“La tradición cristiana entiende que el conocimiento es un don de Dios y una responsabilidad comunitaria. La educación cristiana forma no solo profesionales, sino personas abiertas al bien, a la belleza y a la verdad. Por eso, la escuela católica, cuando es fiel a su nombre, es un espacio de inclusión, formación integral y promoción humana. Así, conjugando fe y cultura, se siembra futuro, se honra la imagen de Dios y se construye una sociedad mejor”.
Papa León XIV en Dilexi te, 72
El Jubileo del Mundo Educativo, realizado en Roma del 27 de octubre al 1 de noviembre, ha sido una experiencia significativa, un espacio de renovación vocacional y una invitación a seguir contribuyendo, desde la educación superior, a la construcción de un país más justo, fraterno y orientado al bien común.
Este jubileo tuvo como propósito reafirmar el valor de la educación como una misión profundamente humana, en la que la fe dialoga con la cultura. Donde la esperanza se traduce en compromiso cotidiano. Un encuentro internacional que permitió reconocer que el proceso educativo es también un camino interior y un camino comunitario que fortalece la vocación de quienes lo animan.
«Nuevos mapas de esperanza»
Entre las actividades centrales, queremos destacar la Misa de inicio del Jubileo el lunes 27, momentos antes el Papa León firmó la Carta Apostólica “Diseñar Nuevos Mapas de Esperanza”; también la Audiencia con el Papa León XIV con los educadores, el viernes 31. Ambos fueron encuentros muy emotivos. A lo largo del jubileo, participamos en otros espacios de encuentro por áreas educativas, donde se abordaron temas vinculados a ciudadanía, espiritualidad, formación integral, cultura del cuidado e innovación pedagógica.
Otro de los hitos fue el Congreso Internacional “Constelaciones de Esperanza”, en el que se desarrollaron conferencias orientadas a profundizar en la misión educativa de la Iglesia en el mundo actual. El cardenal José Tolentino de Mendonça nos invitó a reflexionar señalando: “El mundo educativo es una red viva y plural, donde cada estrella tiene su luz propia”. Esta invitación resonó bastante, nos ayuda a profundizar en nuestra identidad como PUCP.
“Tengo ante mí una asamblea de sembradores y sembradoras de futuro, que abrazan la tarea educativa con convicción y compromiso, que la sienten como una vocación y una misión apasionada. Gracias por su testimonio, por marcar la diferencia en la vida de millones de personas y por su labor como mediadores culturales creíbles, como operadores del conocimiento en sus múltiples acepciones, como coreógrafos de la esperanza”.
Cardenal José Tolentino de Mendonça
Educar para transformar la realidad
La experiencia de ser peregrino durante el jubileo ha sido muy consoladora y desafiante. Orar, caminar, conocer, situarse y maravillarse de todo. Cruzar las Puertas Santas, rezar en la tumba del Papa Francisco y compartir el camino con otros compatriotas ha significado una experiencia que nutre nuestra misión desde la pastoral universitaria en la PUCP.
Así, la misión educativa en la universidad —y particularmente en un país como el Perú, con grandes brechas sociales y culturales— está invitada a alimentarse de cuatro actitudes que fueron propuestas por el Papa León XIV: la interioridad, que permite discernir y orientar los procesos formativos; la unidad, que ayuda a tejer comunidad en medio de la fragmentación; el amor, como fundamento de toda propuesta educativa auténtica; y la alegría, que sostiene la esperanza incluso en tiempos de incertidumbre. De esta manera, se relanza y refuerza el Pacto Educativo Global, tan querido por el Papa Francisco.
El Jubileo del Mundo Educativo dejó así un mensaje claro: educar, cuando se vive como vocación y servicio, es una forma concreta de transformar la realidad. Y, en ese camino, cada escuela y cada universidad puede convertirse en una constelación que ilumina el futuro.



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