Soy agustino, como él. Nos conocimos en el Perú un tiempo antes de que se convirtiera en Papa. Hemos estado en varias reuniones juntos y después en la Conferencia Episcopal Peruana. León XIV es un hombre prudente. No se caracteriza por hacer declaraciones explosivas ni por tomar decisiones rápidas. Pero sí creo que tiene las cosas claras.
Me parece que en su primera encíclica, Magnífica Humanitas, lo que ha hecho es poner sobre la mesa un debate que es fundamental y eso lo ha llevado a ser un líder mundial importante, sobre todo ahora que no los tenemos o que los que existen no respetan los acuerdos internacionales. Entonces, el Santo Padre se ha convertido en una voz de esperanza mucho más allá de la Iglesia. Su insistencia en la comunión y en la sinodalidad es el camino adecuado y correcto. Sin embargo, también tiene muchas resistencias por parte de algunos miembros de la Iglesia.
Todos los pasos que ha dado hasta el momento precisamente perfilan quién es León XIV, que cuando tiene que tomar decisiones, pues, las toma. Esa es la contribución de la Orden de San Agustín a la gran Iglesia.
Espero a León XIV con alegría, sobre todo en Pucallpa, en la selva, en todo el Perú. ¿Cómo debemos prepararnos? Pues con el corazón.
Así como he rezado todos los días por los anteriores Papas, rezo por él y rezaré por el siguiente. Para el Perú, yo creo que esta visita va a ser peculiar en el sentido de que muchos vamos a estar atentos a lo que él diga. Él se va a encontrar con su corazón, porque va a reunirse con personas concretas que han sido importantes en su vida, que él ha estado acompañando de diversas maneras. Espero a León XIV con alegría, sobre todo en Pucallpa, en la selva, en todo el Perú.
¿Cómo debemos prepararnos? Pues con el corazón. Ya el cardenal Carlos Castillo hace un tiempo nos dijo que una buena preparación para la llegada de León XIV sería abolir las leyes procrimen. Yo creo que eso sería perfecto. Hay que avanzar en eso, y también en escucharnos unos a otros, y en buscar el bien común, como lo han predicado siempre los Papas Francisco y, hoy, León XIV.
No obstante, lo que está ocurriendo ahora es que los intereses particulares están por encima del bien común. Entonces, todo lo que hagamos al servicio del bien común y de la democracia será una buena manera de preparar la visita del Papa, sin olvidarnos del corazón, que es fundamental para que los cambios que se produzcan sean consistentes y duraderos.



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