Sala Cuna: un espacio para aprender y crecer para niños y niñas de la comunidad PUCP
La filosofía Reggio Emilia es la que se trabaja en la Sala Cuna PUCP. En ella, el niño o la niña ocupa el centro del proceso y la maestra actúa como guía.
A 10 años de su reestructuración, el servicio atiende a menores de tres años, hijos e hijas de estudiantes, profesores y personal administrativo de nuestra Universidad. Entre sus fines está priorizar el vínculo afectivo antes que el aprendizaje académico.
Texto:Eduardo Dávila Lynch
Fotos:Archivo / John Reyes
23.09.2026
La Sala Cuna PUCP recibe cada mañana a 38 niños y niñas menores de tres años. Son hijos e hijas de estudiantes, docentes y personal administrativo de la PUCP. El espacio funciona de lunes a viernes, de febrero a diciembre, y es, además, el único servicio de este tipo entre las universidades privadas del país. Mayda Girón, coordinadora de este espacio, destaca ese beneficio y afirma que detrás de esa singularidad hay una apuesta pedagógica concreta: que el niño o niña construya su propio aprendizaje mientras la Universidad acompaña a las familias que lo hacen posible.
El espacio funciona de lunes a viernes, de febrero a diciembre, y es, además, el único servicio de este tipo entre las universidades privadas del país.
La filosofía Reggio Emilia: el niño como protagonista
La metodología aplicada en la Sala Cuna PUCP se basa en la filosofía Reggio Emilia. En ella, el niño ocupa el centro del proceso y la maestra actúa como guía. Girón explica el mecanismo con un ejemplo cotidiano: “Si al niño le gusta trabajar con cajas, preparamos el ambiente con cajas. Por ahí de repente salió una pelota, entonces las profesoras ven que fue de su interés, y trabajamos ahora un ambiente con cajas y pelotas”. Las maestras documentan estas observaciones con fotos y videos, y así diseñan cada experiencia de aprendizaje.
Antes que los colores o los números, en la Sala Cuna PUCP, se prioriza el vínculo. “Para nosotros, lo cognitivo viene después de lo emocional. El niño primero tiene que trabajar el contacto con sus padres, el saber relacionarse con los otros, tener una socialización adecuada”, afirma Girón. Esa prioridad se refleja en la organización del equipo. Los 38 niños y niñas se distribuyen en cuatro secciones, según tramos de seis meses de edad. La proporción es de tres profesoras por cada siete u ocho niños, muy por encima del estándar habitual de dos profesoras por cada diez o quince.
Para nosotros, lo cognitivo viene después de lo emocional. El niño primero tiene que trabajar el contacto con sus padres, el saber relacionarse con los otros, tener una socialización adecuada”.
Este enfoque pedagógico no estuvo desde el inicio. La remodelación de la infraestructura abrió la puerta a un cambio de perfil. Girón, licenciada en Educación Inicial por la PUCP, postuló para liderar el cambio e impulsó un convenio con la Facultad de Educación para que egresadas y practicantes de esa carrera se incorporaran al equipo. Hoy, casi la totalidad del personal proviene de esa facultad.
Un eficaz trabajo con las familias
El ingreso a la Sala Cuna PUCP respeta el ritmo de cada niño. Durante la primera semana, los padres o madres permanecen en el aula junto a sus hijos, mientras las maestras observan sus hábitos y su nivel de tranquilidad. “El padre viene, está aquí todos los días de la primera semana de adaptación hasta que al niño lo veamos bien, que se ha adaptado bien”, explica Girón. Ese proceso puede tomar entre una y dos semanas, según cada caso.
La familia es el punto clave que nos va a dar pie para trabajar, porque nos interesa que el niño esté en un ambiente donde se pueda desenvolver social y emocionalmente».
Las familias acompañan la adaptación y, además, participan durante todo el año. El equipo realiza entrevistas individuales para detectar dificultades emocionales, sociales o de lenguaje, y trabaja de la mano con los padres para fijar objetivos comunes. “Nosotros indagamos con los padres, porque la raíz está en la familia. La familia es el punto clave que nos va a dar pie para trabajar, porque nos interesa que el niño esté en un ambiente donde se pueda desenvolver social y emocionalmente”, sostiene Girón.
El acceso al servicio también depende de un modelo de subvención diferenciado. La Universidad cubre el costo completo para los hijos e hijas de estudiantes de pregrado. Docentes y personal administrativo, nombrados a tiempo completo, acceden a un apoyo del 30%, 50% u 80%, según una evaluación socioeconómica confidencial.
Cómo se accede a una vacante en la Sala Cuna PUCP
El acceso a la Sala Cuna PUCP está normado por un lineamiento oficial de la Dirección de Gestión del Talento Humano. El servicio puede ser solicitado por estudiantes de pregrado matriculados en, al menos, 12 créditos. También pueden acceder los docentes nombrados o contratados a tiempo completo y el personal administrativo nombrado a tiempo completo. Todos deben desarrollar actividades en el campus Pando. Las vacantes se asignan primero a los estudiantes, luego a los docentes y, por último, al personal administrativo hasta completar la capacidad máxima del año. El proceso de admisión se realiza una vez al año. Está a cargo de un Comité de Asignación de Vacantes, que evalúa la situación socioeconómica familiar de cada solicitante.
