El mensaje y las enseñanzas del Papa Francisco (1936-2025) se han vuelto, para millones de personas en el mundo, guía y luz para afrontar los tiempos difíciles que todos atestiguamos. En el Perú, estos se han develado como severas crisis en los terrenos político, social y ético; mientras que internacionalmente se evidencian en conflictos bélicos, el cambio climático y la represión migratoria. De ahí la importancia de revisar y reflexionar sobre su pontificado en lo que será el seminario internacional “El magisterio del Papa Francisco: un legado para construir un futuro esperanzador”, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), a realizarse los días 15 y 16 de abril en el auditorio de Ciencias Sociales PUCP.
Uno de los principales expositores del encuentro será el fundador del Instituto para el Diálogo Global y la Cultura del Encuentro, Luis Liberman. Esta entidad se creó en Argentina en el año 2014, con la finalidad de estudiar y acompañar el trabajo de Francisco, especialmente su postura en los ámbitos de educación, trabajo y medio ambiente. PuntoEdu conversó con el también antropólogo y rector del Instituto Universitario del Agua y el Saneamiento, quien detalló las características del pontificado de Jorge Bergoglio, y la relevancia y vigencia de su legado.
El Papa Francisco abrió nuevos caminos en la Iglesia. ¿Qué considera que caracterizó su pontificado con mayor precisión?
El Papa Francisco aseguraba que él no hacía más que seguir las líneas estratégicas del Concilio Vaticano II. Yo agregaría que la originalidad de su pontificado se cifra en su declaración de principios de ser un Papa de las periferias, uno con un pensamiento situado en el contexto latinoamericano y su cualidad de hablar para “todos, todos, todos”, como él mismo decía. Por otro lado, al leerlo y ver sus videos, me asombra su capacidad de explicar temas complejos y profundos de manera sencilla: era un líder que ejercía una pedagogía global. (…) La figura preferida de Francisco era la del poliedro, la cual, a diferencia de la esfera, no es perfecta. Y es que el pensamiento hegemónico quiere ser perfecto, pero la realidad no lo es. El Papa buscaba entender los contextos de vulnerabilidad, asimetría y desigualdad, y evitaba el reduccionismo.
Francisco fue defensor de los migrantes y él mismo se definía como uno. ¿Qué enseñanzas suyas podemos seguir en este aspecto, sobre todo en una época muy dura para ellos?
La humanidad es migrante. Incluso Jesús y sus padres lo fueron. Francisco planteaba que la relevancia de la migración es la aceptación cultural del otro. La consagración plena de la democracia tiene que ver con aceptar que en el migrante hay un hermano. Y una sociedad que no lo reconoce está condenada al fracaso. En sus últimos días, Francisco grabó un video dirigido a los jóvenes donde les dice qué importante es escuchar y que no dejen de hacerlo. Y escuchar es, precisamente, el reconocimiento al otro, al diferente, al extranjero. En términos globales, la necesidad de asimilar que la migración es parte de nuestra naturaleza cultural y entender que sin una ecología integral no hay futuro posible son algunas de las grandes líneas que debemos retomar a partir del magisterio de Francisco.
La humanidad es migrante. Incluso Jesús y sus padres lo fueron. Francisco planteaba que la relevancia de la migración es la aceptación cultural del otro. La consagración plena de la democracia tiene que ver con aceptar que en el migrante hay un hermano. Y una sociedad que no lo reconoce está condenada al fracaso».
Defensa del bien común
El Papa se preocupó por el tema del medio ambiente, especialmente en sus encíclicas Laudato si’ y Fratelli Tutti, en las que llamó a la Tierra: la casa común. ¿Cómo vinculaba él la crisis ambiental con la social?
Francisco hablaba del riesgo de globalizar la indiferencia. Entonces, la casa común tiene que estar presidida por una cultura del encuentro, la cual implica entender que las decisiones que se toman en términos de producción de riqueza no pueden ir nunca en contra de los más vulnerables. Por ejemplo, en el caso de la minería, el debate no es si debe o no hacerse, sino cómo llevarla a cabo y entender que la cadena de valor no se enfoque en la ganancia sino en hacernos más humanos. La originalidad de Laudato si’ es que pone conceptos de ciencia en clave teológica, así como el diagnóstico sobre la crisis social y ambiental, las cuales son indesligables. Esta se complementa con Fratelli Tutti, al dar propuestas. Lo que aprendimos, y hay que aplicar, de ambos documentos es que las políticas públicas tienen que incluir a todos y buscar consagrar el bien común.
Ante la problemática socioambiental, ¿qué esperanza compartió Francisco?
La frase que dijo Francisco: “Nadie puede salvarse solo. Todos estamos sentados en el mismo barco” la traslado a que el barco es la Tierra, nuestra casa común para la cual no hay un plan B. La esperanza es un combustible que guía nuestra acción. Y hay que ser conscientes de que nuestras acciones, en conjunto, pueden hacer un planeta mejor. Tenemos que ver cómo difundimos ese mensaje.
Como universidades católicas, ¿de qué manera podemos seguir el legado de Francisco?
Las universidades, en general, tienen un compromiso con sus estudiantes, graduados y con la comunidad. No hay que olvidar que no solo formamos profesionales, sino también personas. Ahora, las universidades católicas, en particular, tienen que estar profundamente vinculadas con el pueblo de Dios, no darle nunca la espalda y acoger a todos. Hay que recordar que Francisco era pedagogo. Nos enseñó, nos guió y también nos permitió dialogar con su legado. Hasta, incluso, cuestionarlo.



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