En la foto: Marea roja en la PUCP
Cada 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nos recuerda que la violencia contra las mujeres sigue siendo una de las violaciones de derechos humanos más extendidas, normalizadas y persistentes de nuestro tiempo. Lo vemos en las cifras, pero también en los silencios, en los miedos cotidianos y en las barreras que enfrentan quienes buscan continuar con su vida académica, laboral o personal después de haber experimentado alguna forma de violencia.
En el ámbito universitario, estas realidades adquieren una dimensión particular. La universidad debería ser un lugar donde las personas construyen trayectorias de aprendizaje y libertad, pero sabemos que las desigualdades de género pueden manifestarse también en aulas, laboratorios, prácticas preprofesionales, espacios virtuales y vínculos cotidianos. Las violencias —sean directas o simbólicas, explícitas o encubiertas— limitan el desarrollo integral, generan climas de inseguridad, y afectan de manera diferenciada a mujeres en su diversidad, personas LGBTIQ+ y personas con discapacidad, entre otras.
La universidad debería ser un lugar donde las personas construyen trayectorias de aprendizaje y libertad, pero sabemos que las desigualdades de género pueden manifestarse también en aulas, laboratorios, prácticas preprofesionales, espacios virtuales y vínculos cotidianos».
Por eso, el compromiso institucional no puede quedarse en declaraciones. Implica actuar, transformar y sostener cambios de manera permanente. Desde la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad trabajamos para fortalecer mecanismos de prevención, construir rutas de atención claras y accesibles, y promover una cultura universitaria donde cada integrante sepa que no está sola ni solo. También es fundamental escuchar: comprender que las experiencias de violencia no son homogéneas y que la intersección entre género, discapacidad, origen, condición migratoria u orientación sexual puede intensificar los riesgos y las consecuencias.
La respuesta universitaria frente a la violencia debe articular cuidado y firmeza. Cuidado para acompañar sin juzgar, para proteger sin infantilizar, para generar confianza y espacios seguros. Firmeza para no tolerar conductas que vulneran la dignidad, para cuestionar prácticas normalizadas y para exigir responsabilidades cuando corresponda. En este equilibrio se juega la posibilidad real de construir una comunidad que se piensa desde la igualdad y se sostiene desde la solidaridad.
La respuesta universitaria frente a la violencia debe articular cuidado y firmeza. Cuidado para acompañar sin juzgar, para proteger sin infantilizar, para generar confianza y espacios seguros. Firmeza para no tolerar conductas que vulneran la dignidad, para cuestionar prácticas normalizadas y para exigir responsabilidades cuando corresponda».
También necesitamos reconocer que la transformación cultural no ocurre de un día para otro. Requiere conversaciones incómodas, revisiones profundas y un trabajo cotidiano que involucra a docentes, estudiantes y personal administrativo. Demanda preguntarnos qué mensajes transmitimos, cómo distribuimos las oportunidades, qué dinámicas reproducimos sin darnos cuenta y qué cambios estamos dispuestos a impulsar.
Este 25 de noviembre no solo alzamos la voz contra la violencia; reafirmamos la importancia de una comunidad capaz de cuidarse mutuamente, de mirarse críticamente, y de asumir la responsabilidad colectiva de construir entornos libres de miedo y discriminación. La universidad tiene la oportunidad —y la obligación— de ser un espacio donde la igualdad no sea un ideal lejano, sino una experiencia viva y cotidiana.
Este 25 de noviembre no solo alzamos la voz contra la violencia; reafirmamos la importancia de una comunidad capaz de cuidarse mutuamente, de mirarse críticamente, y de asumir la responsabilidad colectiva de construir entornos libres de miedo y discriminación».
La lucha contra la violencia es una tarea permanente. Y aunque los desafíos sean grandes, también lo es nuestra capacidad de transformar, de sostener y de acompañar. Ese es el camino que queremos seguir: uno donde cada persona pueda desarrollarse con libertad, dignidad y seguridad.
Acciones de la PUCP frente a la violencia basada en género
En el marco del 25N, destacamos avances institucionales impulsados por la PUCP a través de la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad:
- Encuestas anuales sobre violencia basada en género y hostigamiento sexual para orientar acciones con evidencia
- Publicación de directrices especializadas:
Estos avances refuerzan el compromiso de la PUCP con una comunidad segura, libre de violencia y basada en la igualdad. Las prácticas deben ser un espacio de crecimiento, no de riesgo.



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