Las humanidades digitales fueron el eje temático sobre el que giró la visita de la investigadora argentina Gimena del Río a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). La ocasión sirvió para que ella participara en una serie de actividades académicas dirigidas a estudiantes y docentes. Su presencia permitió abrir un espacio de discusión sobre el uso crítico de la tecnología en las humanidades, así como los desafíos actuales en torno a la producción y circulación del conocimiento.
A partir de su experiencia como medievalista y especialista en tecnología aplicada a las humanidades, Del Río compartió una mirada amplia sobre el campo: sus orígenes, sus tensiones conceptuales y la necesidad de pensar su desarrollo desde América Latina. Ella reflexionó sobre el sentido de las humanidades digitales, el acceso abierto y el impacto de la inteligencia artificial en la investigación.
Humanidades digitales: más que herramientas
¿Cómo fue su ingreso al campo de las humanidades digitales?
Mi formación inicial es como medievalista. Durante mi doctorado, entre los años 2003 y 2004, encontré en Internet bases de datos que cambiaron completamente mi forma de investigar. Estaba trabajando con un cancionero medieval, y descubrí proyectos europeos que analizaban patrones métricos y de rima en poesía. Eso me impactó profundamente, porque mostraba cómo la tecnología podía ampliar las preguntas de investigación. A partir de ahí empecé a colaborar con bibliotecarios, participar en proyectos de digitalización y trabajar con datos de manera más sistemática.
No se trata de aplicar análisis de datos sin más, sino de trabajar con preguntas, métodos y objetos propios de estas disciplinas. Si no hay una reflexión sobre esto, lo que se hace no es humanidades digitales, sino otra cosa».
¿Qué la llevó a involucrarse más activamente en estos proyectos?
Fue un proceso bastante natural. Durante los veranos trabajaba en Galicia y aprovechaba para involucrarme en proyectos vinculados a la lírica gallego-portuguesa. Me interesaba entender cómo funcionaban las herramientas, así que constantemente preguntaba a los informáticos sobre los procesos técnicos. Esa curiosidad fue clave, porque me permitió no quedarme solo en el uso de herramientas, sino comprender cómo se construyen y qué implican para la investigación en humanidades.
¿Cómo definiría hoy las humanidades digitales?
Hay una gran confusión. Muchas veces se piensa que son simplemente herramientas tecnológicas aplicadas a cualquier campo, pero eso es un error. Las humanidades digitales requieren primero entender qué son las humanidades. No se trata de aplicar análisis de datos sin más, sino de trabajar con preguntas, métodos y objetos propios de estas disciplinas. Si no hay una reflexión sobre esto, lo que se hace no es humanidades digitales, sino otra cosa.
Aplicación de las humanidades digitales en la región
¿Por qué es importante pensar las humanidades digitales desde América Latina?
Porque nuestros contextos son distintos. No podemos replicar modelos europeos o estadounidenses sin más. En América Latina, tenemos problemas de conectividad, desigualdad y acceso a recursos. Hay familias donde varios estudiantes comparten una sola computadora. Eso condiciona el tipo de herramientas que podemos usar y las metodologías que desarrollamos. Por eso, es fundamental trabajar con software libre y pensar soluciones adaptadas a nuestras realidades
¿Cómo influye esto en la formación académica?
Influye mucho. No se trata solo de enseñar herramientas, sino de formar una mirada crítica. Los estudiantes deben entender que las decisiones tecnológicas tienen implicancias sociales y políticas. Además, es importante fomentar el trabajo colaborativo, porque muchos proyectos en humanidades digitales requieren equipos interdisciplinarios. Esa dimensión colectiva es clave para el desarrollo del campo en la región.
El acceso abierto permite que el conocimiento circule sin barreras y que otros investigadores puedan reutilizar datos».
¿Qué papel juega el acceso abierto en este contexto?
En América Latina, tenemos una tradición muy fuerte de publicaciones no comerciales en humanidades y ciencias sociales. Eso es un valor enorme. El acceso abierto permite que el conocimiento circule sin barreras y que otros investigadores puedan reutilizar datos. En mi caso, he liberado datos sobre crónicas de viajes de los siglos XVII y XVIII, y eso permite que otros continúen investigando a partir de ese trabajo.
Integridad académica y tecnología
¿Qué desafíos plantea la inteligencia artificial para la investigación académica?
Son muchos. Uno de los problemas es el uso indebido de herramientas sin una revisión crítica. Por ejemplo, hay casos de revisores que utilizan inteligencia artificial para evaluar artículos, pero no leen los textos. Eso afecta la calidad del proceso académico. También está el crecimiento de editoriales predatorias, que cobran por publicar rápidamente sin garantizar estándares adecuados.
Uno de los problemas es el uso indebido de herramientas sin una revisión crítica. Por ejemplo, hay casos de revisores que utilizan inteligencia artificial para evaluar artículos, pero no leen los textos».
¿Cómo afecta esto a la producción de conocimiento?
