¿Cómo sería una ciudad en la que una persona con discapacidad pueda salir de su casa, utilizar el transporte público, ir a un museo o encontrarse con sus amigos sin que las barreras físicas condicionen sus decisiones? Esta fue una de las experiencias que Astrid Carolina Flores Huamani, egresada de Derecho PUCP y especialista en Políticas Públicas III del Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad (Conadis), pudo observar durante su estadía en Okinawa, Japón.
Entre el 19 de agosto y el 26 de septiembre de 2026, Astrid participó como única representante del Perú en un programa internacional de formación especializado en participación social, vida independiente y autonomía de las personas con discapacidad. Su participación estuvo vinculada directamente con el trabajo que desarrolla en Conadis, y se concretó mediante un proceso de selección institucional que involucró a las entidades públicas correspondientes y al Ministerio de Relaciones Exteriores.
La iniciativa fue desarrollada por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), y reunió también a representantes de Costa Rica, Bolivia, Paraguay y República Dominicana, así como otros países. Durante los 42 días del programa, los participantes combinaron sesiones de formación con visitas y actividades prácticas en distintos espacios de Okinawa.
Astrid pudo conocer directamente el trabajo de organizaciones y personas con discapacidad, así como los servicios que se implementan en Japón para promover su participación en la comunidad.
Una mirada desde la experiencia de las personas con discapacidad
Uno de los aspectos que más llamó su atención fue la accesibilidad de Okinawa. Durante su estadía, observó a personas con discapacidad visual, física y usuarios de silla de ruedas desenvolverse en calles, centros comerciales y espacios públicos.
“Aquí en Okinawa hay muchas personas con discapacidad, pero en realidad en nuestros países también las hay, solo que la barrera está en la accesibilidad. Si tú, por ejemplo, fueras usuaria de silla de ruedas y sales de tu casa pero encuentras muchas barreras físicas, probablemente tendrás temor de salir. Entonces, esa independencia es importante. Para nosotros, pasa a segundo plano porque siempre la ejercemos, pero para las personas con discapacidad es muy relevante la autonomía, pues les permite desarrollar su personalidad y acceder a los servicios con seguridad”, explica.
Pisos podotáctiles, rampas, ascensores y un sistema de transporte accesible forman parte de las condiciones que permiten que las personas puedan desplazarse con mayor autonomía.
Aquí en Okinawa hay muchas personas con discapacidad, pero en realidad en nuestros países también las hay, solo que la barrera está en la accesibilidad. Si tú, por ejemplo, fueras usuaria de silla de ruedas y sales de tu casa pero encuentras muchas barreras físicas, probablemente tendrás temor de salir. Entonces, esa independencia es importante».
Pero la accesibilidad no fue el único aprendizaje para Astrid. Durante el programa también conoció centros de vida independiente, organizaciones financiadas por el Estado japonés que brindan servicios para personas con discapacidad y forman asistentes personales.
Uno de los casos que más la impactó fue el de una persona con discapacidad física severa que lideraba uno de estos centros. A través de su asistente personal, podía comunicar sus decisiones y dirigir las actividades que necesitaba realizar.
Esta experiencia le permitió conocer una forma distinta de entender la asistencia. El objetivo es que la persona con discapacidad pueda contar con el apoyo necesario para desarrollar sus actividades y tomar sus propias decisiones en lugar de que estas sean asumidas por otra persona.
Del aprendizaje a una propuesta para el Perú
Los aprendizajes de este programa se conectan directamente con el plan de acción que Astrid implementará ahora que regresó a Perú. Su propuesta busca contribuir a la aprobación de un modelo de servicio de asistencia personal para las personas con discapacidad en el Perú hacia 2027.
El plan contempla, como primer paso, elaborar un documento técnico que defina aspectos como el perfil del asistente personal, las características del servicio, sus componentes y las personas beneficiarias. También se deberán establecer las entidades competentes para su implementación.
Pero hay un elemento que Astrid considera fundamental: el modelo no debe construirse únicamente desde las instituciones. “Queremos que el modelo sea una cocreación con las personas con discapacidad, con las organizaciones, con los asistentes personales. Que se cree esta primera versión del modelo de servicio y luego pasemos al proceso de consulta”, señala.
Queremos que el modelo sea una cocreación con las personas con discapacidad, con las organizaciones, con los asistentes personales. Que se cree esta primera versión del modelo de servicio y luego pasemos al proceso de consulta”.
Este proceso de consulta contempla espacios de diálogo virtuales y presenciales con organizaciones de personas con discapacidad para recoger sus aportes, comentarios y observaciones antes de avanzar hacia la aprobación del modelo.
La propuesta se desarrolla además en un contexto en el que el país ya cuenta con una norma que regula la asistencia personal. Para Astrid, este marco constituye un punto de partida para avanzar hacia la implementación del servicio.
“Nada sobre nosotros sin nosotros”
La participación directa de las personas con discapacidad fue otro de los aprendizajes centrales de su experiencia en Japón. Durante el programa, Astrid observó cómo las personas con discapacidad participan en decisiones relacionadas con servicios y obras públicas. Por ejemplo, pueden aportar desde sus propias experiencias cuando se proyectan cambios en el transporte o en la infraestructura de una ciudad.
“Las personas con discapacidad son quienes mejor pueden compartir sus testimonios, no necesariamente desde una mirada técnica, sino a partir, por ejemplo, de las malas experiencias que han tenido o de situaciones de discriminación, para que los profesionales especializados en accesibilidad puedan tomarlas en cuenta”, explica.
Para ella, esta perspectiva también debería estar presente en la elaboración de políticas y servicios en el Perú. “No solamente pensar en cómo yo creería que deberían ser las normas o las propuestas, sino siempre se debe dialogar y tener el privilegio de conversar directamente con los beneficiarios directos, que son las personas con discapacidad, para poder tomar decisiones”.
El plan de acción de Astrid tendrá un seguimiento mensual por parte de JICA Perú y JICA Okinawa. Su proyección es de hasta dos años y contempla distintas etapas antes de llegar a la aprobación del modelo de servicio.





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