La crisis de las becas Generación del Bicentenario —antes Presidente de la República— aún no se resuelve, por lo que es oportuno abordar la coyuntura desde una perspectiva profunda. Y, sobre todo, experta. Para ello, PuntoEdu conversó con Jaime Saavedra, economista PUCP, exministro de Educación y actual director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. El líder global en temas de educación valoró la importancia de continuar con programas que contribuyan a reducir la brecha de desigualdad en las oportunidades de desarrollo entre los peruanos. Asimismo, elogió la continuidad que ha tenido por años la estrategia nacional relacionada con el sistema de becas, tanto en pregrado como posgrado, y añadió que aún hay tareas por cumplir.
¿Cómo debería medirse el impacto de un programa como becas Generación del Bicentenario?
En general, los programas de becas son instrumentos poderosos que sirven para brindar igualdad de oportunidades y movilidad social. Como sociedad, decidimos asegurar que más chicos tengan la oportunidad de beneficiarse de una educación de buena calidad, independientemente del nivel de ingresos de sus familias y de su estatus socioeconómico. Esa es la lógica de las becas en todas partes del mundo. Y yo creo que el Perú, desde el 2011 o 2012, se alineó con ese pensamiento. Hay que decir que existen personas que no están en situación de extrema pobreza, pero que simplemente no pueden pagar estudios de maestría y doctorado porque son demasiado caros. Entonces, la única manera de que pueden solventarlos es a través de este tipo de opciones. Las becas permiten asegurar que el talento de jóvenes profesionales se pueda aprovechar de una manera mucho más eficaz y eficiente por toda la sociedad.
A veces, sucede que existen políticas públicas que funcionan, pero que terminan siendo modificadas o suprimidas por motivos que nada tienen que ver con su propia naturaleza o dinámica, sino por cambios de gobierno. ¿Existe alguna forma de blindarlas?
Si las cosas están inscritas como ley, digamos, son más ‘blindables’. Pero en política todo se puede modificar. Una ley modifica a otra, así es. Hasta la Constitución se puede cambiar. Entonces, toda estabilidad dependerá, en realidad, de las decisiones que tome la sociedad en su conjunto. ¿Queremos dar oportunidades a todos o no? Es una decisión social.
¿Qué mensaje envía el Estado a estos profesionales peruanos talentosos cuando se suspende este tipo de programas?
No conozco los detalles de por qué se tomó esta decisión, pero cualquier cambio radical e intempestivo en las reglas de juego de una política pública es poco serio. Eso se aplica a este programa o a cualquier otro. Cualquier cambio tiene que ser bien pensado, debe poseer una lógica detrás en la cual se ponga por delante el interés de la gente. En el caso de las becas Bicentenario, el de los jóvenes, eso es lo más importante. Si se considera que el programa de becas requiere ciertos ajustes, lo cual podría ser perfectamente razonable, tengo que hacerlos sin perjudicar a nadie. Anticipo los cambios. Aviso cuáles serán.
Al menos con tiempo…
Así es. Las becas normalmente se convocan anualmente, entonces aviso con tiempo los cambios que se harán. Digo: “Por si acaso, la convocatoria del próximo año tendrá estas características”. Repito: es válido cambiar las reglas de juego si quieres mejorar o perfeccionar una política pública, pero eso requiere, primero, de una discusión seria, de un análisis que vea los costos y los beneficios de cada cambio. Porque se trata de decisiones que van a afectar la vida de cientos o miles de chicos.
Beca 18 y la hoy beca Bicentenario, en general, estaban dentro de los mejores programas públicos de ese tipo en América Latina. El Perú estaba avanzando correctamente en términos no solamente de magnitud de la inversión, sino de la calidad de los programas mismos. Ahora, siempre hay que hacer ajustes, por supuesto».
¿Existe una estrategia nacional sostenida para formar capital humano altamente calificado en el Perú?