Genera una presión adicional sobre los investigadores. Hay una sobrecarga de trabajo que, en algunos casos, lleva a malas prácticas. Además, la inteligencia artificial está siendo utilizada por empresas para explotar contenidos de acceso abierto y desarrollar modelos comerciales. Eso plantea preguntas importantes sobre la sostenibilidad de proyectos como Wikipedia y sobre el uso ético de los datos.
¿Qué se puede hacer frente a estos desafíos?
Lo primero es fortalecer la formación en integridad académica. Los investigadores deben ser conscientes de cómo utilizan las herramientas y de las implicancias de sus decisiones. También es importante sostener iniciativas, como el DOAJ (Directory of Open Access Journals), que ayudan a filtrar publicaciones confiables. Y, sobre todo, mantener una actitud crítica frente a la tecnología.
Un futuro de oportunidades
¿Cómo ve el futuro de las humanidades digitales?
Creo que el futuro depende más de las decisiones que tomemos que de la tecnología en sí misma. Muchas veces, se pone el foco en las herramientas, pero lo importante es cómo las usamos y para qué. Las humanidades digitales tienen el potencial de abrir nuevas formas de investigación, pero eso requiere una reflexión constante sobre nuestras prácticas. No es un campo cerrado, está en construcción, y eso también implica asumir cierta incertidumbre.
¿Qué lugar ocupa la experimentación en este campo?
Es fundamental. Hay que animarse a probar, incluso sabiendo que algunas cosas no van a funcionar. La experimentación permite encontrar caminos nuevos y entender mejor los límites de las herramientas. En humanidades digitales, no todo está resuelto y eso es una oportunidad. El error también forma parte del proceso de aprendizaje y de producción de conocimiento.
Las humanidades digitales tienen el potencial de abrir nuevas formas de investigación, pero eso requiere una reflexión constante sobre nuestras prácticas. No es un campo cerrado, está en construcción, y eso también implica asumir cierta incertidumbre».
¿Qué nuevas áreas o cruces le parecen más prometedores?
Hay varios. Uno que me interesa especialmente es el de las humanidades digitales médicas, donde se cruzan datos, narrativas y prácticas de salud. También hay mucho por hacer en términos de preservación de datos y sostenibilidad de proyectos. En general, creo que el futuro está en los cruces interdisciplinarios, siempre que se mantenga una base sólida en las humanidades.

Humanidades digitales para reconstruir la memoria de Zoila Aurora Cáceres
El proyecto liderado por Ainaí Morales y Mónica Arakaki propone una relectura profunda del archivo personal de una de las precursoras del feminismo en el Perú, Zoila Aurora Cáceres, gracias a herramientas de humanidades digitales. Se trata de un trabajo interdisciplinario que busca transformar un conjunto heterogéneo de documentos —que incluye cartas, fotografías, recortes de prensa y objetos personales— en un corpus organizado, accesible y analizable para investigadores. Este álbum, que reúne materiales producidos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, permite reconstruir redes intelectuales, políticas y culturales desde una perspectiva poco explorada en la historiografía peruana.
En ese proceso, el equipo ha desarrollado un dataset que sistematiza y estandariza la información contenida en el archivo, convirtiendo datos no estructurados en datos estructurados bajo estándares técnicos que facilitan su consulta. A partir de allí, se trabaja con herramientas de minería de textos, transcripción automatizada, y modelos de visualización que permiten mapear las trayectorias intelectuales de la autora y sus vínculos internacionales. Morales lo explica así: “Nuestro proyecto se enfoca en trabajar el álbum de Zoila Aurora Cáceres (hija de Andrés Avelino Cáceres), que es un documento muy complejo y heterogéneo que reúne artículos de prensa, correspondencias, fotografías y distintos materiales vinculados con sus redes intelectuales y políticas”, lo que evidencia el potencial del archivo como fuente para nuevas investigaciones.
El proyecto, iniciado en 2024 con financiamiento CAP y en colaboración con Mónica Arakaki, también incorpora procesos de transcripción paleográfica y traducción de documentos en varios idiomas, lo que amplía su alcance y complejidad. Más allá de la organización del material, el objetivo es cuestionar los sesgos tradicionales en la producción de conocimiento, especialmente aquellos que han relegado voces femeninas o periféricas. En ese sentido, esta iniciativa recupera a una figura clave como Cáceres y propone nuevas formas de entender la historia cultural del Perú, integrando tecnología, archivo y crítica desde una perspectiva situada en América Latina.
La visita de Gimena del Río a la PUCP deja una idea clara: el desarrollo de las humanidades digitales depende menos de la tecnología que de las decisiones humanas. En un contexto marcado por cambios acelerados, su llamado a pensar críticamente el uso de herramientas digitales y a construir enfoques situados en América Latina resulta especialmente relevante. En esa línea, el desafío no es solo innovar, sino hacerlo con sentido, responsabilidad y apertura al trabajo colectivo.



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