Los Inocentes llegó a la pantalla grande más de seis décadas después de la publicación del libro que la inspira. La novela de Oswaldo Reynoso, publicada en 1961, marcó generaciones por su retrato frontal, violento y lírico de una juventud atrapada entre la represión y el deseo. Hoy, el director Germán Tejada, egresado de nuestra Universidad de la carrera de Comunicación Audiovisual, reinterpreta ese universo con un filme que se ubica en el presente y que acaba de obtener dos de los premios principales en el 29 Festival de Cine de Lima PUCP: Mejor Dirección y Mejor Película Peruana.
Tejada, que decidió adaptar Los Inocentes desde una mirada profundamente personal, menciona que no se trata de una reconstrucción de época ni de una traslación literal del texto, sino de una reescritura íntima. “Decidí contar Los Inocentes a través de mis experiencias, de mi vida, mezclar el relato de Reynoso con mi yo púber queriendo ser punk, con mis épocas de Quilca, con mis primeras visitas a Galerías Brasil”, señala Tejada, haciendo referencia a espacios propios de las movidas juveniles que ahora son representadas en el largometraje.
Un viaje marcado por la exploración
Antes de su incursión en el largometraje, Germán Tejada desarrolló una sólida carrera como realizador de publicidad, videoclips y cortometrajes. Ha trabajado con productoras, como Señor Z, Whisky y Rebeca, con campañas premiadas en festivales internacionales como Cannes. También ha dirigido dos cortos, El hueco y Retukiri Tukiri, que circularon por más de 30 festivales. El primero, incluso, obtuvo el prestigioso premio Clermont-Ferrand a Mejor cortometraje internacional en Francia en 2017.
Al inicio, no sabía que iba a hacer cine, pero cuando empecé con esto tenía muy presente que ‘Los Inocentes’ sería mi primera película”.
Pero el salto al cine de autor tenía otra urgencia. Los Inocentes no solo es su debut, sino también un proyecto largamente incubado. “Al inicio, no sabía que iba a hacer cine, pero cuando empecé con esto tenía muy presente que Los Inocentes sería mi primera película”, dice. Su conexión con la novela de Reynoso viene de la adolescencia, una etapa donde uno se cuestiona su identidad y su lugar en el mundo. “Me impactó. Es un libro muy directo, crudo, transgresor para su época. Para mí, fue muy particular el proceso de despertar sexual, de entenderme como hombre. Este libro llegó en ese momento clave y me marcó como a muchos”, señala Tejada.
Los Inocentes: adaptar desde la libertad
A diferencia de otros acercamientos al cine basados en literatura, Tejada no buscó seguir fielmente el pie de la letra. “Entendimos que una adaptación es una pieza por sí sola. El libro termina siendo una fuente de inspiración”, explica. La estructura se armó primero a partir del universo propuesto por Reynoso y luego se alejó conscientemente del original. “Nos tomamos muchas libertades. Hay personajes que solo son mencionados una vez en el libro, pero que para la película se volvieron centrales”, señala el director.
Esa decisión implicó un giro importante. La versión de la historia de Los Inocentes de Tejada no se ambienta en los años 60, sino en un presente difuso, de luces neón y calles vacías. El filme ocurre en un espacio emocional más que físico, con guiños a Lima pero también a una ciudad universal. “Nunca lo cuestionamos. El proceso de creación de la película venía cargado de mis ganas de hablar del Germán de esa época, de hacer la película que mi yo de 14 años hubiese hecho después de leer este libro”, asegura.
Nos tomamos muchas libertades. Hay personajes que solo son mencionados una vez en el libro, pero que para la película se volvieron centrales”.
La masculinidad al centro del relato
El núcleo de la película es la exploración de las masculinidades. A través del personaje de Cara de Ángel, y sus vínculos con Colorete y El Príncipe, Tejada revisita lo que significa ser hombre en contextos marcados por la violencia, el deseo, la represión y el miedo. Este tema hilvana los diferentes elementos narrativos y nos presenta, del mismo modo que el libro, un mosaico de historias que cierran una gran historia.
Así, los personajes, jóvenes sin guía, atrapados entre el amor y la crueldad forzada, representan distintas fases de ese tránsito. Cara de Ángel es quien inicia, Colorete quien niega y El Príncipe quien ya ha asumido un lugar oscuro. “Creo que todos tenemos un poco de cada personaje. Le puse un poco de mis ‘yo’ a cada uno”, admite Tejada.
Con voz propia
Visualmente, Los Inocentes destaca por su crudeza estética: calles desiertas, luces artificiales y una sensación de desvarío constante. La dirección de fotografía estuvo a cargo del argentino Julián Apezteguia, quien ha trabajado en películas como El Clan y El Ángel, mientras que el sonido directo fue trabajado por Ernesto Trujillo, sonidista chileno que colaboró en las últimas películas de Jodorowsky. Sobre esto, Tejada agrega: “Fue un lujo. El trabajo de atmósferas fue impecable. Los postproductores y diseñadores sonoros en México estaban sorprendidos con la pulcritud del sonido directo”.
Muchas escenas fueron rodadas de madrugada para capturar el vacío urbano. “Queríamos una ciudad que no existe, que no es realista pero que refleja la subjetividad del personaje”, dice. La música —eje importante del relato— incluye canciones de bandas peruanas como Plug Plug, Cuchillazo y Los Protones, elegidas desde el guion: “Buscaba canciones que reflejarán la esencia y energía de cada escenas. Me hacen volver a mi juventud”.
Encarnando un clásico
Una de las decisiones clave fue trabajar con actores sin experiencia previa, seleccionados luego de una convocatoria masiva y talleres intensivos. “Hicimos un taller de casi dos meses. Queríamos trabajar con su verdad, con sus experiencias. Muchos testimonios de esos procesos se usaron para abordar y apropiarnos de ciertas escenas”, explica el director.
Esa apuesta otorga al filme un realismo emocional que resuena. La construcción de los vínculos, la fragilidad de los cuerpos y las miradas cargadas de deseo o violencia se sienten auténticas, sin caracterizaciones que resulten forzadas. Así lo íntimo se vuelve colectivo, y permea a lo largo del reparto y del largometraje.
Finalmente, el director confiesa que los premios recibidos en el 29 FCL PUCP no solo fueron una sorpresa, sino el inicio de un proceso de reconciliación y calma para con su ópera prima. «Estos premios fueron totalmente inesperados para mí. Ha sido un año con estrenos peruanos muy potentes y por eso este reconocimiento se siente aún más especial. De algún modo resignifica la película y me reconcilia con mi trabajo, que a veces uno juzga con demasiada dureza. Me sorprendió profundamente y lo recibo como un homenaje al esfuerzo colectivo que es el cine, a toda la gente que creyó en este sueño y lo dio todo.”, señala Tejada.
Ha sido un año con estrenos peruanos muy potentes y por eso este reconocimiento se siente aún más especial».

Recorrido por festivales internacionales
Tras su paso por Lima y Guadalajara, Los Inocentes continuará su recorrido por festivales internacionales. Ya ha sido seleccionada en certámenes en Suecia y Alemania, y prepara su estreno comercial en Perú y México. “Queremos hacer una campaña potente. La película tiene una historia que puede conectar a nivel comercial”, dice el director Germán Tejada.
Tejada ya trabaja en su segundo largometraje, tentativamente titulado Un año de mierda, que seguirá indagando en temas de identidad y masculinidad desde otra etapa de la vida. También prepara una obra de teatro en Ciudad de México. “Sigo explorando. Para mí, hacer cine es también una forma de entender quién soy”, concluye.





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