Puentes en riesgo ante el fenómeno de El Niño: proyecto PUCP busca anticipar daños
Más de 80 puentes se encuentran en situación crítica y requieren intervención urgente en el Perú, mientras vuelve a encenderse la alerta por los posibles efectos del fenómeno de El Niño. Un proyecto PUCP liderado por el ingeniero civil Rick Delgadillo explora cómo las vibraciones de los puentes pueden revelar señales tempranas de daño y ayudar a anticipar problemas estructurales.
Los puentes también envejecen. Y en el Perú, varios ya vienen dando señales de alerta. En julio de 2026, el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán) informó que más de 80 se encuentran en estado crítico. Muchos tienen más de 40 años, una condición que preocupa todavía más ante el fenómeno de El Niño que está en curso.
Lo más crítico es que no se trata de una advertencia reciente. El organismo viene alertando sobre el deterioro de estos puentes desde 2018. De los 99 que inicialmente fueron identificados con necesidad de una intervención mayor, solo 6 han sido atendidos. Incluso permanecen en funcionamiento puentes Bailey que se instalaron como soluciones temporales después de El Niño costero de 2017 y que todavía no han sido reemplazados.
Y el 2017 dejó claro lo que puede ocurrir: 493 puentes fueron destruidos y otros 943 resultaron afectados ese año, según Indeci. Las lluvias y el aumento de los caudales provocaron, entre otros, los colapsos de los puentes Virú, Sechín, Huambacho y Coishco.
493
puentes fueron destruidos y 943 resultaron afectados durante El Niño costero de 2017. Fuente: Indeci
Pero la gravedad que trae consigo una caída de un puente no es solo la pérdida de una estructura. También se interrumpen carreteras, se aíslan poblaciones y miles de personas pueden ver alterados sus desplazamientos cotidianos.
Sin embargo, los fenómenos naturales son solo una parte del problema. Con los años, los puentes acumulan desgaste y otros daños, mientras buena parte de su evaluación en el Perú todavía se realiza mediante inspecciones tradicionales.
Entonces, ¿es posible saber que un puente empieza a deteriorarse antes de que el daño sea evidente? Esa pregunta guía la investigación del Dr. Rick Delgadillo, ingeniero civil PUCP, quien lidera un proyecto que utiliza sensores, inteligencia artificial, machine learning y ciencia de datos para monitorear la salud estructural de los puentes.
Escuchar lo que dice un puente
El proyecto utiliza sensores, inteligencia artificial, machine learning y ciencia de datos para monitorear la salud estructural de los puentes. Para aprender a interpretar esas señales, Delgadillo y su equipo instalaron cuatro sensores de alta sensibilidad en el puente Leoncio Prado sobre la Vía Expresa.
Miles de vehículos pueden cruzar un puente cada día sin que notemos algo fundamental: la estructura se mueve. El tránsito, el viento, la temperatura y otras condiciones del entorno producen pequeñas vibraciones que, aunque son imperceptibles para nosotros, pueden revelar mucho sobre lo que está ocurriendo en su interior.
Para aprender a interpretar esas señales, Delgadillo y su equipo instalaron cuatro sensores de alta sensibilidad en el puente Leoncio Prado sobre la Vía Expresa. “Es el primer puente a nivel nacional en el que hemos instalado este tipo de equipos”, señala. La colocación se realizó durante la noche y la madrugada, cuando fue posible restringir temporalmente parte de la vía.
Desde entonces, los sensores registran, durante las 24 horas, las aceleraciones y vibraciones de la estructura. Pero acumular datos no basta. Lo más complejo viene después y es entender qué están diciendo esas señales sobre el estado del puente, y distinguir entre su comportamiento habitual y un cambio que podría requerir atención.
La frecuencia de vibración es un parámetro muy importante porque nos permite caracterizar la estructura y entender en qué condición se encuentra el puente».
Entre los indicadores que analizaron, uno de los más importantes fue la frecuencia de vibración. “Es un parámetro muy importante porque nos permite caracterizar la estructura y entender en qué condición se encuentra”, explica Delgadillo.
