¿Lo humano y lo divino se oponen? ¿Tiene el sufrimiento alguna función en la salvación del ser humano? Estas son algunas de las preguntas que han ocupado la investigación teológica a lo largo de los siglos y que son parte del trabajo de Samuel Fernández, sacerdote y profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que en estos días estuvo de visita por nuestra Universidad.
“Una comunidad siempre va a estar fundamentada en ciertos supuestos que son teológicos y filosóficos. Y si uno mira con agudeza, es posible identificar esas ideas teológicas que están instaladas en las personas, y que pueden facilitar o dificultar la vida cristiana”, señala Fernández. Para él, la reflexión teológica responde a la necesidad que tiene toda sociedad de comprender sus propias convicciones antropológicas, donde es evidente que la dimensión religiosa tiene un lugar fundamental. “En el fondo, si yo tengo una antropología más negativa o positiva, mi vida es distinta, me entiendo de una manera distinta, conduzco mi vida de una manera diferente”, añade.
La reflexión teológica responde a la necesidad que tiene toda sociedad de comprender sus propias convicciones antropológicas, donde es evidente que la dimensión religiosa tiene un lugar fundamental.
El conocimiento de la Iglesia para pensar el presente
El profesor Fernández fue invitado por el Departamento de Teología de nuestra Universidad para ofrecer un seminario a propósito de los 1700 años del Concilio de Nicea, el evento que definió en términos conceptuales la naturaleza del Dios revelado por Jesús. Comenta que su dedicación al cristianismo antiguo se remonta a su curiosidad juvenil por textos de los padres de la Iglesia que no estaban traducidos al castellano. De allí que uno de sus trabajos fundamentales sea la traducción y edición crítica del tratado Sobre los principios de Orígenes (184-253), que hasta ahora no estaba disponible en nuestra lengua. “Me resulta muy atractivo entrar a nadar en aguas desconocidas, porque es posible decir una primera palabra y desde allí empezar a pensar las cosas”.
Samuel Fernández está convencido de que, contrariamente a lo que se puede creer, un conocimiento profundo de la tradición de la Iglesia favorece a la libertad para pensar el presente. “El estudio de la tradición nos permite distinguir entre elementos esenciales, que se han mantenido con distintos formatos a largo de la historia, y elementos circunstanciales, que se requirieron en un momento, y que en la medida en que funcionen hay que mantener, pero si se encuentran modelos mejores se pueden modificar”, refiere.
La teología, como la filosofía, emerge con preguntas y argumenta con razones.
La teología, como la filosofía, emerge con preguntas y argumenta con razones. Samuel Fernández evoca el pasaje del libro X de las Confesiones de San Agustín, donde el santo se pregunta qué es aquello que ama cuando ama a Dios. “Para el que busca una certeza que lo dispense de pensar, esta pregunta de Agustín es incómoda. Pero las preguntas incómodas permiten que las personas también comprendamos que todos, creyentes, agnósticos y ateos, estamos en búsqueda”, dice.
Fernández está convencido de que la teología plantea temas que pueden ser novedosos tanto para un católico practicante abierto a razonar como para un agnóstico también abierto a razonar. No obstante, ha conocido a estudiantes que le temen a la investigación teológica, por la eventual incertidumbre que pueden producir algunos hallazgos. “Sin embargo, si nosotros creemos que es verdad lo que creemos no podemos tener miedo a las preguntas. Muchas veces, la investigación a uno le desarma una manera de comprender las cosas, pero una investigación bien hecha también te rearma una estructura más sólida y más verdadera. Uno de los nombres de Jesús es la verdad”.
La razón, un don de Dios
Asimismo, el especialista en los siglos tercero y cuarto del cristianismo comparte su apuesta por la razón, en tanto don de Dios, que permite que los seres humanos nos comprendamos. “No hay ningún ser humano que sea ‘arracional’, podemos ser antirracionales, pero siempre seguimos siendo racionales. Entonces, una tarea de la teología es hacer ver la relevancia de ideas que están instaladas en nuestras comunidades y que pueden favorecer el encuentro con Cristo o dificultarlo”. Por el contrario, todas las tendencias al fundamentalismo siempre desconfían de la razón.
“Una persona autoritaria ve en la razón una amenaza para su autoridad. Cuando yo simplifico la realidad, me resulta incomprensible que otras personas no opinen lo mismo que yo. Por eso, creo que el ejercicio de la razón, con toda su complejidad, es un camino de entendimiento para la sociedad”. Y en ello también se evidencia el rol de la teología para la vida de la Iglesia y de la sociedad en general. Una comunidad que desconfía de la razón, afirma Fernández, es una comunidad en riesgo.
Una persona autoritaria ve en la razón una amenaza para su autoridad. Cuando yo simplifico la realidad, me resulta incomprensible que otras personas no opinen lo mismo que yo. Por eso, creo que el ejercicio de la razón, con toda su complejidad, es un camino de entendimiento para la sociedad.
Samuel Fernández lleva casi treinta años en el mundo universitario y constata que elaborar teología hoy, en una sociedad secularizada, es muy distinto a hacerlo para el desarrollo de las comunidades cristianas. Ambas tareas son necesarias, pero la primera es relativamente nueva y muy desafiante. Sin embargo, está convencido de que hay preguntas teológicas que siguen moviendo el corazón de las personas. En este sentido, afirma que la definición central del Concilio de Nicea es portadora de un mensaje fundamental para el mundo de hoy.
“La frase central del Credo, ‘el Hijo es consustancial al Padre’, define la identidad de Cristo por su relación con Dios Padre. Comprender que la identidad de Cristo está dada no por lo que él es en sí mismo, sino por su relación con Dios fundamenta un modelo de Iglesia y de sociedad según el cual uno no busca su identidad en contra del otro o en competencia con él, sino en vínculo con él”. Si los seres humanos incorporamos este cambio de perspectiva, concluye el profesor Fernández, muchas cosas se resolverán, comenzando por la injusticia en el mundo.



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