Del MIT a Chicago: arquitecto PUCP lleva la cosmovisión andina a las aulas globales
Formado en la PUCP y graduado del MIT, Kevin convirtió las lagunas y montañas de sus historias familiares en el corazón de su trabajo. Hoy es el primer egresado en obtener la Jeanne and John Rowe Fellowship, que lo ha llevado a enseñar en Illinois y releer la arquitectura contemporánea desde la cosmovisión andina.
Texto:Bárbara Contreras
Fotos:Archivo personal
25.02.2026
Kevin Malca supo que quería ser arquitecto mucho antes de entender exactamente qué significaba la palabra. Creció en una casa autogestionada que cambiaba todo el tiempo: siempre había alguien construyendo, ampliando o transformando los espacios. Su padre (un arquitecto frustrado, bromea) lideraba el proceso junto a un maestro constructor que terminó volviéndose parte de la familia. Para Kevin, esa posibilidad de que la arquitectura nunca estuviera “terminada”, sino en permanente diálogo con el tiempo, fue fascinante.
Pero no solo fue la construcción lo que marcó su vocación. De su familia, originaria de Cajamarca y Áncash, heredó una conexión profunda con el paisaje andino: viajes a lagunas, historias sobre montañas vivas, una abuela curandera y tejedora. “En una biblioteca encontré libros sobre arquitectura en el paisaje y entendí que no se trataba solo de construir edificios, sino de cómo estos dialogan con el territorio y las personas que lo habitan. Ahí supe que necesitaba estudiar esto”, recuerda.
Hoy, Kevin evoca el origen de su pasión desde las aulas del Instituto de Tecnología de Illinois (Chicago), donde enseña y continúa aprendiendo sobre técnicas ancestrales de arquitectura y paisaje tras haber sido seleccionado para la prestigiosa Jeanne and John Rowe Fellowship. Este nuevo hito se suma a una trayectoria que, hace apenas dos años, lo llevó a graduarse del MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde cursó la maestría SMArchS, un programa altamente selectivo que admite únicamente a cuatro estudiantes por promoción.
Kevin Malca fue seleccionado para la Jeanne and John Rowe Fellowship en el Illinois Institute of Technology. Es el primer egresado PUCP en obtener esta distinción.
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Kevin Malca fue seleccionado para la Jeanne and John Rowe Fellowship en el Illinois Institute of Technology. Es el primer egresado PUCP en obtener esta distinción.
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Arquitecto PUCP que piensa el pasado en la ciudad contemporánea
Durante su formación en la PUCP, Kevin reconectó con su interés por el territorio. Cursos sobre historia ancestral, talleres en contextos urbanos complejos y un intercambio a España lo llevaron a preguntarse por la relación entre ciudad y pasado prehispánico. Su tesis propuso resignificar sitios arqueológicos como equipamientos urbanos: espacios públicos activos, integrados a la vida cotidiana de la comunidad.
En 2017 participó en el rediseño del parque Mangomarca, en San Juan de Lurigancho, dentro del programa “Puerto Cultura” del Ministerio de Cultura. Lo que empezó como el encargo de diseñar un cerco terminó convirtiéndose en una metodología para intervenir sitios arqueológicos con participación comunitaria. “Entendimos que más que cerrar el lugar, había que rediseñar el parque como borde vivo del sitio. Y lo hicimos junto a los vecinos, en un proceso de seis meses”, recuerda.
Esa experiencia consolidó una inquietud que lo acompañaría en los años siguientes: ¿cómo intervenir territorios con valor histórico sin reducirlos a objetos turísticos? ¿Cómo equilibrar las expectativas del Estado con las necesidades y los lenguajes propios de las comunidades?
Muchas veces miramos estas tecnologías como pasado. Pero siguen conectadas de manera activa con sistemas ecológicos y guardan dentro de sí un entendimiento propio del mundo. El agua corre, las comunidades las sostienen, y los principios que las rigen son los mismos que hoy buscamos en la sostenibilidad contemporánea».
El MIT y la libertad de cuestionarlo todo
En 2022 fue admitido en la maestría SMArchS del Massachusetts Institute of Technology, uno de los programas más selectivos del mundo en estudios de arquitectura. Fue el único latinoamericano de su promoción y contó con el apoyo de la Beca Generación del Bicentenario, que le permitió financiar su estancia.
En el MIT encontró algo que marcaría profundamente su formación: libertad crítica. “Me permitió cuestionar mi propia educación y los modelos que heredamos sin discutirlos. En un entorno diverso y exigente, tuve el espacio para explorar mis preguntas y construir una mirada propia”, afirma. Durante dos años tomó cursos con antropólogos, geógrafos, artistas y arquitectos, y profundizó en un tema que venía gestándose desde el Perú: la relación entre agua, territorio y arquitectura.
Su tesis lo llevó a Ayacucho, donde trabajó con Marcela y Magdalena Machaca, ingenieras agrónomas y criadoras del agua que practican la siembra y la cosecha de agua en comunidades andinas. “Fue una forma de reconectar con historias familiares que antes veía como relatos lejanos o casi mágicos y entender que en realidad se traducen en algo tangible: el territorio, el agua y la arquitectura”, afirma.
Allí comprendió que las infraestructuras hídricas no son solo sistemas de extracción y distribución, sino espacios de cohesión social, transferencia de conocimiento y vínculo espiritual con el territorio. “Muchas veces miramos estas tecnologías como pasado. Pero siguen conectadas de manera activa con sistemas ecológicos y guardan dentro de sí un entendimiento propio del mundo. El agua corre, las comunidades las sostienen y los principios que las rigen son los mismos que hoy buscamos en la sostenibilidad contemporánea”, expresa.
Aprender del sur, enseñar en el norte
Tras culminar la maestría, Kevin fue seleccionado para la Jeanne and John Rowe Fellowship en el Illinois Institute of Technology, convirtiéndose en el primer egresado PUCP en obtener esta distinción. Durante dos años este programa le permitirá desempeñarse como profesor visitante, dictando talleres de diseño y seminarios mientras desarrolla una investigación sobre técnicas del paisaje y arquitectura vernáculas en Perú.
En sus clases dialoga con estudiantes de arquitectura y paisaje sobre cómo estas prácticas pueden nutrir la enseñanza contemporánea. Insiste en dejar de mirar las tecnologías del paisaje de manera abstracta, o solo apreciando su estética, y empezar a entenderlas como sistemas vinculados a aspectos sociales, culturales y económicos.
“Más adelante espero trabajar con las comunidades y profesionales con los que ya colaboro para poner estas ideas en práctica. También quiero seguir afinando una metodología pedagógica que me permita transmitir con mayor claridad estos enfoques y traducir el conocimiento en acciones concretas”, finaliza.
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