El mismo lineamiento precisa el esquema de subvención por tramos de ingreso familiar. Los estudiantes reciben el servicio de forma gratuita. Docentes y personal administrativo acceden a un descuento según sus ingresos familiares: 80% para quienes ganan hasta S/ 3,000 mensuales y 70% hasta S/5,000. Si ganan entre S/5,001 y S/10,000, corresponde 50% y para ingresos mayores a S/10,001, el 30%. El servicio atiende de lunes a viernes, de 7:50 a.m. a 6 p.m. y no opera durante los periodos vacacionales. Cada familia asume la alimentación diaria de los niños y niñas. Además, debe garantizar que un apoderado esté disponible en el campus ante cualquier urgencia.
Para conocer más sobre los requisitos, lineamientos y el proceso de postulación, haz clic aquí.
Lo que la Sala Cuna significa para las familias PUCP
Angela López, responsable de Grados y Títulos en la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación, conoció la Sala Cuna PUCP como madre primeriza en un momento de incertidumbre. “Contar con la Sala Cuna PUCP ha sido una gran ayuda y, sobre todo, una gran tranquilidad para mí y mi familia. Como madre primeriza, al inicio es difícil separarse del bebé, especialmente cuando es tan pequeño”, recuerda. La visita a las instalaciones y la orientación de la coordinadora de la Sala Cuna le dieron la tranquilidad que necesitaba.
Con los meses, López notó cambios en su hija. «Ha sido una experiencia muy gratificante para ella y también para mí, porque he podido verla crecer y desarrollar nuevas habilidades. En la sala cuna ha aprendido a seguir rutinas, a compartir, a respetar acuerdos con sus compañeros», cuenta. Para ella, ver a su hija llegar contenta cada mañana es, en sí mismo, una señal de que el servicio cumple su propósito.
Contar con la Sala Cuna PUCP ha sido una gran ayuda y, sobre todo, una gran tranquilidad para mí y mi familia. Como madre primeriza, al inicio es difícil separarse del bebé, especialmente cuando es tan pequeño”.
La experiencia de López también incluye el uso de los lactarios de la PUCP, ambientes privados destinados a la extracción y conservación de leche materna. La Universidad cuenta con seis de estos espacios, repartidos entre el campus PUCP, Centrum, Idiomas y NOS. “Tanto la Sala Cuna como los lactarios han sido un apoyo muy valioso para conciliar mi maternidad con mi trabajo”, señala López.
La tranquilidad que describe López también la reconoce Carlos Rojas Starke, padre de una niña que este año concluye su etapa en la Sala Cuna. Para él, encontrar un servicio de cuidado infantil confiable no siempre es sencillo. “En el Perú, es difícil encontrar un cuidado infantil completo y confiable, pues muchos centros se enfocan más en el negocio que en la vocación y el cariño que los niños necesitan. Como padre, no es fácil confiar, pero la Sala Cuna PUCP me da total tranquilidad”, explica.
La Sala Cuna me permite trabajar enfocado sabiendo que, ante cualquier eventualidad, puedo llegar en minutos. Esta cercanía me ha ayudado a ejercer mi paternidad de manera activa».
Rojas destaca especialmente el vínculo que su hija ha construido con las profesoras del servicio. Con el tiempo, dice haber visto avances concretos: mejoras en su motricidad, en su lenguaje y en su independencia, además de una relación más fluida con otros niños. Lo que más valora, sin embargo, es el método de trabajo de la Sala Cuna, inspirado en el enfoque Reggio Emilia, y basado en el juego y la exploración. “La Sala Cuna me permite trabajar enfocado sabiendo que, ante cualquier eventualidad, puedo llegar en minutos. Esta cercanía me ha ayudado a ejercer mi paternidad de manera activa”, señala.
Diez años después de su reestructuración, la Sala Cuna PUCP sigue siendo, para Girón, un espacio construido sobre todo desde el vínculo. “Aquí a mí me preocupa mucho que todo mi personal esté bien, esté contento, que haya un bonito clima institucional para nosotros poder irradiar esa tranquilidad y esa empatía a nuestros niños”, reflexiona la coordinadora. Es una lógica que las cifras del servicio no alcanzan a explicar del todo. Ahí están los números: 38 niños, 15 personas a cargo, casi una década de trabajo con la Facultad de Educación. Testimonios como el de Angela López la confirman desde la experiencia cotidiana de una familia universitaria.
Es coordinadora de la Sala Cuna de nuestra Universidad, servicio vinculado a la Dirección de Gestión del Talento Humano (DGTH). Su labor se orienta al bienestar laboral y al desarrollo infantil, mediante la gestión de un entorno seguro que brinda cuidado integral a los hijos de los trabajadores de la comunidad universitaria. Asimismo, promueve iniciativas […]
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