Un nido para la comunidad: arquitectos PUCP y la ONG de Mbappé transforman un espacio en Ancón
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Más que responder a la falta de infraestructura educativa, el Nido Linaje David II fue concebido como un espacio para fortalecer los vínculos de una comunidad. Hideki Shimizu, Heishiro Fudimoto y Francesca Woodman, fundadores del estudio Cotacero y egresados de Arquitectura y Urbanismo PUCP, fueron los líderes del proyecto que hoy es nominado a “Obra del Año 2026” en la prestigiosa revista ArchDaily.
Texto:Alvaro Yovera
13.08.2026
A primera vista, el desafío parecía claro: mejorar la infraestructura de un nido en Ancón que necesitaba nuevos espacios para recibir a sus niños. Sin embargo, cuando Hideki Shimizu, Heishiro Fudimoto y Francesca Woodman, arquitectos del estudio Cotacero y egresados de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la PUCP, visitaron por primera vez la Asociación Popular Villa Mar, comprendieron que la necesidad iba mucho más allá de construir nuevas aulas.
Encontraron un centro educativo aislado y un barrio con pocos espacios para la vida en comunidad: lugares donde los padres pudieran esperar a sus hijos, los vecinos encontrarse o desarrollar actividades colectivas. Esa primera visita amplió la mirada sobre el proyecto. Ya no se trataba únicamente de mejorar un espacio educativo, sino de crear un lugar capaz de abrirse al barrio e integrarse a su vida cotidiana.
De esa mirada nació el Nido Linaje de David II, un proyecto de aproximadamente 500 metros cuadrados desarrollado por nuestros egresados. En las etapas de diseño y supervisión de obra también participaron las arquitectas PUCP Gloria Ccoriñaupa y Susana Chía.
Una solución pensada desde Ancón
Antes de proyectar, el equipo buscó comprender cómo funcionaba el lugar. La cercanía con el mar, la topografía y las dinámicas cotidianas de las familias terminaron definiendo buena parte de las decisiones arquitectónicas.
El resultado fue un edificio pensado para funcionar más allá del horario escolar. Una calle interior articula las aulas, y permite ampliar los espacios para albergar reuniones de padres, celebraciones y actividades vecinales. Así, el nido puede cambiar de escala según las necesidades de quienes lo utilizan.
La formación de la Católica siempre te enseña a no pensar solamente en el edificio, el concepto o en que todo sea bonito, sino en la arquitectura como un bien social que puede ayudar a la comunidad. La arquitectura es parte de las soluciones”.
Esta manera de proyectar está estrechamente vinculada con la formación que los arquitectos recibieron en la PUCP. Para Shimizu, la Universidad les enseñó a mirar más allá de la estética y entender la arquitectura como una disciplina con responsabilidad social. «La formación de la Católica siempre te enseña a no pensar solamente en el edificio, el concepto o en que todo sea bonito, sino en la arquitectura como un bien social que puede ayudar a la comunidad. La arquitectura es parte de las soluciones”, afirma.
Así, ese principio terminó atravesando todo el proyecto: desde la distribución de los espacios hasta la elección de materiales y, especialmente, la manera en que se desarrolló la construcción.
Una alianza internacional para hacer posible el Nido Linaje de David II
Un actor fundamental para llevar la propuesta del plano a la realidad fue Inspired by KM, la ONG fundada por el futbolista francés Kylian Mbappé. Su respaldo permitió financiar la ejecución del Nido Linaje de David II y sumar una dimensión de cooperación internacional a una iniciativa profundamente vinculada con las necesidades locales.
La participación comunitaria también incluyó a voluntarios de Inspired by KM, la ONG fundada por el futbolista francés Kylian Mbappé, cuyo financiamiento hizo posible la ejecución del proyecto.
Pero su participación no se limitó al financiamiento. Voluntarios vinculados a la organización viajaron hasta Ancón, y trabajaron junto con los arquitectos y los propios vecinos durante distintas etapas de la obra. Participaron en tareas como el armado de mobiliario, la colocación y corte de cañas y los acabados finales.
Esta colaboración permitió que la construcción se convirtiera también en un proceso participativo. Los vecinos no fueron únicamente los futuros usuarios de la infraestructura: intervinieron directamente en su ejecución, incluso en la elaboración del mobiliario.
“Todo fue una obra colectiva. Gracias a eso, la comunidad siente el proyecto como suyo, lo cuida y se identifica con él”, explica Fudimoto.
Construir desde el lugar
La participación local también se extendió a las decisiones constructivas. Desde sus primeras visitas, el equipo identificó qué recursos podían conseguirse en la zona y buscó trabajar con materiales disponibles cerca del proyecto.
Cañas, madera, concreto y otros elementos presentes en Ancón permitieron desarrollar una arquitectura coherente con el paisaje y, al mismo tiempo, reducir traslados. Parte importante de los trabajadores de la obra también provenía del propio barrio.
Todo fue una obra colectiva. Gracias a eso, la comunidad siente el proyecto como suyo, lo cuida y se identifica con él”.
La sostenibilidad, entonces, no se planteó únicamente desde los materiales utilizados, sino desde todo el proceso: proveedores cercanos, trabajadores locales, participación vecinal y una infraestructura flexible capaz de responder a diferentes usos. «Se pensó cada elemento para que los habitantes del barrio pudieran colaborar en su elaboración y dejar una parte de sí mismos en la obra. Eso hace que la arquitectura se vuelva parte de todos», explica Shimizu.
De Ancón a ArchDaily
Cuando el proyecto comenzó, sus autores no imaginaban que terminaría alcanzando reconocimiento internacional. El Nido Linaje de David II fue posteriormente nominado a Obra del Año 2026 por ArchDaily, una de las principales plataformas internacionales especializadas en arquitectura.
Para los arquitectos, la nominación también permite visibilizar una arquitectura peruana que encuentra en los desafíos sociales un espacio para innovar y desarrollar propuestas rigurosas. El reconocimiento no responde únicamente a las soluciones espaciales o constructivas del nido, sino a una propuesta nacida de una necesidad concreta y desarrollada en diálogo con quienes habitan el lugar.
Shimizu resume esa experiencia al recordar que lo más gratificante fue comprobar cómo las líneas que alguna vez comenzaron a dibujar terminaron convirtiéndose en una obra destinada a un bien mayor. «Nos sorprendió muchísimo. Era nuestro primer proyecto completamente diseñado y construido como estudio. Nunca pensamos que terminaría siendo nominado», sostuvo.
El Nido Linaje de David II fue posteriormente nominado a Obra del Año 2026 por ArchDaily, una de las principales plataformas internacionales especializadas en arquitectura.
El Nido Linaje de David II reúne así distintas dimensiones de una misma manera de entender la arquitectura: una formación que pone a las personas en el centro, una comunidad involucrada directamente en el proceso y una alianza internacional que permitió convertir la propuesta en realidad.
Más allá de su nominación, el proyecto muestra que responder a una necesidad de infraestructura también puede ser una oportunidad para crear espacios que mejoren la manera en que una comunidad aprende, se encuentra y utiliza su entorno.
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