En el marco de la Semana de la Educación Ambiental, el escenario de El Niño costero nos recuerda que educar ambientalmente también significa aprender a comprender el territorio, prevenir riesgos y construir resiliencia.
El Perú vuelve a mirar el clima con atención. El último comunicado de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) mantiene la alerta por El Niño costero y señala que, en la región Niño 1+2, el calentamiento del mar se mantendría con una magnitud extraordinaria hasta enero de 2027. Entre octubre y diciembre se prevén lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central, con episodios puntuales de moderada a fuerte intensidad, principalmente en la costa norte; para el verano de 2027, el pronóstico incluye también la sierra norte occidental. En contraste, la sierra sur y la Amazonía registrarían lluvias de normales a inferiores a lo habitual: El Niño no afecta a todos los territorios de la misma manera.
En el marco de la Semana de la Educación Ambiental, el escenario de El Niño costero nos recuerda que educar ambientalmente también significa aprender a comprender el territorio, prevenir riesgos y construir resiliencia».
Frente a escenarios como este, prevenir no significa únicamente contar con información científica o emtir alertas. También implica comprender qué significan esas señales para el territorio en el que vivimos, reconocer los riesgos y saber cómo actuar. En este contexto, la Semana de la Educación Ambiental adquiere una especial relevancia. Más que una fecha para recordar la importancia de cuidar el ambiente, es una oportunidad para preguntarnos qué necesitamos aprender para relacionarnos de manera más responsable con nuestro territorio y estar mejor preparados frente a los cambios que ya estamos experimentando.
La educación ambiental no consiste únicamente en conocer los ecosistemas o promover buenas prácticas. También implica comprender los riesgos, reconocer nuestra vulnerabilidad y desarrollar capacidades para tomar decisiones que contribuyan a construir comunidades más resilientes.
Educación, comprensión y prevención
La escuela y la universidad cumplen un papel fundamental en este proceso. Frente al escenario de El Niño 2026-2027, el Ministerio de Educación ha fortalecido acciones de preparación en regiones que podrían verse afectadas, y, en agosto, reunió a autoridades y especialistas de 44 universidades públicas para fortalecer la prevención.
Un reporte del Enfen puede convertirse en una clase de ciencias; un mapa de riesgos del barrio en un proyecto ciudadano; y el reconocimiento de una quebrada, un río o un humedal cercano en una oportunidad para comprender cómo funciona el territorio y qué ocurre cuando los ecosistemas se deterioran».
Pero la educación ambiental no se limita a transmitir información sobre una emergencia. Un reporte del Enfen puede convertirse en una clase de ciencias; un mapa de riesgos del barrio en un proyecto ciudadano; y el reconocimiento de una quebrada, un río o un humedal cercano en una oportunidad para comprender cómo funciona el territorio y qué ocurre cuando los ecosistemas se deterioran.
Así, el docente puede convertir información técnica en conocimiento significativo y llevarlo del aula a las familias. La universidad, por su parte, puede producir conocimiento, formar profesionales capaces de incorporar la gestión del riesgo y el cambio climático en sus disciplinas, y vincular la investigación con las necesidades de las comunidades. La ciencia puede ayudarnos a anticipar lo que podría ocurrir. La educación nos permite comprender qué significa y cómo actuar.
Áreas naturales protegidas como aulas vivas
Las áreas naturales protegidas (ANP) ofrecen otro espacio privilegiado para ese aprendizaje. El Perú cuenta con 77 ANP de administración nacional, que conservan ecosistemas terrestres y marinos, y contribuyen al desarrollo sostenible del país. Una visita a una ANP puede convertir conceptos como biodiversidad, servicios ecosistémicos, agua, cambio climático o adaptación en experiencias concretas. Un bosque que protege fuentes de agua, un humedal que sostiene la vida o un ecosistema marino que responde a cambios en la temperatura del océano permiten comprender que nuestra relación con la naturaleza no es abstracta: forma parte de nuestra vida cotidiana.
Una visita a una ANP puede convertir conceptos como biodiversidad, servicios ecosistémicos, agua, cambio climático o adaptación en experiencias concretas».
Las propias ANP también enfrentan los efectos de eventos climáticos extremos. El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) cuenta con instrumentos para la prevención y reducción del riesgo de desastres, y viene fortaleciendo la preparación de sus equipos frente a amenazas como los incendios forestales. Esta experiencia muestra que conservar ecosistemas y prepararnos frente a los riesgos no son tareas separadas: ambas forman parte de una misma mirada sobre el territorio.
De prevenir también se aprende
Los pronósticos científicos, los sistemas de alerta y los planes de contingencia son fundamentales. Pero su potencial se multiplica cuando las personas saben interpretar la información y convertirla en decisiones.
Los pronósticos científicos, los sistemas de alerta y los planes de contingencia son fundamentales. Pero su potencial se multiplica cuando las personas saben interpretar la información y convertirla en decisiones».
Por eso, hablar de educación ambiental en el contexto actual también significa hablar de prevención, aprender a reconocer las señales del territorio, comprender los riesgos, valorar los ecosistemas que sostienen nuestra vida y saber qué podemos hacer para reducir nuestra vulnerabilidad. La educación ambiental no prepara únicamente para el futuro. Nos ayuda a tomar mejores decisiones en el presente. Porque un país que aprende a comprender su territorio también aprende a cuidarlo. Y un país que aprende a prevenir está mejor preparado para enfrentar lo que viene.



Deja un comentario