El Dr. Federico Finchelstein dio la conferencia magistral con la que inauguramos el Seminario Internacional «El Perú en un nuevo orden», que se realiza del 26 al 28 de agosto en el auditorio Gustavo Gutiérrez de la Facultad de Ciencias Sociales. En esta entrevista, hablamos de figuras “aspirantes al fascismo” que operan dentro de procedimientos democráticos, pero incorporan rasgos autoritarios.
¿Hemos vuelto al fascismo, lo esquivamos, aprendimos de este… o solo estamos cansados de los fracasos políticos de las últimas décadas?
Finchelstein rescata una lección histórica: después de 1945, el fascismo, como fuerza de masas y gobierno, se volvió políticamente tóxico. La novedad fue el ascenso del populismo como “tercera vía” en democracias, con culto al líder pero manteniendo elecciones.
Finchelstein rescata una lección histórica: después de 1945, el fascismo, como fuerza de masas y gobierno, se volvió políticamente tóxico. La novedad fue el ascenso del populismo como “tercera vía” en democracias, con culto al líder pero manteniendo elecciones. Hoy, en pleno siglo XXI, sin embargo, algunos populismos adoptan tácticas y estéticas fascistas —propaganda masiva, demonización del enemigo, negación de derrotas— creando un híbrido peligroso. Estas ideas están desarrolladas en trabajos académicos y libros recientes: Los aspirantes a fascistas: una guía para comprender la mayor amenaza a la democracia (2024), Breve historia de la mentira fascista (2020) y Del fascismo al populismo en la historia (2017).
Del fascismo al populismo: una continuidad histórica
¿Qué es un aspirante a fascista?
Un aspirante a fascista no es exactamente un fascista clásico; es un político que mantiene la máscara democrática pero reproduce elementos del fascismo. Estamos frente a aspirantes al fascismo que operan dentro de democracias: figuras que legitiman la violencia política, militarizan la vida pública, apelan a la xenofobia, y usan la mentira y la propaganda como piezas orgánicas del proyecto político. En varios casos, cuando la derrota les conviene, niegan resultados o intentan saltarse normas para permanecer o volver al poder.
Estamos frente a aspirantes al fascismo que operan dentro de democracias: figuras que legitiman la violencia política, militarizan la vida pública, apelan a la xenofobia, y usan la mentira y la propaganda como piezas orgánicas del proyecto político».
En tu libro Del fascismo al populismo en la historia, mencionas que tanto el fascismo como el populismo tienen raíces profundas en la historia. ¿Qué aspectos los conectan más allá de las diferencias ideológicas?
Tras la caída de los fascismos clásicos después de 1945, el fascismo se volvió tóxico políticamente, pero no desapareció. En ese contexto, los populismos llegaron al poder primero en América Latina, planteando una tercera vía entre capitalismo y comunismo; pero, a diferencia del fascismo, intentando mantenerse dentro del marco democrático. Mientras el fascismo es dictadura, el populismo opera en democracia, aunque de forma autoritaria. Estos primeros populistas, como Perón o Vargas, rompieron con el modelo dictatorial para hacer política en democracia, creando democracias autoritarias. Sin embargo, en el siglo XXI, estamos viendo un retorno de elementos fascistas en los nuevos populismos de extrema derecha.
¿Qué une al fascismo y al populismo más allá de las diferencias?
Ambos comparten una ambición de hegemonía sobre la esfera pública y una apelación a las masas que sustituye el debate deliberativo por la movilización emocional. La diferencia histórica fue que el populismo del siglo XX buscó operar dentro de las reglas electorales; hoy, muchos populismos de derecha adoptan prácticas fascistas sin renunciar a elecciones, creando híbridos que combinan apariencia democrática con prácticas autoritarias.
Los populistas clásicos rechazaban elementos centrales del fascismo (violencia política, propaganda totalitaria, xenofobia extrema y dictadura), pero los nuevos populistas de derecha, como Trump o Milei, están incorporando estos elementos a su forma de hacer política».
Siempre hay un líder como una imagen de deidad que estos populismos representan. ¿Cuál es este magnetismo que ejercen sobre el pueblo, este culto irracional?
El personalismo existe en muchos movimientos políticos, pero en estos ámbitos se vincula con políticas autoritarias dentro de procesos democráticos. En mi último libro, Aspirantes a fascistas, analizo cómo estos nuevos líderes recuperan elementos del fascismo que siempre han sido de extrema derecha. El populismo implica un culto al líder donde la adhesión se basa en la fe y no en programas concretos, comportándose el líder como una figura religiosa. Los populistas clásicos rechazaban elementos centrales del fascismo (violencia política, propaganda totalitaria, xenofobia extrema y dictadura), pero los nuevos populistas de derecha, como Trump o Milei, están incorporando estos elementos a su forma de hacer política.
Mentira, posverdad y fascismo en la propaganda
En Breve historia de la mentira fascista, analizas cómo los populistas de derecha contemporáneos recurren a la mentira para consolidar su poder. ¿Cómo evalúas el impacto de la posverdad en la política contemporánea?
Aunque todos los políticos mienten, hay una diferencia fundamental: los políticos tradicionales saben que están mintiendo y no creen en sus propias mentiras, mientras que, en la lógica fascista y en estos nuevos populistas, el líder demanda fe religiosa, no comprobación racional. Tienen una concepción diferente de la verdad, no requiere demostración empírica sino fe, creando una «religión política». Esta distorsión de lo religioso llevada a la política resulta en una lógica donde el líder se identifica con el pueblo y la nación en una trinidad política. Quienes no creen en esta trinidad son presentados como «antipueblo» o «enemigos del pueblo», lo que genera una política del odio extremo.
