El Mundial (y el mundo) según Trump

La Copa Mundial de la FIFA comenzará a ser disputada el próximo 11 de junio.

Por Bruno Rivas Frías

Docente del Departamento Académico de Comunicaciones – Sección Comunicación

El Mundial (y el mundo) según Trump

05.06.2026

A pocos días de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA, con los fanáticos futboleros revisando los fixtures de los partidos, terminando de pegar las figuritas en sus álbumes y llenando los resultados de las pollas mundialistas, vale la pena darle una mirada a un megavento en el —que siguiendo la tendencia de las últimas ediciones—la impronta política tiene un espacio de excepción.

Es difícil pensar en el mundial que organizarán Estados Unidos, México y Canadá sin asociarlo con la figura de Donald Trump. Desde que el magnate regresó al sillón de la Casa Blanca en enero del 2025, ha hecho esfuerzos denodados para subirse a la ola de la euforia mundialista. Colarse en la foto de los campeones del Mundial de Clubes, tener encuentros con Ronaldo y Messi o crear un grupo de trabajo federal liderado por él mismo han sido algunas de las acciones que ha realizado para robarse el show durante los últimos meses. Actos que han sido celebrados —con un más que sospechoso entusiasmo— por el mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, que ha llegado al extremo de entregarle un inédito Premio de la Paz durante el sorteo de la Copa. Sin duda, este Mundial se ajusta a la narrativa de Trump y las evidencias, desde la política exterior, saltan a la vista.

Actos que han sido celebrados —con un más que sospechoso entusiasmo— por el mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, que ha llegado al extremo de entregarle un inédito Premio de la Paz durante el sorteo de la Copa. Sin duda, este Mundial se ajusta a la narrativa de Trump y las evidencias, desde la política exterior, saltan a la vista».

Desde el fin de la Guerra Fría, los mundiales de fútbol han sido un reflejo fiel del contexto geopolítico. Por ejemplo, Estados Unidos 94 coincidió con los años en los que la potencia norteamericana se erigía como la única superpotencia mundial y Francia 98 con los vientos favorables al proceso de globalización —y además coincidió con que se levantara como campeona una selección que representaba a la multiculturalidad—. Luego, durante el siglo XXI, el megaevento tuvo como sedes a potencias en franco ascenso —Corea y Japón en el 2002, Alemania en el 2006, Sudáfrica en el 2010, Brasil en el 2014, Rusia en el 2018 y Qatar en el 2022— en lo que era una muestra de los cambios en el reparto del poder global. Sin embargo, lo que podemos observar es que esta edición se ajusta más a los deseos de Washington que al escenario geopolítico actual.

El Mundial se celebrará en condiciones absolutamente distintas a las del 94. Para empezar, Estados Unidos ha dejado de ser la superpotencia global incuestionable que lideraba un sistema unipolar. Hoy en día, su poder es cuestionado por estados como China o Rusia con los recursos económicos —en el caso de Beijing— o militares —en el de Moscú— suficientes para hacerle frente y que hacen pensar en un sistema más cercano al multilateralismo. En ese contexto, Washington está organizando el Mundial más grande de la historia —en cuanto a participantes, sedes y tiempo de duración— y que, además, coincide con el aniversario 250 de su independencia. En momentos en que ha perdido el dominio global de antaño, la potencia norteamericana tiene la oportunidad de celebrar una fiesta que le permita volver a sentirse, al menos por unas semanas, como el único centro del mundo. Y a ese simulacro de unipolaridad le favorece que las selecciones china —no clasificó— y rusa —está vetada— estarán ausentes.

En momentos en que ha perdido el dominio global de antaño, la potencia norteamericana tiene la oportunidad de celebrar una fiesta que le permita volver a sentirse, al menos por unas semanas, como el único centro del mundo. Y a ese simulacro de unipolaridad le favorece que las selecciones china —no clasificó— y rusa —está vetada— estarán ausentes».

Ahora bien, es cierto que Estados Unidos no es el único anfitrión. A diferencia de su experiencia anterior, en esta edición del torneo lo acompañan México y Canadá. Sin embargo, aquí la comparación también abona al argumento. Si el Mundial del 94 había coincido con la firma del tratado de libre comercio que unió las economías de las tres naciones norteamericanas; ahora, las relaciones entre los vecinos están lejos de mostrar ese nivel de unidad y compromiso.  A pocos días de la inauguración, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha alzado la voz por las injerencias de Washington en sus políticas. Por su parte, las declaraciones de Trump de anexar a Canadá como el estado número 51 han tensado las relaciones entre ambos gobiernos. En tiempos de división, el Mundial nos hace creer en la narrativa de tres naciones que trabajan en armonía.

Es cierto que Estados Unidos no es el único anfitrión. A diferencia de su experiencia anterior, en esta edición del torneo lo acompañan México y Canadá. Sin embargo, aquí la comparación también abona al argumento. Si el Mundial del 94 había coincido con la firma del tratado de libre comercio que unió las economías de las tres naciones norteamericanas; ahora, las relaciones entre los vecinos están lejos de mostrar ese nivel de unidad y compromiso».

Por ello, podemos afirmar que esta copa —al menos desde una lectura geopolítica— está hecha a la medida del mandatario estadounidense. Así esta fiesta que durante el siglo XX se preciaba de estar al alcance de las masas, ahora tiene entradas con precios prohibitivos para las clases populares. Un megaevento que se caracterizó por eludir los conflictos políticos, ahora tiene a un clasificado como Irán que no podrá alojarse en Estados Unidos por una guerra. Un espacio que solía unir a ciudadanos de diferentes lugares del mundo ahora será custodiado por agentes migratorios con vía libre para encarcelar a visitantes no deseados. El Mundial según Trump será uno que abone a la narrativa de un Estados Unidos que quiere recuperar su grandeza, incluso a costa de cambiar las reglas del juego —diplomático y del balón—.

En esta columna

Bruno Rivas Frías

Bruno Rivas Frías

Docente del Departamento Académico de Comunicaciones – Sección Comunicación
Doctor en Ciencia Política y Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Docente ordinario del Departamento Académico de Comunicaciones de la PUCP. Periodista especializado en temas internacionales. Escritor y editor de publicaciones. Sus últimas investigaciones se han centrado en las conexiones entre deporte y política internacional, megaeventos deportivos, poder blando e industrias culturales. Es […]

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