Semana Santa: las reformas litúrgicas que transformaron la forma de vivir la fe

Semana Santa: las reformas litúrgicas que transformaron la forma de vivir la fe

Semana SantaBasílica y Convento de Nuestra Señora de la Merced, durante la concurrida tradición del recorrido de las "siete iglesias" durante el Jueves Santo.

Las reformas impulsadas por Pío XII y el Concilio Vaticano II redefinieron la liturgia de Semana Santa, poniendo en el centro la resurrección y el rol activo de los fieles. En el Perú, estuvo en diálogo —no siempre sencillo— con la religiosidad popular peruana.

Texto: Eduardo Dávila Lynch
26.03.2026

¿Creerías que la misa de Semana Santa no era como la vives ahora? ¿Qué hace alrededor de 60 años se hizo la prueba de una nueva forma de misa justo en el día central de esta celebración? La Semana Santa que hoy se vive en el mundo católico es el resultado de un proceso que se consolidó a mediados del siglo XX. Este cambio modificó ritos y formas, así como la manera en que los fieles se relacionan con la liturgia.

Antes de estas reformas, la celebración estaba marcada por una fuerte distancia entre el sacerdote y la comunidad. Con el impulso de Pío XII y del Concilio Vaticano II (1961-1965), la Iglesia buscó recuperar el sentido original de la liturgia: una experiencia comunitaria, comprensible y conectada con la vida.

Este proceso, sin embargo, no fue inmediato ni lineal. Surgió de un movimiento de renovación que venía gestándose desde inicios del siglo XX y que buscaba responder a una pregunta clave: cómo hacer que la fe se viva y no solo se observe.

La liturgia se convertía para muchos creyentes en un espectáculo que no lograban comprender, porque estaba en latín y no estaba claro qué ocurría, lo que impedía involucrarse plenamente en los misterios de la fe».

Dr. Rolando Iberico
Profesor del Departamento de Teología

Una experiencia incomprensible para los fieles

Durante gran parte del siglo XX, la liturgia se celebraba en latín, con el sacerdote de espaldas a los fieles y con escasa participación de la comunidad. Esa era la forma de hacer misa por casi 500 años, promulgada por el Papa Pío V, tras el Concilio de Trento en 1570. En ese contexto, muchos asistentes recurrían a rezos personales mientras la misa avanzaba, o iban con «misalitos» con traducciones al español de las escrituras y algunas partes de la misa, pero no eran oficiales.

El profesor del Departamento de Teología Dr. Rolando Iberico explica que esta forma de celebración generaba una desconexión profunda: “La liturgia se convertía para muchos creyentes en un espectáculo que no lograban comprender, porque estaba en latín y no estaba claro qué ocurría, lo que impedía involucrarse plenamente en los misterios de la fe”.

Esta distancia no era solo lingüística, sino también simbólica. La experiencia religiosa se volvía pasiva y, en muchos casos, ajena a la vida cotidiana de los fieles. El Mag. Juan Miguel Espinoza, profesor de nuestro Departamento de Teología, coincide en este diagnóstico y subraya que el problema central era precisamente esa falta de conexión: la comunidad “no se involucraba en las celebraciones debido a rituales distantes e incomprensibles que no conectaban con la vida cotidiana”.

La Semana Santa que hoy se vive en el mundo católico es el resultado de un proceso que se consolidó a mediados del siglo XX. Este cambio modificó ritos y formas, así como la manera en que los fieles se relacionan con la liturgia.

Semana Santa
Los ramos tradicionales utilizados durante la celebración cristiana del Domingo de Ramos para dar la bienvenida a Jesús.

La reforma litúrgica de la Semana Santa: del sufrimiento a la centralidad de la resurrección

El primer gran giro se dio con las reformas impulsadas por Pío XII en los años cincuenta. En 1947, con la encíclica Mediator Dei, se planteó la necesidad de una participación más activa de los fieles y, en 1955, se modificó el orden de la Semana Santa. ¿Por qué en Semana Santa? Como explica Espinoza: “Porque la Semana Santa es el acontecimiento más importante del calendario de la liturgia de la Iglesia católica. La Semana Santa condensa en sí misma los misterios centrales de la fe cristiana”.

La Semana Santa es el acontecimiento más importante del calendario de la liturgia de la Iglesia católica. La Semana Santa condensa en sí misma los misterios centrales de la fe cristiana».

