En los más de 50 años que estuvo vinculada y muy activa en nuestra Universidad, la Dra. Beatriz Mauchi se abocó a formar de manera integral a alumnos y docentes. “Su ocupación principal fue enseñar y enseñar a enseñar, pues fue maestra de muchas generaciones de la Universidad”, menciona el Dr. Francisco Hernández, jefe del Departamento de Humanidades.
En su trayectoria profesional, destaca haber sido una de las primeras decanas de Estudios Generales Letras, profesora principal del Departamento de Humanidades en la Sección de Lingüística y Literatura y, en sus últimos años, coordinadora de los Estudios de Lengua en Estudios Generales Ciencias. Precisamente, para esta unidad académica, coescribió valiosos libros de consulta como Redacción y comunicación: material de trabajo.
Disciplinada y generosa
En nuestra Universidad, Beatriz Mauchi estudió Educación Secundaria en la Especialidad de Lingüística y Literatura. Posteriormente, llevó también el Doctorado en Educación, en una época en que aún no era muy común que las mujeres tuvieran la oportunidad de seguir estudios superiores.
Ya en su carrera como docente, muchos señalan que era una profesora recta, disciplinada y que estaba convencida de que nada ni nadie estaba por sobre las normas. “Pero, a la vez, fue una persona muy generosa y gran consejera. Una formadora de alumnos y profesores, tanto dentro como fuera de las aulas”, menciona Hernández.
A sus más 90 años, Mauchi continuaba trabajando, esta vez enfocada en Estudios Generales Ciencias. Su vocación de docente y dedicación para que la PUCP sea cada vez mejor las ejerció siempre. Su partida, este jueves 1 de julio, nos deja un gran vacío. Honremos su memoria continuando el gran legado que dejó en la PUCP.
Testimonios
A Mauchi no le importaba ni buscaba especialmente las condecoraciones o premios. “Era la persona que hacía que la maquinaria funcione en silencio y sin hacerse autobombo. Más bien le interesaba que sus estudiantes brillen”, dice Hernández. Sin duda, el mayor reconocimiento es el que le dan los innumerables alumnos y colegas que la recuerdan con mucha gratitud. Aquí, algunos testimonios.
Tuve la suerte y el privilegio de trabajar directamente con Beatriz en Estudios Generales Letras cuando, como decana, me invitó a que asumiera la Dirección de Estudios. En el trabajo, era cumplidísima y estricta, pero al mismo tiempo muy bondadosa y comprensiva. Su identificación con la PUCP era plena. Gran conversadora y muy perspicaz consejera, nos deja una persona que vivió plenamente el ‘espíritu de la casa’”.
Nunca nadie logró llegar antes a la Universidad que ella. A pesar de su fama como mujer dura, realmente era un ser entrañable, muy trabajadora, y capaz de tener mucha empatía y solidaridad. Recuerdo que ella se entusiasmó mucho y me aconsejaba cuando yo me convertí en la primera mujer jefa del D.A. de Humanidades y la primera vicerrectora. Asimismo, me acompañó y resondró con cariño cuando enviudé, diciéndome que ya habían pasado varios meses y que se extrañaba a la Pepi sonriente. Siento que el Departamento de Humanidades nunca va a ser el mismo sin cruzarme con ella por los pasillos. La voy a extrañar mucho».
Conocí a la profesora Mauchi cuando fue mi decana, en los tiempos de los apagones y las torres derrumbadas. Una mujer entrañable, a la que temíamos al ingresar a Estudios Generales Letras por su fama de estricta y que, luego, una descubría que se trataba de una de las pocas profesoras en aquella época que escuchaba de verdad, que nos reconocía y valoraba. Mis condolencias a su familia. Te vamos a extrañar. Ya no será lo mismo».
Se nos ha ido una gran persona. Aprendí a querer poco a poco a Beatriz, la persona detrás de la estricta profesora. De la distancia inicial pasé a la confianza y la amistad. La palabra seria cedió el paso a una cálida y considerada. Beatriz nunca dejó de ser una docente exigente y dedicada, pero era además una persona generosa en su consideración hacia las personas, honesta como pocos, directa y con un gran corazón. Voy a extrañarla mucho».
“Aquí, al pie del cañón” es una frase que me hará recordar siempre a mi querida maestra, colega y, sobre todo, amiga Beatriz. Sin lugar a dudas, la docencia era su vocación. La PUCP era su casa, adonde llegaba, casi de madrugada, todos los días. La sección de Lingüística está de luto. Vivirás siempre en nuestros recuerdos y corazones. Descansa en paz, Beatriz querida. Tus amigos te echaremos de menos.
Es terrible pensar en llegar en algún momento al campus de la PUCP y no encontrar a la amiga en quien reconocíamos y apreciábamos, sobre todo, su inmensa generosidad en el compromiso y entrega con su vocación docente y científica y, tanto o más, con sus amigos. La serena rigurosidad en sus principios personales y en su fe, la generosidad y entrega. Estos valores resumen toda su vida en la PUCP.







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