Esto es clave porque cada estructura tiene determinadas propiedades dinámicas. Si ocurre un terremoto o aparece algún daño, esas propiedades pueden cambiar. Por eso, una modificación significativa en sus frecuencias puede convertirse en una señal de alerta que merece ser investigada.
Es justamente en ese punto donde entra la inteligencia artificial. “Usamos esa relación para hacer predicciones e identificar posibles daños estructurales con algoritmos de inteligencia artificial”, explica.
A partir de esos datos, los algoritmos pueden reconocer patrones y detectar anomalías que podrían pasar inadvertidas en una inspección puntual. De esta manera, la apuesta ya no es mirar el puente solo de vez en cuando, sino seguir su comportamiento de forma continua y reconocer cambios antes de que el daño sea evidente. Del puente como estructura al puente como “paciente”.
Los puentes como pacientes
Para explicar el monitoreo de la salud estructural (Structural Health Monitoring), Delgadillo usa una comparación sencilla: “El puente es como un ser humano”.
El investigador PUCP Dr. Rick Delgadillo se especializa en el monitoreo de la salud estructural de puentes y otras infraestructuras.
La idea es fácil de entender. Un puente no permanece igual desde el día en que se inaugura. Sus materiales y componentes parten de determinadas condiciones, pero, con los años, el tránsito, el clima y el uso constante van modificando su comportamiento.
Más de 80
puentes se encuentran en situación crítica y requieren intervención urgente. Fuente: Ositrán (julio 2026)
“Cuando un puente recién se construye puede estar en muy buenas condiciones, pero después de 40 o 50 años su comportamiento es distinto. Por eso, hablamos de salud estructural: también tenemos que observar cómo envejece”, explica Delgadillo.
Y en el Perú esa comparación cobra especial sentido. Como vimos al inicio de este informe, de los 80 que se encuentran en estado crítico, de acuerdo con Ositrán, la mayoría de estas estructuras tiene más de 40 años de antigüedad, y arrastra problemas de mantenimiento y reparación arrastradas desde 2018.
Pero si bien la edad importa, no es el único factor. Un puente también puede deteriorarse por deficiencias constructivas, tránsito intenso, falta de mantenimiento, corrosión o por eventos como terremotos, inundaciones y huaicos.
Cuando un puente recién se construye puede estar en muy buenas condiciones, pero después de 40 o 50 años su comportamiento es distinto. Por eso, hablamos de salud estructural: también tenemos que observar cómo envejece”.
El problema es que, muchas veces, ese deterioro se sigue evaluando de manera puntual. En el Perú, todavía predominan las inspecciones tradicionales y el uso de herramientas como sensores, cámaras o escáneres láser sigue siendo limitado.
Por ello, el monitoreo permanente abre una posibilidad distinta: observar cómo cambia un puente con el tiempo y detectar señales que antes podían pasar desapercibidas.
Del mantenimiento reactivo a la prevención
La diferencia entre ambos enfoques podría explicarse así: mirar el daño cuando aparece o seguir la evolución del puente para intentar detectarlo antes.
El monitoreo permanente, que plantea el investigador, permitirá observar cómo cambia el puente durante un año e identificar variaciones vinculadas al tránsito, la temperatura y la humedad que requieran una evaluación más detallada.
Entonces, un sistema de monitoreo permanente como el que plantea Delgadillo permite observar una estructura durante meses e identificar cambios que requieran una evaluación más detallada.
Por eso, la siguiente etapa del proyecto es mantener los sensores instalados durante un año completo. No busca solo registrar el efecto del tránsito, sino también entender cómo influyen la temperatura y la humedad a lo largo de las estaciones.
“Un año de información nos permitirá entender mucho mejor cómo se comporta la estructura y, a partir de ahí, mejorar los algoritmos de inteligencia artificial”, explica.
La data ya la tenemos. Ahora la idea es procesarla y convertirla en una plataforma que permita evaluar, en tiempo real, en qué condiciones se encuentra el puente”.
