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Entrevista

"La función debe continuar"

Después de 6 años, en los que se dedicó a la docencia y a la dirección de dos películas y una miniserie, el actor regresa a su añorado oficio sobre las tablas. Interrumpimos al actor en los preparativos del estreno de Krapp. La última cinta, obra de Samuel Beckett dirigida por Miguel Talledo. Aristóteles nos contesta mientras dibuja frente al espejo largas líneas en los pliegues de su cara; los marca, los exagera, va entrando en papel…

  • Aristóteles Picho
    Profesor del Departamento de Comunicaciones
  • Texto:
    Giancarlo Peña
  • Fotografía:
    Yanina Patricio

Regresas con un unipersonal. Parece una manera de volver poco a poco a las tablas, ya que aparentemente no implica los trances de una producción con más actores. Esto implica también una responsabilidad mayor, porque el éxito de la obra se sostiene en una sola persona. ¿Es una dificultad o un alivio?

En realidad es una dificultad. Puede parecer que no demanda tanto tiempo para hacerla, pero esta obra ha sido difícil por la complejidad que ha tenido. Hemos venido ensayándola desde los primeros días de mayo; las primeras lecturas y todo el trabajo en mesa nos han demandado todo este tiempo. Entonces, no es que sea más sencillo, sino todo lo contrario, es mucho más complejo porque, incluso en textos en los cuales hay otros personajes, estos ayudan a resolver los conflictos. En este caso, el personaje tiene que resolver solo sus propios conflictos que se van presentando, y él mismo tiene que asumir los dilemas que se van presentando o, en todo caso, dejárselos al público.

A Samuel Beckett le dieron el Nobel de Literatura «por su escritura, que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno». Eso de la «indigencia moral» se dijo en 1969, pero parece…

Actual. Lo que pasa es que Beckett es un dramaturgo totalmente actual, y eso es lo que lo convierte en un dramaturgo contemporáneo. Toda obra que él ha escrito tiene, en estos momentos, una vigencia impresionante, y justamente los conceptos que tienen sus personajes, como Krapp, en este caso, o los de Esperando a Godot o de Final de partida, los ves en la cotidianidad, en la vida de hoy, en los conflictos que se van presentando en la vida cotidiana y en la vida política; tienen mucho que ver.

Esta vez interpretas a un hombre solitario que se encierra para enfrentarse con su pasado, que es una manera de enfrentarse a sí mismo. Todo hombre, alguna vez, evalúa su vida. ¿Has hecho este balance?

El personaje ha hecho el balance, yo no. Hacerlo me tomaría mucho tiempo y creo que una de las cosas que uno tiene que hacer es, más bien, disfrutar de la vida estando vivo, presente, con cualquier dificultad que pudiera aparecer. Creo que la mejor manera de disfrutar la vida es no hacer balances; en todo caso, uno debe percatarse de las cosas dificultosas que se le han presentado en la vida y no cometer esos mismos errores.

En tu oficio, el valor del cuerpo como medio de expresión es mayor, pues es a la vez tu herramienta de trabajo. ¿Cómo evoluciona la relación de tu trabajo con tu cuerpo a medida que este cambia?

En realidad el cuerpo del actor se va adecuando al del personaje. En la mayoría de veces, por lo menos en la experiencia que tengo actuando, mi cuerpo siempre se ha ido adecuando al personaje, en todo sentido. Ya sea físicamente, ya sea vocalmente, ya sea emocionalmente. Eso no quiere decir que yo viva los personajes las 24 horas del día, pero, sí, el personaje empieza a tomar posesión del actor en un momento determinado. Y creo que eso es lo que hace que uno se sienta vivo, que uno se sienta presente en el escenario, que uno pueda mostrar un personaje con sentido de la verdad, con procesos orgánicos, y eso es lo que hace atractiva a la actuación.

¿Te es difícil exorcizar los personajes de tu cuerpo?

No… termina su temporada o el rodaje de una película y el personaje dice: «Bueno, me voy a dormir».

Siempre la función debe continuar o alguna vez estuviste tentado a decir «hasta acá nomás».

No. Yo creo, al igual que Molière, que la función debe continuar. Como todo el mundo sabe, yo no estoy en un gran estado físico como antes, pero creo que la labor y la responsabilidad de un actor es enfrentar los personajes en las condiciones que se encuentre, haciendo que estas condiciones formen parte del personaje. Espero no morir pronto en el escenario, o, al igual que Molière, morir en el escenario.

El Perfil

Nombre: Aristóteles Picho

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