Esta obra fue pensada como un retablo y forma parte de una serie de cinco cuadros en los que se representa la pasión de Cristo. Según la doctora Cécile Michaud, Rembrandt quiso representar a Cristo de una manera más humana, más frágil y más cercano a nosotros. La concentración de luz en el centro del cuadro, muestra la genialidad del artista con el claro oscuro.


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