Esos datos también podrían alimentar una plataforma de monitoreo en tiempo real desarrollada junto con estudiantes. “La data ya la tenemos. Ahora la idea es procesarla y convertirla en una plataforma que permita evaluar, en tiempo real, en qué condiciones se encuentra el puente”, señala el ingeniero civil.
Este cambio modificaría la lógica del mantenimiento porque en lugar de esperar a que aparezca una grieta evidente o que ocurra una emergencia, se busca reconocer señales previas y decidir con más información cuándo intervenir.
¿Y si pudiéramos monitorear muchos puentes?
El objetivo para el investigador es ahora escalar la investigación y que este tipo de sistemas pueda extenderse progresivamente a otras infraestructuras para así proporcionar información útil a las entidades responsables de su mantenimiento. Esto permitiría, por ejemplo, priorizar intervenciones en puentes antiguos o ubicados en zonas especialmente expuestas a lluvias, inundaciones o huaicos.
Además de los sensores, Delgadillo también ha explorado, junto con estudiantes y especialistas de otras disciplinas, el desarrollo de robots capaces de desplazarse por estructuras complejas, tomar fotografías y utilizar algoritmos de inteligencia artificial para identificar posibles daños, una alternativa para aquellos lugares donde colocar sensores resulta difícil.
Además de los sensores, Delgadillo también ha explorado, junto con estudiantes y especialistas de otras disciplinas, el desarrollo de robots capaces de desplazarse por estructuras complejas, tomar fotografías y utilizar algoritmos de inteligencia artificial para identificar posibles daños, una alternativa para aquellos lugares donde colocar sensores resulta difícil.
De la investigación a una tecnología propia
Delgadillo no quiere que el proyecto termine cuando se apague el último sensor o se sustente una tesis. Su apuesta es que el conocimiento generado pueda convertirse, con el tiempo, en tecnología desarrollada desde la PUCP, y con posibilidades de aplicación dentro y fuera del país.
“Estas investigaciones no deberían quedarse solo en una tesis. Tenemos que pensar también en cómo convertirlas en productos que, más adelante, puedan incluso patentarse a nivel nacional e internacional”, sostiene.
Para el ingeniero, una tesis de pregrado, maestría o doctorado, o incluso un artículo científico, puede ser el punto de partida de un prototipo, una plataforma o una solución tecnológica concreta.
La oportunidad, señala, es especialmente grande en Latinoamérica. Mientras que en países de Europa, Estados Unidos o China el monitoreo estructural se utiliza desde hace décadas, en buena parte de nuestra región su incorporación todavía es limitada.
Estas investigaciones no deberían quedarse solo en una tesis. Tenemos que pensar también en cómo convertirlas en productos que, más adelante, puedan incluso patentarse a nivel nacional e internacional”.
“En Latinoamérica, todavía falta mucho por desarrollar y, en el Perú, esta línea se trabaja muy poco”, reconoce.
Por eso, uno de sus próximos objetivos es consolidar esta línea de investigación en la PUCP y conseguir nuevos fondos que permitan monitorear otros puentes durante periodos más largos, sumar especialistas de distintas disciplinas, y combinar sensores, inteligencia artificial y otras tecnologías.
La meta no es acumular datos: es convertirlos en decisiones que ayuden a anticipar daños, orientar el mantenimiento y reducir riesgos.
Porque cada vibración registrada dice algo sobre lo que ocurre en un puente. El reto está en aprender a escucharla antes de que esa señal se convierta en una falla visible.
En esta nota
Rick Delgadillo
Profesor del Departamento Académico de Ingeniería de la PUCP – Sección Ingeniería Civil
Ingeniero civil, magíster en Ingeniería Civil por la PUCP y doctor en Ingeniería Civil por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC-BarcelonaTech). Es docente de la Sección Ingeniería Civil del Departamento Académico de Ingeniería de la PUCP e investigador Renacyt. Su trabajo se especializa en el monitoreo de la salud estructural de puentes y otras infraestructuras, […]
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