En el ensayo fílmico Retratos fantasmas (2023), Kleber Mendonça Filho relata la anécdota de un hombre que entró a robar un balón de gas a la casa contigua a su apartamento familiar. Minutos después, en la misma película, se lo ve junto a sus amigos recreando aquella escena con un celular. Desde sus inicios, el cine de Mendonça se ha nutrido de esa cercanía con lo cotidiano para construir historias en las que confluyen la memoria personal y colectiva, así como diversos géneros cinematográficos. Y aunque buena parte de su obra tiene como escenario su ciudad natal, Recife, y, en un sentido más amplio, Brasil, los temas que aborda —como la identidad y la resistencia social y política— trascienden esas fronteras y adquieren una dimensión universal.
Si bien ya era un habitué de los festivales internacionales, su consagración ante la crítica y el público mundial llegó con El agente secreto. La película obtuvo cuatro nominaciones a los Premios Oscar, ganó el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa y recibió los premios a Mejor Dirección y Mejor Actor en el Festival de Cannes, entre muchos otros reconocimientos. Por su destacada trayectoria como director, crítico de cine y programador, la 30.ª edición del Festival Internacional de Cine de Lima PUCP le rindió homenaje. Durante su paso por el Centro Cultural PUCP, PuntoEdu conversó con él y encontró en sus palabras la misma autenticidad que atraviesa sus películas.
El Festival de Cine de Lima: una vitrina importante
Este año ha sido homenajeado en el Festival Internacional de Cine de Lima PUCP, ¿cuál es su vínculo con el encuentro, más allá de ello?
El Festival Internacional de Cine de Lima PUCP es uno de los primeros espacios donde se ven, tanto en América Latina como en América del Norte, las películas internacionales más prestigiosas del año, muchas de ellas provenientes de festivales como Cannes o Berlín. También ha sido la puerta de entrada de mis películas en la región. Francamente, me gusta mucho su Festival; es un gran encuentro de cine. Estar aquí es también una manera de agradecer la atención y el afecto que han brindado a mis filmes y, en general, al cine brasileño y latinoamericano. Mi primera visita fue en 2016, con Aquarius, que ganó el Premio Especial del Jurado, y desde entonces todas mis películas han sido seleccionadas.
Francamente, me gusta mucho su Festival; es un gran encuentro de cine. Estar aquí es también una manera de agradecer la atención y el afecto que han brindado a mis filmes y, en general, al cine brasileño y latinoamericano».
A propósito de los premios y los reconocimientos que tuvo con El agente secreto, ¿recuerda algún momento especial durante esa etapa? Ha comentado que hará un libro sobre el tema.
Ha sido muy interesante tener un año de viaje con la película. Algunas personas me han preguntado si estaba aburrido de esa situación y les he dicho que no, realmente me gustaba mucho porque tenía contacto con la prensa y acceso a las mejores salas de cine del mundo. El libro que escribiré es acerca del cine como una experiencia humana y también de mercado y observación de la sociedad (…). Sobre el Oscar, bueno, aquel es un programa de televisión hecho en un shopping center, en una especie de casa con una estructura rara de plástico como la de E.T. Me sorprendió que parecía más chico que cuando lo vemos en la pantalla. Fue interesante y extraño. Tienes que tener sentido de humor, sino no es una experiencia fácil.
“El cine estaba en mi casa”
En Retratos fantasmas cuenta que empezó a grabar películas en su hogar. ¿Allí descubrió su afición por el cine y que quería dedicarse a ello?
Retratos fantasmas fue una película que empezó como un trabajo de arqueólogo y un análisis psicológico de mi propia vida y trayectoria. Poco a poco descubrí que el cine estaba en mi casa con el apoyo de mi madre, amigos, vecinos y hasta animales. Estoy muy feliz con ese trabajo, considero que es una película muy honesta y divertida.
Sobre el Oscar, bueno, aquel es un programa de televisión hecho en un shopping center, en una especie de casa con una estructura rara de plástico como la de E.T.».
Una frase que dice en ese documental o ensayo fílmico es: “cuando se junta lo mundano con la imagen cinematográfica obtienes una película”. ¿Esa es su visión del cine, un punto intermedio entre la ficción y la realidad?
Sí, completamente. Cuando llegas a Nueva York, por ejemplo, tienes a la ciudad. A veces estás allí y piensas “creo que grabaron una película de Woody Allen aquí”, entonces sacas la cámara del teléfono y se convierte en cine. La guardas y es Nueva York. Me gusta mucho eso.
Hablábamos de El agente secreto, un filme en el que el protagonista es una persona común. ¿Aquella fue su manera de contribuir a no olvidar las historias de los ciudadanos de a pie que han sido perseguidos o incluso desaparecidos en épocas de represión?
Construí el personaje sobre la base de dos aspectos: que es una buena persona, casi un héroe clásico de Hollywood, y que nunca utiliza un arma de fuego. Y busqué mostrar que, en situaciones dictatoriales, no solo alguien como el ‘Che’ Guevara corre peligro. Incluso una persona que simplemente dice: “Tengo una pregunta” es llamada comunista o subversivo —un término muy usado en la década de los setenta— cuando no hizo nada, tan solo tener una posición en contra.
A los jóvenes les diría que el mundo hoy es tan absurdo, y políticamente hablando, un desastre, que es un gran momento para contar historias. En primer lugar, a fin de protegerte porque si no hacemos nada podemos enloquecer. Hacer películas es un ejercicio de equilibrio. Después, también, como crítica y crónica de lo que sucede y para quebrar la lógica narrativa del mundo oficial».
La película se sitúa en la década de 1970, pero los temas que aborda nos siguen interpelando, ¿incluso situándose en el pasado es imposible no hablar del presente?
Sí, porque hay siempre una repetición cómica/trágica de los hechos y héroes del pasado. Me llama la atención el caso de Donald Trump, que es una versión sin maquillaje de las acciones históricas de los Estados Unidos, el cual siempre ejerció violencia en el mundo , pero lo maquillaban como democracia.
Materia prima en la realidad
Somos una Universidad que tiene estudiantes de comunicación audiovisual. ¿Qué consejo les daría para que puedan vivir de su pasión y quizá llegar a la industria cinematográfica mundial?
La universidad es un espacio de creación donde se pueden desarrollar ideas y conocer personas. Hay que aprovechar los medios que brinda para hacer proyectos que sean un contrabando honesto e inteligente: que funcionen tanto para la universidad como hacia afuera.
A los jóvenes les diría que el mundo hoy es tan absurdo, y políticamente hablando, un desastre, que es un gran momento para contar historias. En primer lugar, con el fin de protegerte porque si no hacemos nada podemos enloquecer. Hacer películas es un ejercicio de equilibrio. Después, también, como crítica y crónica de lo que sucede y para quebrar la lógica narrativa del mundo oficial. En ese sentido, el contexto es muy productivo para pensar ideas absurdas y realizar comedia u horror, como Backrooms, por ejemplo.



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