Alzheimer en el Perú: un fármaco radioactivo busca detectarlo años antes de que aparezcan los síntomas


Alzheimer en el Perú: un fármaco radioactivo busca detectarlo años antes de que aparezcan los síntomas

Un equipo liderado por la Dra. Paloma Salas, docente PUCP y coordinadora de la Sección Química, investiga la formulación de un compuesto radiactivo de larga duración que permita detectar los síntomas relacionados al Alzheimer en etapas iniciales. El fármaco podría ser transportado a más establecimientos médicos en el país.

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Texto: Bárbara Contreras
29.08.2025

Es la séptima causa principal de muerte en adultos mayores a nivel mundial junto con otras formas de demencia, pero su diagnóstico temprano aún enfrenta grandes retos en nuestro país. El Alzheimer —una enfermedad neurodegenerativa progresiva que deteriora la memoria, el pensamiento y el comportamiento— afecta la vida y la dignidad de miles de peruanos y peruanas cada año.

Según el Ministerio de Salud, más de 200 mil personas mayores de 60 años en nuestro país padecen esta enfermedad. Y la tendencia va en aumento: a nivel de la región, se espera que el número de personas que viven con demencia en América Latina y el Caribe se triplique para el año 2050, lo que implicaría 27 millones de casos.

Uno de los principales desafíos es su detección oportuna. Los primeros síntomas del Alzheimer suelen confundirse con depresión, envejecimiento normal o trastornos cognitivos leves. Se estima que el 75% de las personas con demencia en el mundo no están diagnosticadas y en países de ingresos bajos o medios como Perú esa cifra podría elevarse hasta el 90%.

Frente a esto, un equipo de químicos liderado por la Dra. Paloma Salas —docente e investigadora de la PUCP y coordinadora de la Sección Química— trabaja desde hace seis años en el desarrollo de un compuesto radiactivo basado en cobre, que permita detectar el Alzheimer en etapas tempranas mediante imágenes cerebrales. A su vez, se busca que este compuesto pueda ser transportado a centros de salud que no cuentan con la infraestructura para producirlo.

Se estima que 75%

de las personas con demencia en el mundo no están diagnosticadas, y en países de ingresos bajos o medios como Perú esa cifra se eleva hasta el 90%

Hacia un diagnóstico más preciso del Alzheimer

“Hasta hace poco más de una década, el Alzheimer se diagnosticaba únicamente con pruebas psicológicas, lo que dificultaba distinguirlo de otros trastornos cognitivos con síntomas similares”, explica a PuntoEdu la Dra. Salas.

Hoy, el diagnóstico ha evolucionado hacia técnicas más precisas, como las tomografías cerebrales. Estas permiten observar dos tipos de anormalidades características de la enfermedad mediante imágenes: las placas amiloides —acumulaciones de proteína beta-amiloide entre las neuronas que bloquean el intercambio adecuado de señales— y los ovillos neurofibrilares —estructuras que alteran el funcionamiento interno de las células cerebrales—. Para que estas alteraciones se hagan visibles en la tomografía, el paciente debe recibir un fármaco con un compuesto radiactivo, que se adhiere a las zonas afectadas y las “ilumina” en la imagen médica. 

Actualmente, estos compuestos se elaboran con radioisótopos como el carbono-11 o el flúor-18, que tienen una vida media muy corta: aproximadamente 20 minutos en el caso del carbono y cerca de 2 horas en el del flúor. Esta limitación restringe su uso a centros altamente especializados que puedan producirlos en el momento, así como a hospitales cercanos, generalmente ubicados en grandes ciudades o capitales.

En el Perú, solo tres entidades principales disponen de infraestructura propia para producir radiofármacos desde cero y todas se concentran en Lima (los laboratorios del IPEN, Ciclotrón Perú S.A. y el Centro de Producción de Radiofármacos de EsSalud).

Cobre-64: el radioisótopo que podría llevar el diagnóstico a más centros de salud

“Nuestra investigación busca diseñar fármacos que puedan tener un tiempo de vida más largo, de manera que puedan ser utilizados por más tiempo y ser trasladados a distintos puntos de acción donde no se cuenta con la tecnología para generarlo in situ”, señala la Dra. Salas. 

Junto con su equipo, encontraron investigaciones previas que destacaban al cobre-64 como un buen candidato para la tarea. Este radioisótopo no solo tiene un tiempo de vida de 12 horas, sino que posee una química bien conocida. Esto último facilita el diseño de compuestos capaces de transportarlo al cerebro de forma estable y dirigida, permitiendo que se adhiera a las zonas afectadas en el sistema nervioso central y emita la señal que será detectada por el tomógrafo.

El cobre-64 tiene un tiempo de vida de 12 horas, lo que facilita su transporte a centros que no cuentan con la tecnología para generarlo.

“Actualmente, hemos llegado a desarrollar alrededor de 15 distintos compuestos que tienen como base el cobre-64. Estos se encuentran atravesando por una fase de ensayos in vitro, donde probamos su estabilidad en medios fisiológicos, sus niveles de toxicidad, si son aptos para sobrevivir en el ser humano, entre otras pruebas”, afirma la investigadora. 

El equipo también cuenta con la colaboración del profesor Jesús Valdiviezo, doctor en Química y maestro en Ingeniería Computacional, con quien desarrollan simulaciones por computadora que permiten observar cómo interactúan los compuestos con las placas amiloides. En particular, analizan el comportamiento del péptido —una cadena de aminoácidos diseñada para reconocer y adherirse a las placas—, ya que su precisión es clave para que el compuesto llegue al lugar correcto en el cerebro.

“Desarrollar un compuesto que sea apto y supere todas las pruebas y ensayos puede tomar entre 20 y 30 años en promedio”, señala la Dra. Salas. En los próximos meses, su objetivo es continuar con estudios de afinidad in vitro, con la expectativa de avanzar hacia ensayos en modelos animales en los años siguientes.

Una investigación financiada por la PUCP

Las investigaciones sobre el fármaco de la Dra. Salas y su equipo recibieron los Fondos ProCiencia de la PUCP en el 2019. Por eso, fue posible adquirir los reactivos y equipos pequeños con los que el grupo sigue investigando hasta la fecha. 

Desde entonces, ella y cerca de 10 estudiantes y egresados de la Universidad se han involucrado en el proyecto. “La investigación no hubiese avanzado sin su trabajo. Son ellos los que ejecutan la experimentación y llevan a cabo el análisis, así que su contribución es esencial”, afirma la Dra. Salas.

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