nuestro, donde no existe una carrera de funcionario sólida, eso debilita aún más el tejido burocrático.
Por momentos, pareciera que la burocracia puede transcurrir por un carril distinto al político pero, en otros, se ve muy teñida por lo político, sobre todo cuando los partidos copan los puestos y los ministerios».
En la novela, aparecen trabajadores que funcionan casi como un coro. ¿Cómo ves la relación entre dirigentes y empleados?
Creo que hay una diferencia clara entre los puestos directivos, muchas veces cercanos a la política, y los cargos de rango medio o bajo. En mi experiencia, hay muy buenos funcionarios, gente comprometida que no está para beneficiarse, sino que cree que su trabajo tiene un impacto para la ciudadanía.
Gracias a esos funcionarios de rango medio o bajo se han mantenido políticas públicas, especialmente en cultura. Programas como el Premio Nacional de Literatura, ferias de editoriales independientes o el fomento lector en cárceles llevan más de diez años».
Gracias a esos funcionarios de rango medio o bajo se han mantenido políticas públicas, especialmente en cultura. Programas como el Premio Nacional de Literatura, ferias de editoriales independientes o el fomento lector en cárceles llevan más de diez años. Eso me genera esperanza, porque demuestra que, a pesar del ruido político, algunas políticas con buen impacto pueden sostenerse en el tiempo.
Felipe Documet, Ezio Neyra y el absurdo burocrático en El informe
Hablemos de Felipe, el protagonista. ¿Cuánto hay de ti en él?
Es inevitable que un personaje tenga cosas del autor. En Felipe, hay similitudes conmigo, como haber vivido en Estados Unidos y haber trabajado en el Estado. Pero no hay mucho más en común. Yo no tengo una madre agonizante ni estudié ciencias políticas.
También hay una sensibilidad que quizá es mía, pero no es algo consciente. Lo mismo pasa con las influencias. Ahora, con el libro terminado, aparecen referencias claras a Kafka, Melville, Levrero u Onetti, pero no las tenía presentes mientras escribía. Felipe fue mutando durante la escritura y uno de los cambios finales fue su apellido: pasó de Paredes a Documet, que encajaba mejor en un mundo lleno de documentos.
La madre de Felipe aparece como una figura constante. ¿Es una metáfora del Estado?
No es que la madre sea el Estado, pero sí funciona como un símil. Así como el Estado falla a sus hijos ciudadanos al no brindar servicios básicos de calidad, la madre falla en su relación con el hijo y el hijo también falla con ella.
Así como el Estado falla a sus hijos ciudadanos al no brindar servicios básicos de calidad, la madre falla en su relación con el hijo y el hijo también falla con ella».
Se genera un espejo: la madre reflejada en el Estado y el Estado reflejado en la madre. Ese vínculo fue algo que fui construyendo en los últimos meses de trabajo, sobre todo cuando entendí el peso simbólico que podía tener ese personaje.
¿Cómo construiste a personajes como Esperanza, Roberto o Gladys?
Esperanza es un arquetipo muy presente en los ministerios: alguien que sabe moverse en las aguas burocráticas y aparentar lealtades según la posición de cada quien. No es leal a nadie, sino a la circunstancia.
Roberto también es un arquetipo: el funcionario todoterreno que puede pasar de un ministerio a otro sin problemas. Gladys fue más compleja, porque escribe mensajes y tenía que encontrar su voz. Al final entendí que no debía hablar de forma desarticulada, porque es una técnica con estudios. El mayor reto fue encontrar la voz correcta para cada personaje.
Políticas culturales, bibliotecas y censura
¿Cómo ves hoy la situación de las políticas culturales y las bibliotecas en el país?
Estamos mejor que hace quince años en términos de instrumentos, como la Ley del Libro o los estímulos económicos. Pero también hay una mayor incidencia de la política en las decisiones culturales y eso nunca trae buenos resultados.
Estamos mejor que hace quince años en términos de instrumentos, como la Ley del Libro o los estímulos económicos. Pero también hay una mayor incidencia de la política en las decisiones culturales y eso nunca trae buenos resultados».
La situación bibliotecaria sigue siendo muy precaria. De casi dos mil municipalidades, solo hay unas cuatrocientas bibliotecas públicas y muy pocas son de calidad. Falta una autoridad política que le dé real importancia a la cultura, como ocurre en otros países de la región.
¿Qué opinas sobre la censura de libros?
Me parece terrible. Cualquier censura es el fin del diálogo. Creer que ciertos temas pueden barrerse debajo de la alfombra es un error. Todo lo censurado vuelve, muchas veces, con más fuerza. Estoy completamente en contra de cualquier tipo de censura.
¿Un mensaje para la comunidad PUCP?
Que sigan lo que realmente les mueve el corazón y no lo que otros esperan de ellos o lo que parece más rentable. Y que no olviden que el Perú no es la PUCP. Desde la Universidad, es importante demandar más al Estado para mejorar las políticas culturales y bibliotecarias, y pensar en un país más amplio y más desigual.
En esta entrevista
Ezio Neyra
Director del Departamento de Literatura, y director académico del Diplomado en Cultura Escrita y Formación de Lectores en la Universidad Adolfo Ibáñez, Chile
Es Ph.D. en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Brown, donde también obtuvo el grado de M.A. en Estudios Hispánicos; es bachiller en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente, dirige el Departamento de Literatura, y el Diplomado en Cultura Escrita y Formación de Lectores de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile). Es editor […]
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