Yo creo que sí ha existido una estrategia. De hecho, ha sido un éxito en términos de políticas de Estado. Hay que recordar que esa política empezó entre el 2011 y el 2012, hace unos 14 años. Y afortunadamente se ha mantenido durante varios gobiernos. Y eso es muy bueno, muestra que el país puede implementar políticas de Estado y no políticas de gobierno. Significa que durante muchos años hemos tomado decisiones correctas.
¿Por qué el Estado debe priorizar invertir en becas para estudios superiores en el extranjero?
Porque hay que dar a todos nuestros jóvenes las mejores oportunidades. Es correcto, por ejemplo, que en el pregrado se priorice otorgar becas a nivel nacional porque en el Perú existen muy buenas universidades públicas y privadas. Hay excelentes pregrados competitivos, inclusive si se comparan con universidades de países de primer mundo. En posgrado, el asunto se pone un poco más difícil. Hay muy buenas maestrías y doctorados en el Perú, sí. ¿Suficientes para lo que necesitamos como un país que tiene que crecer y que aspira a formar parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD)? No, no es suficiente para un país de la OECD.
Hay que buscar las mejores oportunidades para los jóvenes…
Así es. ¿En algún momento nuestra oferta de maestrías y doctorados será tan buena como la del Reino Unido? Quizás sí. ¿Lo es hoy? No, todavía. Entonces sí tiene sentido que a nivel de posgrado, o bueno, al nivel terciario, digamos, existan becas para que estudien fuera. Y hay que dar incentivos también para que esos jóvenes regresen al Perú.
¿Qué evidencia internacional demuestra que las becas generan retornos reales para el país?
Eso está muy probado. Parte del proceso de acumulación de capital humano implica asegurar que la gente logre la mejor formación posible sea donde sea. Y eso ocurre en ciertos países, sí. (…) Lo que sucede también es que los países ricos no siempre necesitan acudir a becas porque su gente ha tenido una muy buena educación primaria y, encima, gratis. Y la terciaria, también. En Alemania, pasa eso. Allá las personas no piensan cómo voy a pagar la universidad. Estudian los posgrados gratis. El Perú no está ahí todavía, lamentablemente. Entonces las becas reducen ese problema, aunque sea parcialmente. Las políticas públicas, por ello, deben apuntar a que la capacidad socioeconómica de alguien no sea una barrera para la inversión en capital humano.
Parte del proceso de acumulación de capital humano implica asegurar que la gente logre la mejor formación posible sea donde sea (…) Las políticas públicas, por ello, deben apuntar a que la capacidad socioeconómica de alguien no sea una barrera para la inversión en capital humano.
Finalmente, y a partir de su experiencia como líder global en temas de educación, ¿qué está funcionando en otros lugares en términos de políticas públicas de becas a nivel escolar, universitario o de posgrado que podríamos replicar?
Hay que decir que Perú ha hecho muy bien las cosas. Beca 18, y la hoy beca Bicentenario, en general, estaban dentro de los mejores programas públicos de ese tipo en América Latina. El Perú estaba avanzando correctamente en términos no solamente de magnitud de la inversión, sino de la calidad de los programas mismos. Ahora, siempre hay que hacer ajustes, por supuesto. Yo creo que hay que invertir, por ejemplo, en nivelar el nivel académico de los chicos en la escuela. La calidad de la educación secundaria en nuestro país es muy heterogénea. Los jóvenes que provenían de escuelas públicas o de zonas más remotas no habían recibido una formación de buena calidad en muchos casos. Chicos talentosos, pero nivelados, pueden ser exitosos en la universidad. No hay que dejar escapar el talento. Si la educación básica fuera homogénea, no importaría si estudiaste en Miraflores o en el centro de Ucayali. Como no lo es, hay que trabajar en nivelar a la persona que lo necesita para que acceda a las oportunidades al querer estudiar una carrera. Eso sin duda.



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