La carta apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza” del Papa León XIV es un rico documento del que se pueden considerar tres temas importantes en el momento actual de la PUCP.
El primer tema se refiere al patrimonio histórico, espiritual y pedagógico que aborda la cuestión de nuestra identidad como universidad católica. Mirando el caminar y las raíces de la PUCP, podemos preguntarnos cuál es nuestra identidad como universidad católica hoy, cómo la queremos vivir respondiendo al Espíritu en el hoy del país y de la Iglesia, y cómo la identidad católica enriquece nuestra misión educativa.
Cuidar y cultivar la identidad católica de nuestra Universidad, mirando su rico patrimonio, es aprender a navegar por nuestro tiempo, complejo y desafiante».
El acento puesto por el Papa León XIV sobre el patrimonio pedagógico y espiritual convoca la atención sobre la necesidad de cuidar nuestra identidad como universidad católica, no evadiendo las preguntas incómodas y molestas, sino trabajándolas para no “perder la visión y el horizonte”. Como señala el Papa, la educación es “la historia del Espíritu en acción”, por lo que toca mirar nuestro patrimonio espiritual, histórico y pedagógico, y preguntarse por dónde ha pasado y sigue pasando el Espíritu hoy en la vida de nuestra comunidad, qué nuevos caminos debemos abrir hoy en el país y en la Iglesia. Por tanto, cuidar y cultivar la identidad católica de nuestra Universidad, mirando su rico patrimonio, es aprender a navegar por nuestro tiempo, complejo y desafiante. Sin raíces y visión y sin considerar el patrimonio, se corre “el riesgo de caer en el ‘eficientismo’ sin alma, en la estandarización del conocimiento, que se convierte entonces en empobrecimiento espiritual”. No bastan solo los buenos resultados de los rankings, sino preguntarnos cómo se sigue hoy aportando –como señalaba el primer reglamento PUCP– “un criterio católico” a lo que hacemos y vivimos: nuestra cultura institucional, nuestro modelo educativo, nuestras investigaciones, nuestra responsabilidad social y nuestro compromiso con el país y la Iglesia. La tarea de responder a estas preguntas es una invitación del Espíritu que nos toca acoger como don y tarea.
Sin un corazón educado en el calor de la espiritualidad, se corre el riesgo de formar generaciones de profesionales superficiales incapaces de mirar ética y críticamente sus campos laborales, los desafíos del país y los límites de la cultura de nuestro tiempo».
Un segundo tema sobre el que el Papa León XIV llama la atención es la educación del corazón y el cuidado de la vida interior. En una época de mucha superficialidad, especialmente provocada por el intenso scrolling y los algoritmos en quienes se abandona frecuentemente la capacidad crítica, una vida interior despierta la vida toda. Frente al miedo a la tecnología, la tecnofobia como dice el Papa, o la ingenuidad de que de ella emanaran todas las soluciones, un corazón formado puede convertir las redes y la tecnología en herramientas para un verdadero encuentro humano, diseñadoras de bien común y forjadoras de sentido de comunidad. La PUCP, al ser una universidad católica, vive al interior del rico legado espiritual del cristianismo en el que se han forjado hombres y mujeres profetas de su tiempo. En nuestra época hace mucha falta el silencio, la educación en el asombro, el cultivo de la contemplación y el discernimiento, la vivencia de una espiritualidad que nos haga capaces de reconocer la conexión íntima entre nosotros, con la creación y con Dios. No se puede educar solo la cabeza en los conocimientos de cada disciplina. Sin un corazón educado en el calor de la espiritualidad, se corre el riesgo de formar generaciones de profesionales superficiales incapaces de mirar ética y críticamente sus campos laborales, los desafíos del país y los límites de la cultura de nuestro tiempo. El modelo educativo PUCP que incluye una gama valiosa de cursos generales, entre ellos los de teología y humanidades, deben aportar a esta alfabetización humana, moral y espiritual de la comunidad universitaria. Estamos llamados a crear constelaciones PUCP en las que se reflexione seriamente sobre estos temas desde diversas disciplinas en diálogo. En tanto universidad católica, no se puede renunciar a la formación de la vida interior y del corazón. De esta manera, se aprenderá el don de decir gracias y, con ello, la generosidad de compartir tanto bien recibido a nivel educativo, profesional y humano.
Toca a la universidad católica continuar su servicio al país y a la Iglesia. El servicio implica elaborar un conocimiento inclusivo y participativo, es decir que no deje a nadie fuera y de manera especial a los que padecen las desventajas del sistema».
El tercer tema corresponde a la misión fundamental de toda educación católica: la diaconía o servicio de la cultura. Toca a la universidad católica continuar su servicio al país y a la Iglesia. El servicio implica elaborar un conocimiento inclusivo y participativo, es decir que no deje a nadie fuera y de manera especial a los que padecen las desventajas del sistema y además sufren la violencia y la inseguridad de la pobreza y la falta de acceso a oportunidades. El Papa León XIV nos plantea que la diaconía debe ser vivida con tres actitudes. La primera es el “desarme de palabras” donde prime no la polémica sino la escucha y la mesa compartida. Donde se empiece a tejer conocimiento en la mutua escucha y aprendizaje, así como en el discernimiento conjunto de los desafíos y problemas de nuestra época. La segunda es “levantar la mirada» que implica saber “adónde van y por qué”. Aquí el cuidado y el cultivo de la identidad católica es fundamental. No se puede avanzar sin considerar las raíces y sin reconocer cómo el “Espíritu” ha pasado y sigue pasando en la historia de la PUCP y su compromiso nacional y eclesial. Levantar la mirada y avanzar con paso firme con una propuesta educativa seria y enriquecedora que eduque la cabeza, el corazón y las manos es tomarse en serio a cada ser humano. Finalmente, el Papa invita a “custodiar el corazón” para que prime el cuidado de los vínculos humanos sobre las opiniones y las diferencias. En una cultura que polariza fácilmente y anda armada y lista para el ataque, una vida interior madura enseña que estamos no ante un contrincante, sino ante una persona. Para un creyente, además, se trata de un hermano e hijo del mismo Abbá. Es decir, la polémica y los conflictos no deben deshacer los vínculos, sino ser una invitación a crecer juntos en la búsqueda de alternativas de consenso.
Si como universidad católica nos tomamos en serio la vida humana en sociedad, entonces nos debemos tomar con gravedad las implicancias de una educación que cuida la identidad institucional, cultiva una vida interior madura entre los miembros de la comunidad y se haga servicio, diaconía, para estos tiempos recios por los que peregrinamos hoy. Solo así, podremos como PUCP soñar y diseñar juntos y juntas nuevos mapas de esperanza para el país y la Iglesia.



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