¿Por qué fallan los colegios ante el bullying?: las razones detrás de los más de 11 mil casos de violencia escolar en el Perú
Miles de casos de violencia se han reportado en los colegios peruanos en lo que va del año según el Minedu. Detrás de esta cifra hay agresiones que comenzaron tiempo atrás, señales que nadie vio y víctimas que no encontraron cómo pedir ayuda. Dos psicólogos PUCP explican qué está fallando y cómo evitar que la violencia siga escalando.
Texto:Bárbara Contreras
25.09.2026
Hay episodios de violencia escolar que, por su gravedad, parecen difíciles de comprender. Casos recientes, como lo ocurrido en el colegio Liceo Naval o el trágico asesinato de un escolar en Huancayo por sus compañeros, nos enfrentan a preguntas urgentes: ¿cómo un grupo de adolescentes puede llegar a cometer una agresión tan extrema?, ¿por qué nadie intervino antes?, ¿por qué, incluso cuando hay otros estudiantes presentes, muchas veces nadie detiene lo que está ocurriendo?
Lo cierto es que más de 11 mil casos de violencia física, psicológica o sexual se han reportado hasta agosto de este año de acuerdo con la plataforma SíseVe del Ministerio de Educación (Minedu). De estos, más de 2 mil son de carácter sexual.
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casos de violencia física, psicológica o sexual se han reportado en colegios, hasta agosto de este año, de acuerdo con la plataforma SíseVe del Ministerio de Educación.
Para entender que hay detrás de estas cifras, hay que mirar mucho antes del momento en que la violencia se vuelve evidente, explica el Dr. Eduardo Franco, profesor del Departamento de Psicología y especialista en desarrollo socioemocional de adolescentes y adultos. Las agresiones más graves pueden ser el último eslabón de una serie de conductas que se fueron tolerando, justificando o normalizando con el tiempo.
“Nosotros terminamos viendo estas conductas cuando ya son catastróficas, pero muchas veces hay señales muy pequeñas desde que los niños son chicos y las agresiones suelen ser de más leves a grandes”, explica Franco. “Los agresores pueden ir justificando cada uno de sus actos, en especial si no hay una intervención que detenga u oriente esas conductas, hasta terminar haciendo algo terrible. Desde su perspectiva, sin embargo, parece que solo dieron un paso más respecto de lo anterior”, añade.
Los agresores pueden ir justificando cada uno de sus actos, en especial si no hay una intervención que detenga u oriente esas conductas, hasta terminar haciendo algo terrible. Desde su perspectiva, sin embargo, parece que solo dieron un paso más respecto de lo anterior».
Detectar esas primeras señales exige que quienes están en contacto cotidiano con los estudiantes sepan reconocerlas, algo que todavía representa una dificultad en muchos colegios, señala la Dra. Noelia Rodríguez, profesora e investigadora del Departamento de Psicología. “Por el trabajo que he venido haciendo en escuelas, principalmente públicas, he observado que no tenemos una plana docente que sepa identificar estas señales tempranas. De nada sirve tener un protocolo si las personas no hacen un seguimiento de su implementación”, advierte Rodríguez.
Para Franco, este tipo de agresiones también debe entenderse en un contexto donde la exposición a contenidos violentos es cada vez más temprana y sin supervisión. “No es que los videojuegos o las redes vuelvan violentos a los niños. El problema aparece cuando ciertas formas de violencia se vuelven cotidianas y no existe un adulto que ayude a ponerlas en contexto o marque límites frente a las conductas que empiezan a reproducirse”, afirma.
A esto se suma un entorno social donde la violencia también forma parte de la cotidianidad. “En Latinoamérica, la violencia está enquistada en nuestro día a día”, señala Franco. “En un entorno atravesado por problemas sociales y una exposición constante a la violencia, algunos adolescentes pueden buscar recuperar cierta sensación de control intentando ganar popularidad, fuerza o reconocimiento dentro de su grupo”, añade.
Un trabajo de prevención no se puede reducir a una charla puntual sobre bullying una vez al año. Tiene que formar parte de una cultura cotidiana dentro de la escuela, que además posea una mirada integral de qué comportamientos son celebrados y normalizados, así como qué hacen no solo los agresores, sino quienes observan la situación de violencia».
¿Por qué callan los estudiantes? La trampa del estatus que alimenta el bullying
Una de las características centrales del bullying es la desigualdad de poder entre quienes participan en esta dinámica. “Por definición, quien ejerce el bullying tiene más ‘estatus’ que la víctima, y quien es agredido suele asumir una posición de sumisión y tener más dificultades para defenderse”, señala Franco.
En la adolescencia, el ‘estatus’ cobra especial importancia. “En esos años, los chicos están tratando de descubrir quiénes son y empiezan a compararse con los demás para ubicarse. Para destacar, muchos adolescentes buscan llamar la atención y ocupar una mejor posición. Allí puede aparecer la agresión como una manera de ganar estatus”, explica el profesor del Departamento de Psicología.
El agresor no actúa en un vacío. Obtiene algo de quienes lo rodean: risas, aplausos y aprobación. “Se necesita enseñar a los jóvenes que no se aplauden las agresiones, los insultos, los golpes ni las molestias hacia los demás. La intervención debe quitarle a la agresión su capacidad de convertirse en una forma de obtener estatus, y, en cambio, hacer que defender a un compañero sea una conducta reconocida y valorada dentro del grupo”, observa Franco.