¿Cómo crees que la manipulación de la verdad realizada por los líderes que mencionas se ha adaptado a las nuevas tecnologías de comunicación?
Se han adaptado muy bien a las nuevas tecnologías, así como los fascistas clásicos se adaptaron a la radio y al cine. Existe un desconocimiento de la historia por parte de estos líderes, como cuando Trump se fotografía en su avión creyendo que es el primero en hacerlo, ignorando que Hitler ya lo hacía. Hay una gran responsabilidad en por qué los ciudadanos eligen creer estas mentiras y que eventualmente pueden rechazar estas políticas cuando ven sus efectos negativos. También es notorio que estos líderes tienen éxito debido al fracaso de las políticas tradicionales, tanto de izquierda como de derecha.
Estos líderes tienen éxito debido al fracaso de las políticas tradicionales, tanto de izquierda como de derecha. Han fallado en vincular la lógica democrática con la lógica de la igualdad. En términos simples, la gente no está mejor luego de sus gobiernos».
¿Y en qué han fracasado?
Han fracasado en vincular la lógica democrática con la lógica de la igualdad. En términos simples, la gente no está mejor luego de sus gobiernos. Eso genera estas propuestas mesiánicas que en muchos casos resultan ser peores que los problemas que supuestamente venían a resolver.
Migración, xenofobia y la búsqueda de un enemigo
Por otro lado, un problema cada vez más relevante es el fenómeno de la migración. ¿El fascismo y la xenofobia están relacionados? ¿Cómo ves la relación entre estos elementos del populismo contemporáneo, especialmente en el contexto de la migración y el nacionalismo?
Depende del país, pues la lógica fundamental es buscar un enemigo al que culpar, pero este enemigo varía según el contexto. En algunos países son los inmigrantes; en otros, no. Lo que prevalece es la lógica de encontrar un chivo expiatorio.
[El espectáculo de la seguridad funciona políticamente] porque simplifica y produce una sensación de control: promete soluciones inmediatas ante miedos cotidianos, moviliza emociones que suelen primar sobre argumentos racionales.
Lo menciono por Trump, que ahora ha dicho que el dictador de Venezuela es el líder del cartel y que está llevando estos barcos de su armada.
Siempre está la lógica del espectáculo y la explotación de conflictos. En Argentina, por ejemplo, Milei no se centra tanto en los inmigrantes como enemigos principales, sino en una supuesta «izquierda» o política progresista que identifica con el comunismo, además de minorías sexuales que presenta como demoníacas.
¿Por qué el espectáculo de la seguridad funciona políticamente?
Porque simplifica y produce una sensación de control: promete soluciones inmediatas ante miedos cotidianos, moviliza emociones que suelen primar sobre argumentos racionales.
Por qué gana el fascismo: fracasos de la política tradicional
¿En qué han fallado las políticas convencionales?
En no vincular democracia con igualdad. Muchas promesas no se cumplieron y la percepción de estancamiento económico y social abre espacio a relatos mesiánicos. Los aspirantes capitalizan esa frustración ofreciendo atajos prometidos con retórica simplificadora; cuando estas expectativas se frustran, la erosión institucional se acelera.
El discurso de la antipolítica resulta convincente al prometer soluciones mesiánicas a supuestos apocalipsis, mientras las alternativas tradicionales han fracasado por corrupción o incompetencia».
Ha habido fracasos, tanto de izquierda como de derecha, ¿por qué la gente elige estas corrientes autoritarias cuando ya sabemos que el fascismo no funciona?
No son mayorías absolutas sino ajustadas (como Trump ganando por un punto). Hay mucha gente que se identifica con estos líderes autoritarios y machistas, ven como positivos rasgos que otros consideran negativos. El perfil demográfico varía según el país: en Brasil y Argentina, son sectores más jóvenes; mientras que en Estados Unidos, son personas mayores. En varios contextos, se observa una sobrerrepresentación de hombres con actitudes autoritarias. La clave es que explotan resentimientos y frustraciones sociales diversas. El discurso de la antipolítica resulta convincente al prometer soluciones mesiánicas a supuestos apocalipsis, mientras las alternativas tradicionales han fracasado por corrupción o incompetencia.
Instituciones y respuestas: qué funciona
¿Qué lecciones históricas del fascismo y del populismo son relevantes para América Latina en la actualidad? Muchos países estamos entrando a elecciones en esta región.
Bueno, todos son importantes, ¿no? Estamos viviendo un momento de mucho cambio y es importante hablar de estos temas para pensar en lo problemático de este tipo de cambios, donde lo antidemocrático y la intolerancia son parte del día a día. Se normalizan los extremos y lo que antes era ajeno a la cultura política de una democracia.
¿Qué medidas concretas recomiendas para contrarrestar estas tendencias?
Defender la autonomía universitaria, establecer protocolos institucionales de protección, fortalecer redes académicas regionales para documentar abusos, crear observatorios de libertad académica y lanzar programas de verificación en colaboración con facultades de comunicación. Además, campañas sostenidas de educación cívica que vinculen democracia con justicia social. La experiencia demuestra que la movilización ciudadana y la prensa independiente han revertido políticas autoritarias cuando actúan en conjunto.



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