Mag. Juan Miguel Espinoza
Profesor del Departamento de Teología

Uno de los cambios más significativos fue la recuperación de la Vigilia Pascual, que no se celebraba desde hacía siglos (alrededor de unos 500 años). Como explica Iberico, esta decisión buscaba que los fieles “puedan celebrar auténticamente los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo”. Este giro fue ritual y teológico. Espinoza destaca que fue un cambio de enfoque: al recuperar la Vigilia Pascual, se afirmó que “lo más importante es la resurrección, no la muerte”. Con ello, se dejó atrás una espiritualidad centrada exclusivamente en el sufrimiento.

En esa misma línea, el Concilio Vaticano II profundizó estas reformas. El documento Sacrosanctum Concilium estableció que la liturgia es el lugar donde la Iglesia se constituye como comunidad y donde los fieles deben participar activamente. Iberico lo resume así: la liturgia es “el lugar donde se viven los misterios de la fe y donde la Iglesia se realiza como comunidad”, lo que exige una participación consciente y activa de todos.

[La liturgia es] el lugar donde se viven los misterios de la fe y donde la Iglesia se realiza como comunidad”.

Rolando Iberico

Semana Santa y el desafío del catolicismo popular en el Perú

La implementación de estas reformas no fue homogénea, especialmente en contextos como el peruano, donde la religiosidad popular tiene una fuerte presencia. Iberico cuenta que “los padres conciliares peruanos, los obispos y prelados peruanos que llegan al Concilio Vaticano II estuvieron de acuerdo en que era necesario renovar la Iglesia”. Espinoza agrega que existe una tensión persistente: «Mientras la Iglesia promovía una liturgia más participativa y consciente, muchas expresiones populares mantenían formas tradicionales». En algunos casos, estas fueron vistas como “superstición o formas inmaduras de vivir la fe”, lo que generó distancias entre jerarquía y comunidades.

Mientras la Iglesia promovía una liturgia más participativa y consciente, muchas expresiones populares mantenían formas tradicionales».

Juan Miguel Espinoza

Para Iberico, el desafío no es reemplazar estas prácticas, sino integrarlas: “Hay que generar más puentes para que lo renovado pueda entrar en la práctica popular y hacerla significativa, como un verdadero encuentro con el misterio”. Esto implica reconocer que la liturgia no puede desvincularse de la cultura. Más bien, debe dialogar con ella para seguir siendo relevante en la vida de las personas.

Sin embargo, esta religiosidad popular también ha demostrado una gran vitalidad. Procesiones, viacrucis y fiestas patronales continúan convocando a miles de personas, especialmente durante Semana Santa. Iberico complementa: “Lo del cerro San Cristóbal es fascinante porque se convierte en un lugar antropológico donde vemos toda la cultura popular y religiosa desplegada. Y las siete iglesias puede ser una dimensión de un peregrinaje: acompañamos también la peregrinación del Señor. Lo que puede decir que los peruanos somos peregrinos”.

La participación activa, la comprensión del rito y el diálogo con la cultura aparecen como claves para que la liturgia sea una experiencia y no solo memoria.

A más de medio siglo de estas reformas, la Semana Santa sigue siendo un espacio de encuentro entre tradición y cambio. La Iglesia logró transformar profundamente su liturgia, pero el desafío de conectar esa renovación con la experiencia concreta de los fieles continúa. En ese camino, la participación activa, la comprensión del rito y el diálogo con la cultura aparecen como claves para que la liturgia sea una experiencia y no solo memoria.

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Juan Miguel Espinoza

Juan Miguel Espinoza

Docente del Departamento de Teología
Es magíster y licenciado en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú, y magíster en Teología por Boston College. Es profesor asociado del Departamento de Teología, y coordinador de la Comisión de Fe y Cultura de la PUCP. Su investigación se centra en la recepción del Concilio Vaticano II en América Latina y participa […]
Rolando Iberico Ruiz

Rolando Iberico Ruiz

Profesor del Departamento Académico de Teología
Es doctor en Teología por la KU Leuven, magíster y bachiller en Teología por la Universidad Católica de Lovaina (KU Leuven), y magíster y licenciado en Historia por la PUCP. Investiga sobre la historia de la Iglesia y la teología en los siglos XIX y XX, especialmente el Concilio Vaticano II y su recepción en […]

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