El reto, advierte, trasciende las aulas. Estas formas de relacionarse también encuentran referentes fuera del colegio. “En el Perú, los líderes que son más agresivos, por ejemplo a nivel político, terminan teniendo mucho más impacto y popularidad. Es un tema que debe abordarse en distintos niveles: desde la escuela, las familias, la sociedad y las políticas públicas”, señala el especialista.
Dada la jerarquía de estatus, denunciar también deja de ser una opción para la víctima, pues a menudo las consecuencias son aislamiento, pérdida de posición dentro del grupo o mayor exclusión. “Si la persona asiste a colegios que refuerzan estas jerarquías, ya sea dando mayor reconocimiento a quienes destacan por su fuerza o desempeño deportivo -como algunas escuelas militares-, hablar se vuelve todavía más difícil”, añade el Dr. Eduardo Franco.
Para la Dra. Noelia Rodríguez, no importa cuántos protocolos tengamos aprobados en el país: si un estudiante elige quedarse callado antes que denunciar, porque sabe que lo que comunique no tendrá consecuencias (o, peor, que podría perjudicarlo aún más), le estamos fallando.
Más allá de recibir denuncias: cómo deben responder los colegios
La prevención, entonces, no puede empezar recién cuando aparece un caso. Rodríguez plantea que debe ser un trabajo permanente y transversal a la vida escolar. “Un trabajo de prevención no se puede reducir a una charla puntual sobre bullying una vez al año. Tiene que formar parte de una cultura cotidiana dentro de la escuela, que además posea una mirada integral de qué comportamientos son celebrados y normalizados, así como qué hacen no solo los agresores, sino quienes observan la situación de violencia”, explica.
A corto plazo, la acción debe ser inmediata. “Si ya existe una denuncia por algún tipo de agresión, se debe consultar a todas las partes para entender qué está ocurriendo. También se pueden revisar evidencias alternativas con sociogramas para verificar si, efectivamente, la persona con mayor poder dentro del grupo es quien está ejerciendo la agresión”, comenta Franco.
La intervención a largo plazo debe ser una política pública, señala el psicólogo Eduardo Franco. No se trata solo de que haya más psicólogos en todos los colegios, sino que reciban suficiente entrenamiento para abordar este tipo de problemáticas.
Aunque el evento concreto que se haya denunciado no parezca tan grave al inicio, debemos ver cómo cambiar la dinámica social del grupo y hacer un monitoreo. El profesor Eduardo Franco explica: “Cuando ya existe una agresión mayor, donde hubo golpes, insultos o separación dentro de los grupos, se debe involucrar a más actores del colegio, aplicar sanciones y brindar apoyo inmediato para la víctima”.
El psicólogo advierte, sin embargo, que una de las principales trabas para una respuesta efectiva al bullying es la falta de recursos. “Muchos colegios cuentan con solo uno o dos psicólogos para atender poblaciones escolares numerosas y, cuando una denuncia no se traduce en acciones concretas, puede terminar siendo la propia víctima quien abandona el colegio”, explica.
Por ello, la intervención a largo plazo debe ser una política pública, señala el Dr. Franco. No se trata solo de que haya más psicólogos en todos los colegios, sino que reciban suficiente entrenamiento para abordar este tipo de problemáticas. Además, afirma que debería existir una manera vinculante de conseguir que una denuncia realizada a través de plataformas como SíseVe se traduzca en conductas o acciones específicas dentro del colegio, como actividades para identificar líderes positivos y negativos, cursos de convivencia y otras medidas.
La Dra. Noelia Rodríguez añade que el profesorado también necesita saber qué le toca hacer en cada momento, a quién se le debe comunicar, y sobre todo, qué va a ocurrir después. “Deben tener la seguridad que si identifican algún problema, la institución los va a respaldar”, afirma.
De otro lado, agrega que lo más importante para la víctima es ser escuchada y validada. “Hay que evitar culpabilizar, interrogar innecesariamente o minimizar lo que está pasando. La prioridad es darle la seguridad que necesita, explicarle qué va a ocurrir con la información que está compartiendo y, sobre todo, transmitirle que su historia es importante”, finaliza Rodríguez.
Contactos para reportar casos de violencia escolar
Si conoces a un menor de edad que puede estar atravesando algún caso de violencia escolar, puedes reportar esta situación a través de la plataforma SíseVe del Ministerio de Educación.
Teléfono 0800-76888 (desde el 6 de octubre cambiará al 615-5970)
Aquí podrás reportar, de manera confidencial, cualquier caso de violencia escolar física, psicológica y sexual que se produzca en la escuela, inmediaciones o redes sociales que afecten a los estudiantes.
Es psicólogo y doctor en Psicología por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente, se desempeña como docente a tiempo completo del Departamento Académico de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Su trabajo académico incluye investigación sobre desarrollo humano, construcción y evaluación de instrumentos psicológicos y salud mental. Cuenta con publicaciones científicas […]
Es psicóloga y doctora en Psicología por la Universidad de Jaén, España. Es docente principal a tiempo completo del Departamento Académico de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), y coordina el Grupo de Investigación Psicología, Cultura y Género. Es especialista en investigación sobre agresión y violencia, y psicóloga clínica reconocida por el […]
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