A puertas de las elecciones generales de 2026, no es trivial preguntar dónde se forjan los hábitos que sostienen una democracia robusta. La universidad —más allá de ser un espacio de formación profesional— actúa como una suerte de laboratorio social donde se ponen en práctica y se reajustan valores como la tolerancia, la deliberación y la confianza en las instituciones. La revisión de literatura[1] que manejamos muestra que ese aprendizaje no ocurre solo en las aulas formales: el currículo, el clima de campus, las actividades extracurriculares y el apoyo institucional confluyen para modelar actitudes democráticas en los estudiantes (Wang et al., 2020; Mayhew et al., 2016; Crotty, 1987).
La evidencia indica que la exposición a experiencias de diversidad, formales e informales, promueve creencias más inclusivas y una mayor disposición a aceptar diferencias —condiciones clave para la calidad democrática—».
El Simposio Permanente “Educar para la Democracia”, impulsado por nuestra casa de estudios junto con la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Pontificia Universidad Javeriana, articula precisamente esos niveles de formación. Al priorizar ejes como la interculturalidad, la convivencia, la ciudadanía digital y la ética, el Simposio recupera la idea de que la educación universitaria debe ser un espacio de práctica democrática, donde se pongan a prueba la tolerancia, el diálogo y el respeto por la pluralidad en la vida cotidiana del campus. Precisamente, la evidencia indica que la exposición a experiencias de diversidad, formales e informales, promueve creencias más inclusivas y una mayor disposición a aceptar diferencias —condiciones clave para la calidad democrática— (Spanierman et al., 2008; Hurtado, Engberg y Ponjuan, 2003).
Los eventos culturales, seminarios y talleres que promueve la iniciativa trilateral funcionan como refuerzos fuera del aula para ese aprendizaje cívico. Al respecto, la bibliografía subraya que estos espacios amplían la comprensión de la democracia más allá de la teoría, y permiten la práctica de valores como la igualdad y la justicia en contextos reales (Mayhew et al., 2016; Crotty, 1987). Además, cuando las universidades articulan temas transversales —como, por ejemplo, violencia y polarización o memoria y reconciliación— ofrecen a los estudiantes marcos analíticos y afectivos para interpretar conflictos públicos sin caer en la simplificación o la polarización, problema que las redes sociales pueden exacerbar si no se acompaña con alfabetización crítica (Loader et al., 2014; Valenzuela et al., 2019).
Cuando las universidades articulan temas transversales —como, por ejemplo, violencia y polarización o memoria y reconciliación— ofrecen a los estudiantes marcos analíticos y afectivos para interpretar conflictos públicos sin caer en la simplificación o la polarización».
Otro punto central del Simposio es la atención a la juventud pospandemia y al rol del docente en el siglo XXI. En cuanto a esto, se sabe que el entorno institucional y los servicios de apoyo, incluidos los programas de mentoría, no solo mejoran el rendimiento académico, sino que promueven el desarrollo cívico y personal, ya que modelan comportamientos democráticos y fortalecen la resiliencia frente a la desafección política (Denson y Chang, 2009; Crisp y Cruz, 2009). En un contexto preelectoral, donde la confianza en las instituciones suele erosionarse, estas prácticas institucionales actúan como contrapeso al desencanto: fomentan espacios seguros para deliberar, cuestionar y construir acuerdos.
La inclusión de ejes como ética y corrupción o ciudadanía digital remite, a su vez, a dimensiones medibles de la calidad democrática —Estado de derecho, rendición de cuentas y confianza en las instituciones— que la evidencia identifica como fundamentales para sostener el apoyo a la democracia (Morlino y Quaranta, 2016; Carrión et al., 2016). Cuando las universidades, como las que participan en el Simposio, ubican estos temas en el centro de su agenda formativa no solo informan: generan capital normativo —normas de conducta, expectativas de transparencia y prácticas de responsabilidad— que los estudiantes llevan a sus comunidades y a las urnas.
La evidencia académica y la propuesta del Simposio Permanente convergen en una idea simple pero decisiva: un ambiente universitario que combina currículo crítico, diversidad experiencial, actividades extracurriculares significativas y apoyo institucional robusto es uno de los pulmones que oxigena la democracia».
Es importante destacar también el carácter interinstitucional y la implicación de la Iglesia católica en este esfuerzo, lo que subraya una apuesta por la formación de “personas” —no solo de profesionales— comprometidas con el bien común. Esa dimensión ética y vocacional, articulada con estrategias pedagógicas y actividades prácticas, contribuye a que los valores democráticos no queden en consignas abstractas, sino que se vivan y reproduzcan en redes sociales reales.
En suma, la evidencia académica y la propuesta del Simposio Permanente convergen en una idea simple pero decisiva: un ambiente universitario que combina currículo crítico, diversidad experiencial, actividades extracurriculares significativas y apoyo institucional robusto es uno de los pulmones que oxigena la democracia. A menos de un año de una elección que definirá rumbos colectivos, esa formación no es periférica, sino esencial para que los votantes que emergen de nuestras universidades lleguen a la deliberación pública con herramientas —éticas, cognitivas y sociales— que fortalezcan la democracia en tiempos de incertidumbre.
Bibliografía
Carrión, J. F., Zárate, P., Boidi, F. y Zechmeister, E. J. (2016). Cultura política de la democracia en Perú y en las Américas, 2016/17: Un estudio comparado sobre democracia y gobernabilidad. Usaid.
Crisp, G. y Cruz, I. (2009). Mentoring College Students: A Critical Review of the Literature between 1990 and 2007. Research in Higher Education, 50, 525-545.
Crotty, W. J. (1987). Democratic consensual norms and the college student. Youth & Society, 18(4), 333-357.
Denson, N. & Chang, M. J. (2009). Racial Diversity Matters: The Impact of Diversity-Related Student Engagement and Institutional Context. American Educational Research Journal, 46(2), 322-353.
Hurtado, S., Engberg, M. E. y Ponjuan, L. (2003). The impact of the college experience on students’ learning for a diverse democracy. Paper presented at the Annual Meeting of the Association for the Study of Higher Education. Portland, OR.
Loader, B. D., Vromen, A. y Xenos, M. A. (2014). The networked young citizen: social media, political participation and civic engagement. Information, Communication & Society, 17(2), 143-150.
Mayhew, M. J., Rockenbach, A. B., Bowman, N. A., Seifert, T. A. y Wolniak, G. C. (2016). How College Affects Students: 21st Century Evidence that Higher Education Works. Jossey-Bass.
Morlino, L. y Quaranta, M. (2016). What is the quality of democracy? Theory and empirical analysis. En Democracy and Crisis (pp. 23-47). Palgrave Macmillan, Cham.
Spanierman, L. B., Neville, H. A., Liao, H. Y., Hammer, J. H. y Wang, Y. F. (2008). Participation in formal and informal campus diversity experiences: Effects on students’ racial democratic beliefs. Journal of Diversity in Higher Education, 1(2), 108-125.
Wang, Z., Wu, X. y Han, W. (2020). Higher education expansion and social trust in China. Higher Education, 80, 277-297.
[1] Sobre la base del informe Valores Democráticos en la Educación Superior Católica: Un Estudio Comparativo de Actitudes y Percepciones en Universidades de América Latina, del Grupo Paz y Democracia (Oducal), dirigido por la Dra. Estrella Guerra.



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