La teoría del dominio de la voluntad en aparatos organizados de poder permitió atribuir responsabilidad penal, en calidad de autores, de los altos mandos que dirigen las organizaciones criminales, incluso a pesar de que estos no hubieran participado directamente en los altos ilícitos. Es por esta teoría que muchos de los líderes nazis pudieron ser condenados como autores del delito y no solo como cómplices.


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