«La igualdad, diversidad, inclusión y prevención de la violencia son condiciones necesarias para que todas las personas puedan aprender, participar y desarrollarse plenamente»

Por Marcela Huaita Alegre

Jefa de la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad

«La igualdad, diversidad, inclusión y prevención de la violencia son condiciones necesarias para que todas las personas puedan aprender, participar y desarrollarse plenamente»

19.06.2026

Quienes trabajamos en la universidad solemos hablar de formación integral. Es una expresión que repetimos con frecuencia, pero que cobra especial sentido cuando nos preguntamos qué tipo de profesionales, ciudadanas y ciudadanos necesita hoy nuestro país.

La universidad es, sin duda, un espacio para adquirir conocimientos especializados y desarrollar competencias profesionales. Pero es también uno de los primeros lugares donde muchas personas jóvenes se encuentran con realidades distintas a las propias, construyen nuevas amistades, aprenden a debatir, a trabajar en equipo, y a convivir con personas que tienen historias, creencias, identidades y trayectorias de vida diversas. Es un espacio donde se amplían horizontes y donde se ponen en práctica valores que acompañarán a nuestras y nuestros estudiantes mucho más allá de las aulas.

Por eso, cuando desde las universidades hablamos de igualdad, diversidad, inclusión y prevención de la violencia, no estamos incorporando temas ajenos a nuestra misión. Estamos hablando de las condiciones necesarias para que todas las personas puedan aprender, participar y desarrollarse plenamente. Estamos hablando de cómo construimos una comunidad universitaria donde el respeto no sea una aspiración abstracta, sino una experiencia cotidiana.

Las y los estudiantes necesitan espacios seguros para informarse, reflexionar críticamente, dialogar y comprender la diversidad de experiencias humanas que existen en la sociedad de la que forman parte».

En los últimos meses, la discusión pública en torno a la educación sexual integral ha vuelto a poner sobre la mesa preguntas importantes sobre la formación de las personas jóvenes y sobre el papel que cumplen las instituciones educativas en la construcción de una sociedad más democrática y libre de violencia. Más allá de las posiciones que puedan existir en el debate público, hay algo que resulta difícil de cuestionar: las y los estudiantes necesitan espacios seguros para informarse, reflexionar críticamente, dialogar y comprender la diversidad de experiencias humanas que existen en la sociedad de la que forman parte. Las historias y experiencias de las personas LGBTIQ+ nos recuerdan que el reconocimiento de derechos y la construcción de sociedades más inclusivas son procesos que requieren conocimiento, diálogo y compromiso colectivo.

Las universidades tienen una responsabilidad particular en este desafío. No solo porque forman a quienes ejercerán profesiones tan diversas como la docencia, la medicina, el derecho, la ingeniería o la gestión pública, sino porque forman a las futuras personas líderes, tomadoras de decisión y referentes de sus comunidades. La manera en que estas personas comprendan la diversidad, ejerzan el respeto y respondan frente a la discriminación tendrá un impacto real en los espacios donde trabajen y en las decisiones que adopten a lo largo de su vida profesional.

Desde la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad (OIGD) entendemos que las políticas institucionales de igualdad, no discriminación y prevención de la violencia forman parte de ese compromiso educativo. Su objetivo no es decirles a las personas qué deben pensar, sino contribuir a que todas puedan estudiar, enseñar, investigar y trabajar en un entorno donde se sientan respetadas, valoradas y seguras».

Desde la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad (OIGD) entendemos que las políticas institucionales de igualdad, no discriminación y prevención de la violencia forman parte de ese compromiso educativo. Su objetivo no es decirles a las personas qué deben pensar, sino contribuir a que todas puedan estudiar, enseñar, investigar y trabajar en un entorno donde se sientan respetadas, valoradas y seguras. Son políticas que buscan asegurar condiciones de convivencia que permitan que cada integrante de la comunidad universitaria desarrolle su potencial sin temor a ser excluido, discriminado o violentado por quien es.

Esta tarea adquiere especial relevancia cuando pensamos en aquellas experiencias que históricamente han tenido menos espacio para ser escuchadas o reconocidas. Una universidad comprometida con la excelencia académica también debe ser una universidad capaz de escuchar esas voces, aprender de ellas y generar oportunidades para que todas las personas encuentren un lugar en la comunidad.

Construir una cultura de respeto no ocurre de un día para otro. Es un proceso que requiere aprendizaje, diálogo, revisión permanente de nuestras prácticas y disposición para reconocer aquello que todavía podemos mejorar. Implica hacernos preguntas incómodas, escuchar perspectivas distintas y comprender que la convivencia democrática se construye todos los días, en las aulas, en los espacios de representación estudiantil, en las oficinas, en los proyectos de investigación y en cada interacción cotidiana.

En tiempos en que los discursos de exclusión y polarización encuentran cada vez más espacios de difusión, reafirmar estos principios no es un gesto simbólico: es una apuesta por el tipo de sociedad que queremos construir».

Como Universidad, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de contribuir a la formación de profesionales técnicamente competentes, pero también de personas capaces de actuar con empatía, sentido ético y respeto por la dignidad humana. En tiempos en que los discursos de exclusión y polarización encuentran cada vez más espacios de difusión, reafirmar estos principios no es un gesto simbólico: es una apuesta por el tipo de sociedad que queremos construir.

Ese es también el sentido del trabajo que impulsa la OIGD: contribuir a que nuestra comunidad universitaria sea un espacio donde la diversidad sea reconocida, el respeto sea una práctica cotidiana, y el cuidado de las personas forme parte de la experiencia universitaria de todas y todos.

En esta columna

Marcela Huaita Alegre

Marcela Huaita Alegre

Jefa de la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad
Abogada PUCP, Master (LLM) en Estudios Legales Internacionales por la American University (WCL), y estudios concluidos en el Doctorado de Derecho (PUCP). Con experiencia en la gestión de políticas públicas, ha ejercido cargos de Alta Dirección en el Poder Ejecutivo. Ha sido ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú (2015-2016). Ocupó el cargo de […]

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